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Maxim Ross: Una doctrina para la economía no petrolera

El sector no petrolero se contrajo 5% entre enero y marzo

 

Estas notas no intentan demostrar un desdén por la economía del petróleo porque, además de que sabemos que tenemos el recurso para rato y se seguirá produciendo y vendiendo, esta ha sido la que ha dominado en nuestra economía en los últimos 100 años de explotación del crudo y, por ende, en el pensamiento económico venezolano. Desde ese punto de partida la doctrina económica de Venezuela siempre fue doctrina petrolera.

 

LA DOCTRINA PETROLERA

 

La política económica venezolana se concentró desde sus principios en conformar la opinión sobre las tesis tributarias, el reparto entre las compañías internacionales y la República, el manejo de la regalía petrolera, la discusión sobre la propiedad del recurso, decidiendo asignarla al Estado venezolano. Luego, la política de conservación de la producción para garantizar buenos precios del crudo, la creación y la asociación con la OPEP, la nacionalización o estatización de la industria y la constitución de PDVSA, los va y vienen de auges y crisis, el tema del “rentismo”, el fisco y el financiamiento petrolero, la consecutiva y consistente devaluación del bolívar, hasta llegar a momentos emblemáticos de la vida venezolana como el famoso “Viernes Negro”.

 

Como se puede constatar, nos hemos ocupado del petróleo y puede decirse que se ha conformado un patrón de doctrina que se impuso a lo largo de la historia venezolana, la Doctrina Petrolera, pero no hemos construido una doctrina alternativa para la economía no petrolera y, la razón de ser de esta visión dominante es que su explotación continúa y continuará siendo el centro de gravedad de la realidad venezolana, a juzgar por los anuncios y propuestas que se perciben en la opinión pública.

 

DE NUEVO EL ESQUEMA PETROLERO

 

En efecto, las versiones que hemos recogido de profesionales especializados en el tema y de las entidades políticas que tienen doctrina involucrada sobre el presente y futuro de la industria, el Gobierno y la oposición han manifestado opiniones muy similares en el sentido de que Venezuela, no solo debe reconstruirla, sino que debe avanzar en una estrategia que coloque su explotación como su principal, y casi única estrategia de política económica.

 

El Gobierno por su parte ha reiterado el planteamiento de que Venezuela cuenta con las mayores reservas de petróleo del hemisferio e, inclusive, ha declarado que estas han aumentado recientemente en un 30% y asi las ofrece a la inversión internacional especializada.  La oposición, encabezada por la opinión del grupo que lidera María Corina Machado, ha puesto el énfasis de su propuesta en la idea de convertirla en el “Hub energético del hemisferio”, de tal forma que ambas entidades políticas coinciden en esta direccionalidad económica para Venezuela.

 

Numerosos estudiosos del área han defendido esta perspectiva con argumentos muy consistentes, desde luego fundamentados en la evidente comprobación de que Venezuela posee las reservas que se han mencionado, y ahora con la nueva realidad política, los Estados Unidos han puesto en el desarrollo petrolero el futuro de Venezuela.

 

El hecho es que, si bien esta es una realidad inobjetable, con grandes beneficios económicos en el corto y mediano plazo, ha de examinarse concienzudamente si solo tiene esa virtud o si, dada la experiencia, al menos la venezolana, no tiene riesgos e implicaciones dignos de ser considerados y si, en lugar de super especializar el país otra vez en el solo recurso petrolero, convendría estudiar un esquema más equilibrado entre ambas economías, en el que, por un lado se conserve la explotación del recurso, pero se atenúen o reduzcan los riesgos que implica y, por el otro, se potencie la Economía No Petrolera, por ejemplo, diseñando proyectos petroleros que permitan la participación del sector privado venezolano en la industria (1).

 

Este documento va en la dirección de propiciar un debate sobre la influencia de estas decisiones en el presente y futuro de Venezuela, en especial, como se indica inmediatamente, en que ese desbalance ha disminuido y socavado el resto de la economía venezolana. Para comenzar una demostración palpable es que nunca tuvimos una Doctrina No Petrolera equivalente a la que tuvimos y tenemos sobre el petróleo.

 

(1):  Estaría demás añadir aquí el argumento del significado de mantener al Estado como único propietario de la Industria y del cómo ello ha subordinado y discriminado el desarrollo de la economía No Petrolera.

 

UNA INCIPIENTE DOCTRINA NO PETROLERA

 

Quizás pueda argumentarse que sus primeros defensores fueron Arturo Uslar Pietri y Alberto Adriani al acuñar la famosa frase de “Sembrar el Petróleo” con la intención de alertar sobre los peligros que entrañaba el inicio de esa actividad en Venezuela para los sectores tradicionales, en aquel caso la agricultura y el comercio, sentando las bases de lo que podría entenderse por una “doctrina económica no petrolera”, pero se sabe muy bien que ese planteamiento sucumbió ante el súbito y fuerte impacto del descubrimiento y explotación del recurso. Podría decirse que, desde ese momento, una “doctrina” de ese carácter no ha sido concebida.

 

Posteriormente existen evidencias de querer desarrollar una manera de enfocar el resto de la economía, pero sin alcanzar aquel rango. Los intentos iniciales se ubican en los primeros años de la democracia, acogiendo el planteamiento de la CEPAL del esquema de “sustitución de importaciones” con el cual se iniciaban los planes de industrialización en América Latina, a los que se adhiere Venezuela. A ello se añade el concepto de “Plan de la Nación”, muy en boga en esa etapa, con lo que el Estado se convierte en el “gran conductor” de la política económica, con una clara adversidad hacia la economía de mercado, llámese al capitalismo.

 

Aquellas tareas la asumen la economía no petrolera y el sector privado, quedando asi muy clara la división del trabajo entre el Estado y ese sector. A partir de allí esta división se mantuvo hasta la sustitución de los bienes intermedios, actividad que conformó la economía no petrolera, constituida por las empresas básicas del Estado (SIDOR, VENALUM, etc.) y la industria subsidiaria de ellas asumida por el sector privado. Luego, se procura que se constituya como actividad exportadora con las políticas de incentivos y financiamiento a las llamadas “exportaciones no tradicionales”, las que nunca pudieron sustituir al petróleo en su principal rol, y casi único, de generador de divisas extranjeras. Hasta allí se podría hablar de una “doctrina”. Ahora bien, resulta ser que el principal componente del Producto Interno Bruto, es la economía no petrolera y, dentro de ella, la participación del sector privado.

 

LA ECONOMIA NO PETROLERA

 

Algunas cifras pueden ilustrar la relevancia del sector no petrolero y, dentro de él, de la economia privada, bajo la circunstancia de que, como se acaba de indicar, ocupa la parte más importante del PIB, cerca de un 70 a 80%, dependiendo de la época, lo cual quiere decir que una mayor proporción de la producción agrícola e industrial proviene de esas actividades. A título de ejemplo indicamos que entre los años 1997-1999, el que tomamos como emblemático por los cambios políticos que luego sucedieron, la actividad no petrolera representaba el 70% del PIB.

Ya para los años 2015 y 2018, con toda la evolución política ocurrida, registraba un peso del orden de un 89/90%.  Desde el punto de vista de oferta y demanda global los datos son de la misma proporción, aun cuando el consumo final privado representaba cerca de un 55/60 del total, revelando la importancia de la economía no petrolera. Con respecto al factor laboral ocupaba el 99% de la fuerza laboral. Si se excluyen de esta las actividades “no formales”, el sector formal de la economía no petrolera ocupaba el 70% del total, con lo cual puede evidenciarse la gran importancia de estas actividades.

 

En ese componente, una parte importante fue siempre propiedad del Estado, dado su carácter de industrias intermedias, y por ello el calificativo que se empleó para definirlas de “sectores estratégicos o empresas básicas”, quedando el resto en manos del sector privado. La doctrina de la economía no petrolera llegó hasta aquellas definiciones, pero sin constituirse en una que revelara su gran importancia e impacto en la economía y la vida de los venezolanos, siendo la gran proveedora de bienes agrícolas, alimenticios e industriales, del comercio y los servicios. (2)  Indispensable es, entonces, identificar sus principales componentes y actividades para esbozar una doctrina que tenga en cuenta su calificación institucional, pues en ella conviven entidades de carácter público y privado y ello, muy seguramente, requiere de enfoques y tratamientos distintos.

 

(2):  Excepto casos como CEDICE, o Proyecto Roraima, orientados hacia el sector privado y que nunca fueron acogidos plenamente, ni siquiera por ese sector.

 

¿QUIENES CONFORMAN LA ECONOMIA NO PETROLERA?

 

Una buena aproximación a los principales integrantes del sector público y que ilustran su peso y tamaño proviene de las empresas de propiedad pública que se ocupan de servicios vitales: electricidad y agua (Corpoelec, Hidrocapital) y aseo urbano, una empresa privada (Fospuca). Luego está todo el sistema de seguridad social, de salud pública y de educación que viene siendo de la potestad del Estado y que no sería objeto de este análisis. (3)

 

Eso, por una parte,  ya da la dimensión del problema No petrolero, a lo que se agrega todo lo que conforma el sector privado al que nos aproximamos por el número y especialidad de sus asociaciones económicas: Fedecámaras, Conindustria, Consecomercio, Fedeagro, Fedenaga, que incluyen, prácticamente, todo el aparato propiamente productivo, de comercio y servicios. Luego lo que compone el sistema financiero, las Asociaciones Bancarias y de Seguros. El sistema de seguridad social y de salud privado y los Colegios y Liceos privados, con sus respectivas Asociaciones. Como puede verse se trata DE TODO EL PAÍS, aun sin contar con el probable número de Asociaciones regionales y locales, tema que se añade a la configuración de la economía no petrolera, en su entidad regional.

 

(3):  Además, habría que contemplar el caso de las empresas privadas que fueron expropiadas y pertenecen todavía al Estado (por ej. Centrales Azucareros, Bancos y Seguros, Medios de Comunicación, etc.)

 

POR UNA DOCTRINA NO PETROLERA

 

Procede, entonces, exigirle al pensamiento económico venezolano una doctrina para ella del mismo rango que la petrolera, en particular para su parte pública y para la privada. A titulo de ejemplo indicamos que entre los años 1997-1999, el que tomamos emblemático por los cambios politicos que luego sucedieron, la actividad no petrolera representaba el 70% del PIB y ocupaba el 99% de la fuerza laboral. Si se excluyen de esta la actividades “no formales” el sector formal de la economia no petrolera ocupaba el 70% del total, con lo cual puede evidenciarse la gran importancia de estas actividades, siendo que para ellas -insistimos- el pensamiento economico venezolano no ha desarrollado una doctrina que sea compatible con su peso en la economía global venezolana.

 

Proponemos dos caminos para aproximarnos a una doctrina que sirva de orientación general, estando conscientes que dentro de la economía no petrolera subsiste una parte pública, la de los servicios públicos de electricidad, agua, telefonía y telecomunicaciones, y aquellas que constituyen las áreas de seguridad social y de salud, y una parte privada que acoge el resto de las actividades productivas; es necesario proponer un tratamiento diferenciado para ambas, para luego encontrar una concepción que pueda abarcar a las dos.

 

Luego, si se desea diseñar una doctrina que persiga alcanzar una prosperidad sostenible en ambas partes, la lógica natural lleva a reforzar los mecanismos de mercado, esto es la competencia y la colaboración para que su crecimiento provenga de una economía no petrolera que se sostenga por sí misma, esto es, que los recursos que ambas originen asi lo permitan, tal como es el caso de la economía petrolera. No se olvide que esta última se rige internacionalmente por criterios de mercado, de competencia y colaboración, tales que han logrado ese objetivo. Pareciera, entonces, que un criterio similar debe servir para enfocar los dos componentes, el público y el privado.

 

DE LA SUBSIDIARIDAD Y LA SUBVENCIÓN A LA SOSTENIBILIDAD

 

Si deseamos crear una economía no petrolera prospera y sostenible habrá que superar el esquema del título, lo cual quiere decir que la parte publica debería someterse a una secuencia de cambios evolutivos para el corto, mediano y largo plazo tales que sean compatibles con el crecimiento del ingreso personal y el salario promedio del venezolano. Luego, no se trata de una tarea que se pueda resolver en el corto plazo, pero si se debiese iniciar tan pronto sea posible y crear allí una economía no petrolera publica que pueda crecer y garantizar sus servicios en el mediano y largo plazo. En ese sentido, planteamos al sector privado elaborar un programa de colaboración con el sector público que pueda apoyar una solución perdurable. Obviamente allí, la contribución del sector académico no solo es necesaria, sino indispensable dada su extrema vinculación con las áreas que abarca la economía no petrolera pública.

 

DEL PROTECCIONISMO A LA COMPETENCIA Y LA COLABORACIÓN

 

Al sector privado de la economía no petrolera le corresponden cambios similares, aunque también debe enfrentar un ajuste de la subsidiaridad y la subvención a la sostenibilidad; debería proponerse un cambio significativo de su sistema de convivencia actual, el proteccionismo que le hace dependiente del “favor” estatal, a un sistema de competencia y colaboración inter privado que le garantice sostenibilidad en el corto, mediano y largo plazo.

 

Luego, la doctrina de la economía no petrolera consigue dos apellidos, de la subvención a la sostenibilidad y del proteccionismo a la competencia y la colaboración. Desde luego si la economía no petrolera publica pudiese alcanzar un sistema de competencia y colaboración daría un verdadero salto cualitativo. Tenemos, entonces, dos criterios que podrían guiar una trayectoria futura para la economía no petrolera venezolana.

 

UNA ECON0MIA NO PETROLERA SOSTENIBLE Y COMPETITIVA

 

Estamos hablando aquí de la sostenibilidad de Venezuela como país, como sociedad, como nación porque, como demuestra la experiencia de la economía petrolera, independientemente de su crítica situación actual, que no garantiza un adecuado nivel de vida a los venezolanos, su presente y futuro está marcado, por un lado, por sus características situaciones de auges y crisis de los precios del crudo y, por el otro, por la alta incidencia que tiene en su desempeño el tema político, nacional e internacional.

 

Como consecuencia de ello, si la sociedad venezolana quiere dar un salto de prosperidad y bienestar sostenible debe ocurrir al expediente y las ventajas que brinda la economía no petrolera, cuyo peso como actividad productiva y como creadora de empleos bien remunerados, abre un camino a ser considerado por la sociedad entera.

 

LA AUTONOMIA DE LA ECONOMIA NO PETROLERA

 

Un criterio adicional de desarrollo de la Doctrina que intentamos plantear consiste en atribuirle a ese sector económico la capacidad para hacerse autónomo, o más autónomo, de la economía petrolera y del Estado venezolano, dada la extrema dependencia que aún tiene de ellos. De un lado se encuentra el desbalanceado poder económico entre ambas partes, el cual influye notoriamente en el desempeño  de la segunda y, del otro, por la excesiva conducta regulatoria que siempre tuvo el Estado venezolano sobre la misma, sea por vía de su visión del papel de las empresas y servicios públicos, ampliamente intervenidos por el “ criterio” social o por la percepción que siempre se tuvo sobre el sector privado el cual, como se dijo antes, no se podía dejar actuar sin regulaciones y controles.

 

Como consecuencia de lo antes descrito hemos de añadir a los criterios anteriores dos más, uno que persiga ampliar su grado de autonomía y el otro que desmonte, tanto, como sea viable y posible, el esquema regulatorio del Estado sobre la Economía no Petrolera.

 

UNA ECONOMÍA DE MERCADO

 

Ahora bien, lo cierto es que, salvedad de las públicas, todas esa Asociaciones y, por consecuencia, su membresía constituida por empresas, cooperativas, sociedades anónimas, etc., operan con criterios de mercado; en su forma más sencilla, allí se “compra y se vende” y se conforma una Economía de Mercado, producto de esa realidad y no de una ideología. Luego, si la doctrina que se propone acoge ese comportamiento, lo generaliza y conceptualiza, la está construyendo con base en esa realidad. No es una ideología impuesta desde afuera. Decir que la Economía No Petrolera es una Economía de Mercado no es una arbitrariedad, ni una imposición ideológica.

 

DE LA REGULACIÓN DEL ESTADO A LA AUTOREGULACIÓN

 

Proponemos un esquema regulatorio que reduzca la participación del Estado y donde la Economía No Petrolera encuentre principios y códigos de conducta que lo sustituyan, entre ellos principalmente dos: Primero, un compromiso con el bienestar de los venezolanos que vaya más allá del enriquecimiento empresarial y, segundo, atenerse a las leyes y principios que garanticen una Economía No Petrolera al margen de actividades ilícitas. La ampliación de los esquemas de Cámaras de Arbitraje y de resolución de conflictos inter-empresariales puede ser un enfoque, asi como inducir mecanismos formales de conexión con la sociedad civil, en sus papeles de consumidores o usuarios.

 

EN CONCLUSIÓN

 

En suma, estamos proponiendo una Doctrina para la Economía No Petrolera que contiene varios criterios o principios rectores: mercado, sostenibilidad, competencia, (competitividad y colaboración) autonomía y autoregulación, con los que, muy probablemente puedan estar de acuerdo quienes conforman la Economía No Petrolera, cuyo tamaño, especificidad y versatilidad justifican ampliamente un cambio de perspectiva que, como se ha dicho, afecte a Venezuela en su totalidad.

 

En resumen, estamos proponiendo que el país se dé la vuelta y ponga atención a sí mismo, colocando como centro de gravedad de sus doctrinas económicas una Doctrina para la Economía No Petrolera, cuyo sustento proviene del comprobado hecho de su tamaño, peso, extensión y especificidad, además de constituirse en el gran abastecedor de todos los bienes y servicios que consume el venezolano. Doctrina que debería ir en paralelo y con la misma entidad que ha tenido la Doctrina Petrolera.

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