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Perú destituye al presidente, otra vez

El Congreso peruano aprobó la destitución del presidente José Jerí. El mandatario tenía cuatro meses en el cargo, que asumió después de que Dina Boluarte también fue vacada.

José Jerí con traje oscuro, corbata azul y faja roja y blanca, de pie sobre una alfombra roja. Mira hacia arriba.

José Jerí tomó posesión el pasado octubre como presidente interino, en sustitución de Dina Boluarte. Credit…Angela Ponce/Reuters

 

El Congreso de Perú votó a favor de la censura o destitución del presidente José Jerí el martes, después de que el mandatario no dio a conocer sus reuniones con empresarios chinos que están bajo investigación gubernamental. Se trata del episodio más reciente de convulsión política en un país que ha cambiado de dirigentes con una rapidez inusual.

Jerí, de 39 años, exlíder del Congreso, asumió el cargo de presidente encargado en octubre, tras presidir la destitución de su predecesora. Es el sexto presidente peruano de la última década que abandona el cargo antes de finalizar su mandato. Uno de ellos dimitió a los pocos días de asumir la presidencia.

El Congreso aprobó siete mociones de censura, 75 a favor, 24 en contra y 3 abstenciones. El miércoles la legislatura elegirá un nuevo mandatario y la presidencia quedará vacada por el momento, según los expertos.

Está previsto que Perú celebre elecciones generales el 12 de abril, y transferirá el poder a un nuevo presidente el 28 de julio. Jerí no es candidato, y en Perú los presidentes no pueden presentarse a la reelección consecutiva.

La censura se produjo después de que el mes pasado se divulgaron tres videos que mostraban a Jerí entrando en un restaurante y un local comercial en Lima propiedad de Yang Zhihua, un acaudalado empresario chino que ha sido objeto de escrutinio por parte del gobierno. Los medios de comunicación peruanos informaron que se había ordenado la clausura de uno de los establecimientos del empresario por infringir una ordenanza municipal; tres días después, un organismo regulador del gobierno central anuló la ley que había derivado en el cierre.

Jerí reconoció que los videos eran auténticos. La ley peruana exige a los presidentes que registren sus actividades oficiales, y él no informó de las visitas a los establecimientos de Yang, según admitió Jerí en un interrogatorio ante los legisladores el mes pasado.

En ese interrogatorio se negó a brindar sus registros telefónicos y dijo que había conocido a Yang antes de ser presidente. Añadió que el empresario se había negado a dejarle pagar unas golosinas y unas pinturas que compró “porque tuvo una gentileza conmigo”.

Las explicaciones no lograron acallar las críticas. Legisladores de todo el espectro político pidieron su destitución y el fiscal general abrió una investigación de corrupción en torno a las interacciones de Jerí con Yang.

Jerí ha acusado a sus rivales de filtrar los videos para incidir en las próximas elecciones. Desde que estalló el escándalo, los índices de aprobación de Jerí, que rondaban el 51 por ciento, han caído 10 puntos porcentuales, según las encuestas.

La controversia creció cuando Cuarto poder, programa de televisión que difundió por primera vez los videos, informó que otro empresario chino, Ji Wu Xiaodong —quien está en arresto domiciliario mientras se le investiga por presuntos vínculos con una red de tala ilegal— había visitado el palacio presidencial tres veces en el mandato de Jerí. El presidente declaró a los legisladores que Ji Wu era amigo de Yang y dijo que no lo conocía bien.

La destitución de Jerí resalta la arraigada inestabilidad política de Perú, personificada en la cantidad de presidentes que ha tenido el país. Desde 2016, una sucesión de mandatarios han sido procesados, obligados a renunciar o investigados.

La convulsión política llega a cuatro meses de la destitución de Dina Boluarte —una de las presidentas más impopulares de las últimas décadas— que ocurrió en medio de la indignación pública por el aumento de la delincuencia.

La propia Boluarte había ascendido a la presidencia en 2022 después de que su predecesor, Pedro Castillo —del que había sido vicepresidenta—, intentó disolver el Congreso y hacer modificaciones en el poder judicial. Castillo fue destituido con rapidez y detenido, y el año pasado fue condenado a más de 10 años de prisión bajo cargos de conspirar para una rebelión.

Ese fue solo un eslabón en una larga cadena de eventos políticos. Casi todos los expresidentes vivos de Perú se han enfrentado a una investigación penal.

Alejandro Toledo, quien fue presidente de Perú de 2001 a 2006, fue condenado a 20 años por aceptar sobornos, y Ollanta Humala, presidente de 2011 a 2016, fue declarado culpable de lavar fondos de campaña vinculados a la empresa brasileña Odebrecht.

Alberto Fujimori, líder autoritario de Perú en la década de 1990, cumplió más de una década en prisión por abusos contra los derechos humanos y corrupción antes de un polémico indulto en 2023. Murió en 2024 a los 86 años.

 

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