Poco a Poco… pero Rapidito (3)
El autor concluye algunos aspectos del voto de los venezolanos en el exterior; tales como: la vía electoral, el interés o no de participar, las opciones para actualizar el RE y algunas recomendaciones de modificaciones reglamentarias

Inicié hace dos semanas una reflexión acerca de los temas que, en mi opinión, hay que tener en cuenta en materia electoral para un acuerdo político, en el marco de la «transición». Aclaré desde el primer día que me ocuparía de lo electoral por ser un tema que domino, aunque no es el más importante de la «transición». Reitero también la idea de que todo proceso de «transición», por las razones que resumiré más adelante, al final concluye −o se inicia, según algunos− en un proceso electoral; tema del que ya se comienza a hablar insistentemente.
Aclaro que no me inmiscuyo en los temas políticos implícitos en un proceso de «transición», que son múltiples y muy complejos, sino solamente en los electorales, que considero aspectos “técnicos” −aunque sé perfectamente que son también políticos− que hay que resolver. Aclaro también que es necesario establecer un acuerdo entre todos los actores relevantes, internos y externos, acerca de cómo será ese proceso electoral. En síntesis, solo consideraré los «requisitos técnicos» deseables −por llamarlos de alguna manera− a acordar en materia electoral. Pero debo también decir que, en política, no necesariamente lo que es deseable es lo posible.
Supuestos, a defender y comprobar
La semana pasada me referí específicamente a las dificultades que se confrontan para garantizar el voto de los venezolanos en el exterior. Hoy quiero concluir con el bosquejo de lo que sería mi síntesis de lo que hay que lograr en esa materia. Para ello, parto de dos supuestos: uno a defender, el otro a comprobar. El supuesto a defender es la vía electoral. El supuesto a comprobar es si los venezolanos en el exterior, mayores de 18 años que tienen derecho a votar, en realidad quieran hacerlo y participar en la vida política del país. Cubiertos esos dos supuestos, se pueden analizar algunas de las dificultades a vencer para lograrlos.
¿Por qué la vía electoral?
Vale la pena reiterar que mi creencia en la vía electoral es algo que siempre he defendido, pues creo que esa es la vía para enfrentar cualquier crisis política, extrema, que viva el país. Hemos padecido más de un cuarto de siglo de desintegración social, de fragmentación, en donde dejamos de ser una «comunidad política», con sus naturales diferencias, para convertirnos en una sociedad antagónica, de enemigos. Necesitamos restituir esa sociedad, esa «comunidad política», en donde se respeten las leyes, en donde vivamos bajo un gobierno e instituciones que sean respetadas y reconocidas porque son legítimas; una sociedad en la cual volvamos a ser ciudadanos, en donde nos percibamos como responsables de nuestro presente y futuro y no meramente como usufructuarios −valga la expresión− de la riqueza del Estado, que por cierto es cada vez más exigua.
Las transformaciones que hay que emprender son de tal magnitud que no pueden descansar en frágiles minorías que se impongan a las mayorías o a su indiferencia; se requiere de la más amplia legitimidad posible, y esa legitimidad solo se consigue bajo un proceso electoral respetado, reconocido por todos y masivamente respaldado con participación. Pero lamentablemente la abstención se ha convertido en la “costumbre política» de un tercio de la población venezolana, sea que vive en Venezuela o en esa otra Venezuela que está en el exterior; y las comillas en la expresión “costumbre política» son porque pienso que esa conducta no es tanto un gesto político, como silenciosa indiferencia. Es un punto a reflexionar; es una conducta que no siempre hemos combatido, sino estimulado de muchas maneras. Ahora, abordemos el supuesto a comprobar, que es el más delicado.
¿Quieren participar?
Ya he sostenido, en los artículos anteriores, que el derecho al voto de los venezolanos en el exterior es algo a defender, porque es un derecho político que no admite discusión ni menoscabo, y por la significación, actual y futura, de una cuarta parte del país que hoy vive en el exterior y que es necesario que se incorpore más de lleno al desarrollo de su país de origen. Pero ¿realmente los venezolanos que hoy están en el exterior tienen interés en participar de los problemas políticos del país? Sobre todo, si tomamos en cuenta que la política es una de las razones por las cuales se fueron. Lamentablemente la respuesta no es sencilla, ni positiva.
Solo tengo un hecho empírico que referir para ilustrar mi preocupación en este tema, y es el resultado del proceso de registro en el exterior para la Elección Primaria de 2023 y la votación respectiva. He sostenido que la participación en el exterior durante la Primaria de 2023 −37%− fue muy superior a la nacional −12% aproximadamente− y que ambos resultados, para un proceso de primaria, son muy significativos y relativamente importantes, si tomamos en cuenta que los procesos de elección primaria son procesos electorales que solo incumben a una parte del total del país, en nuestro caso el sector opositor.
Una lectura crítica
Pero esa misma lectura positiva puede tener otra lectura crítica. De una población superior a 8 millones y un padrón electoral superior a 3,5 millones, solamente poco más de 311 mil venezolanos en el exterior se registraron para votar; quedaron pendientes unos 160 mil que no pudieron completar el proceso y al final, de esos 311 mil registrados, votaron poco más de 132 mil. Todas esas cifras parecen decir que es mayor la indiferencia que el deseo de participación política de los venezolanos en el exterior.
Debemos reconocer que la Venezuela que está afuera no es muy distinta, políticamente hablando, a la que está aquí; que hay también allí un núcleo duro de abstención e indiferencia ante los procesos electorales, y que tenemos que empezar a definir una estrategia diferente a la que hemos tenido hasta ahora para tratar de mantener vinculados con el país a esos venezolanos que están en el exterior. Parece obvio que la estrategia que hemos tenido hasta ahora no está dando los resultados que esperábamos y que, si no cambiamos la forma de ver las cosas, lo lamentaremos, por ejemplo, en los resultados electorales de ese proceso que concluirá −o abrirá− las puertas de la «transición».
En todo caso, es un punto que no se puede seguir menospreciando, ni dejando de tomar en cuenta. Es preciso una política mucho más agresiva de vinculación y contacto político con los venezolanos en el exterior, más allá de saber cuántos son o dónde están, que de todas maneras es un conocimiento fundamental que debemos tener y que no tenemos. Son dos dificultades a vencer: que los venezolanos en el exterior se registren para votar y que efectivamente lo hagan. Concentrémonos en la primera dificultad y dejemos al sector político organizar la resolución de la segunda.
Opciones para el RE
En el camino a la Primaria, se dio un paso importante y se demostró que, aun sin contar con consulados, a través de caminos telemáticos bien elaborados y cuidadosamente controlados, es posible actualizar masivamente en el RE a los venezolanos que hoy residen en el exterior; y ahora, además, sería incluso posible y deseable registrar a aquellos que no lo han podido hacer, porque se fueron muy jóvenes del país o porque los directivos de los CNE que hemos tenido, en combinación con consulados y embajadas, no facilitaron el proceso
En ocasión de la Primaria el proceso fluyó, desde el punto de vista −llamémoslo técnico o tecnológico− sin mayores tropiezos; fue evidente lo adecuado de la aplicación utilizada, compleja y avanzada tecnológicamente −lo suficiente para dar garantías a electores y elegibles de que las personas que actualizaban sus datos eran los venezolanos que decían ser−, y a la vez fue lo suficientemente sencilla para que pudiera ser utilizada masivamente por el elector común, ese que no tiene mayores conocimientos técnicos y que no cuenta con tecnología muy sofisticada; era suficiente tener acceso a un simple teléfono con cámara que pudiera conectarse a internet.
En esa oportunidad, en un escaso mes, con muy pocos recursos −que son nada comparados con los recursos con que contaría el CNE, uno de los poderes del Estado− se logró que casi medio millón de venezolanos pasaran por ese sistema y que casi 400 mil lograran actualizar su dirección. Después, como ya mencioné, más del 37% de esos electores que actualizaron sus datos −un porcentaje inusitadamente alto para cualquier proceso de primarias en el mundo− desfilaron por las mesas de votación el 22 de octubre de 2023. El CNE y el Estado venezolano cuentan con los recursos para hacerlo masivamente, si eso forma parte del necesario acuerdo político del proceso de «transición».
Ese es un punto en donde hay que ejercer presión y organizarse para ello; y mientras eso se logra y se organiza, hay que insistir en que, de inmediato, abran el RE en los consulados actuales para hacerlo en persona; eso ya sería una señal y un triunfo nada desdeñable.
Modificaciones reglamentarias
Parte de la lucha importante es lograr que el CNE, que se designe por consenso, modifique el Reglamento de la LOPRE −para lo que tiene facultades legales− y restituya el derecho al voto de los venezolanos en el exterior, eliminando la inconstitucional norma de exigir «legalidad de permanencia» que establece el actual artículo 124 del ya citado Reglamento. Como ya he señalado, sería reafirmar el principio de que el derecho al voto que consagra nuestra Constitución no puede depender de la relación legal del migrante venezolano con las autoridades del país de acogida en el que reside. Repito: no son las leyes de inmigración de los demás países las que garantizan o impiden un derecho político de los venezolanos; son nuestras leyes las que así lo permiten y deben proteger.
Mientras se modifica la LOPRE, que es una Ley Orgánica, por parte de una nueva Asamblea Nacional, como parte del acuerdo político mencionado, se puede modificar también el artículo 125 del Reglamento para autorizar que los venezolanos que residen en el exterior, por vía de excepción, se identifiquen con su pasaporte para registrarse y luego votar −el pasaporte contiene el número de cédula de identidad−, pues bien sabemos que el Estado no puede suministrar a los venezolanos en el exterior la cédula de identidad a quien no la tenga o la haya extraviado, que hoy es el único documento que se exige para registrarse y votar. Conocido el número de venezolanos en el exterior en capacidad de votar, es más fácil planificar el número de centros y mesas que será necesario establecer, y dónde, y saber así si el número de consulados con los que contamos es suficiente o si será necesario tomar otras medidas para ejercer el derecho al voto.
No son tareas sencillas; significan luchar contra mentalidades arraigadas durante muchos años; significa modificar legislaciones atrasadas para realidades que ya no vive el país, que ahora cuenta con una parte importante de su población viviendo en el exterior y que por ese hecho no pierde sus derechos; y sobre todo, significa luchar contra quienes no quieren que los venezolanos en el exterior se expresen políticamente, pues suponen que esa «expresión» no los favorecerá.
Conclusión
Finalizo de esta manera con el tema del voto de los venezolanos en el exterior; espero haber dejado claro cuales considero que son los temas más importantes y concluiré la próxima semana con otros temas del “acuerdo” a lograr en materia electoral para el proceso de «transición»: la campaña electoral y el ventajismo gubernamental; el Plan República; la Observación Electoral, nacional e internacional; otros aspectos del marco jurídico a revisar; y una síntesis final de todos los puntos abordados en esta serie de artículos.-
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