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Por fin le pararon el trote…

 

La semana pasada se suponía que habría una reunión privada entre Donald Trump y los jefes parlamentarios demócratas, Nancy Pelosi (Cámara de Representantes) y Chuck Schumer (Senado). Pero, como se sabe, con Trump todo es posible, como en la célebre serie de TV Dimensión Desconocida. Así, en el último minuto, él decidió hacer el encuentro público, o sea discutir con ambos enfrente de periodistas y cámaras de TV. ¿El tema? Negociar algunos asuntos de financiamiento y de presupuesto, como un cierto muro fronterizo que tiene obsesionado a Trump desde la campaña electoral, y cómo evitar que se cierre el gobierno.

Para sorpresa de todos, lo que uno suponía que sería una conversación civilizada, algo aburrida, sobre cifras, estadísticas, cuadros, tablas, y todo lo demás necesario para que el diálogo intentara rendir frutos, se convirtió en un match de choques verbales, en el cual Trump no solo salió derrotado, sino que les dio a sus dos rivales parlamentarios lo que ellos no esperaban: una muy repetida confesión del líder Republicano en transmisión nacional de TV, de que si no le daban el dinero para su muro él cerraría el Gobierno. Los visitantes insistieron que el muro, según varios expertos, no era necesario.

Fue una situación casi sin precedentes en la historia norteamericana. Un presidente que amenazó públicamente, una y otra vez, a sus rivales de cerrar el gobierno, de negar financiamiento a todas las variadas y complejas dependencias de un Estado federal tan grande como es el gringo, si no le daban los reales necesarios para hacer el muro. Un niñito grosero y malcriado que amenazaba con patalear si no le daban su juguete preferido.

 

Pelosi y Schumer mantuvieron su compostura a lo largo de la parodia de reunión, intentando incluso que llegara a convertirse en un verdadero diálogo. Pero estaba claro que, para Trump, la presencia de la prensa solo serviría para demostrar una vez más su narcisista jactancia ante las cámaras. Un ejemplo más de su capacidad para humillar a sus contrincantes, como lo hizo durante la campaña electoral con sus rivales para la candidatura republicana.

Apenas producidos los primeros intercambios el asunto lució mal para el catire presidente. Sus rivales, sentados muy cerca de él, comenzaron a calentar el brazo, dándose cuenta de que su adversario no se había preparado para el encuentro –mientras, el vicepresidente Pence, en completo silencio, era un testigo resignado, obligado a ver cómo su jefe se hundía en las arenas movedizas de su ego, su mal humor, su impaciencia y, sobre todo, su ignorancia-. Esto último es lo más importante; ¿quién no ha conocido a una persona en un cargo de poder, con un ego estratosférico, maleducado, patán, irascible y colérico? Siempre habrá alguien así en la mayoría de las organizaciones; no se salvan ni los colegios de monjas. Personajes a lo mejor sin “auctoritas” (el prestigio y la legitimidad derivados de una influencia fundamentalmente moral) pero sí poseedores de la también muy romana “potestas” (la capacidad de imponer decisiones por la fuerza o la coacción). En esta reunión de la que hablamos, a la cual Trump llegó sin auctoritas –por razones obvias-, su potestas y sus conocimientos recibieron varapalos a diestra y siniestra.

Luego de un ping pong verbal donde los Demócratas le pedían que mostrara voluntad para aprobar el presupuesto y evitar cerrar el Gobierno, el empresario-presidente quiso jactarse de que tenía los votos suficientes en la Cámara de Representantes para financiar el muro; pero Pelosi le respondió: “No presidente, no los tiene”. Trump afirmó infantilmente: “si quiero los tengo”. La Demócrata replicó entonces: “Ok, hágalo. ¡Vamos, hágalo!”. Todo un Grand Slam, un jonrón con las bases llenas, con la pelota probablemente cayendo más allá de Alexandria.

Pelosi y Schumer hicieron algo que la prensa debería hacer, y no ha hecho: impedirle a Trump salirse con la suya, con sus mentiras vendidas como verdades, con sus fake news, su confortable realidad paralela, donde nadie le lleva la contraria. ¿Un ejemplo? Su obsesiva y simplificadora noción de que el muro es lo realmente importante en el tema de la seguridad fronteriza.

Es evidente que los dos Demócratas sabían que Trump mencionaría los resultados electorales. Cual gallito de pelea, se ufanó de la victoria republicana en el Senado. Concluyó su perorata electoral con la pregunta ¿Perdonen, acaso no ganamos el Senado? Schumer le replicó inmediatamente, con clara intención de dirigirse a los periodistas y al público televidente: “Cuando el presidente se jacta de haber triunfado en Dakota del Norte y en Indiana, ello significa que está en problemas”.

Al final del sainete, los Demócratas lograron algo que jamás hubieran pensado en obtener: Trump repitiendo, varias veces, que no se preocuparan, que él asumiría toda la responsabilidad por el cierre del gobierno.

Una foto -obviamente trucada- de Nancy Pelosi abandonando la Casa Blanca luego de la reunión con Trump. Para los que conocen del asunto, la chaqueta es un modelo Max Mara. Gracias a Nancy Pelosi, se ha vuelto muy popular entre las damas, y hasta nombre le han puesto; como se afirma en un tuit: «Exiting the White House, @NancyPelosi is wearing her «Orange You Sorry You Started This Fight Coat.«

Pero la paliza no concluyó allí. Apenas terminada la reunión, Pelosi se reunió con sus compañeros de bancada, diciéndoles –a sabiendas de que una opinión tan jugosa sería filtrada inmediatamente a los medios- “esta cosa del muro, pareciera ser algo que tiene que ver con la virilidad, como si la virilidad tuviera alguna relación con él”.

Mientras tanto, hoy jueves 20 de diciembre, el Senado -con mayoría Republicana- le dio una respuesta contundente a Trump: aprobó una propuesta presupuestaria que mantendría el Gobierno funcionando hasta Febrero 2019.  En la misma, no se incluye para nada un financiamiento especial para el muro trumpiano. ¿Y la Casa Blanca? Ha declarado que el presidente «analiza sus alternativas», pero que no le gusta tal decisión senatorial. Su enojo debe ser galáctico.

Pelosi, especialmente, fue subestimada por Trump. Es la primera mujer en ser nombrada Portavoz (Speaker) de la Cámara de Representantes, y a lo largo de su larga vida como parlamentaria tiene que haber estado en muchas y largas reuniones en las cuales una mayoría de hombres se dirigían a ella con desdén, condescendencia, incluso falta de respeto. Con Trump demostró que ha aprendido muy bien la lección.

La jefa parlamentaria Demócrata, lo afirmaron varios comentaristas de prensa, puso por fin en su sitio a un presidente ignorante, irracional, arrogante e imprudente.

 

 

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