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Quemar celuloide

Si hubiera que eliminar las películas con estereotipos, se censuraría casi toda la historia del cine

A raíz de las protestas que sacuden a Estados Unidos después de la muerte por asfixia del afroamericano George Floyd bajo la rodilla de un policía blanco en Minneapolis, algunas firmas han decidido hacer ajustes a sus portafolios comerciales. El fabricante del conocido jarabe de arce Aunt Jemima reconoció que la marca proviene de un estereotipo racial y prometió reemplazarla. Y el canal de televisión por streaming HBO Max retiró provisionalmente ‘Lo que el viento se llevó’ de su catálogo.

La película de 1939, una adaptación de la novela de Margaret Mitchell, produjo controversias desde el estreno por su visión romántica del sur de los Estados Unidos en la época de las plantaciones. Se ha criticado en particular su representación de los personajes negros, que aceptan sumisamente el sistema que los esclaviza.

Los críticos tienen razón. ‘Lo que el viento se llevó’ es una de las grandes producciones del Hollywood clásico, pero al mismo tiempo es una cinta atravesada por un insidioso e inaceptable racismo.

Restringir su difusión, sin embargo, no cambia el pasado ni soluciona nada en el presente. Si hubiera que deshacerse de todas las películas con representaciones estereotipadas, colonialistas o prejuiciosas de distintos grupos sociales, habría que censurar gran parte de la historia del cine, incluyendo el orientalismo caricaturesco de Indiana Jones y el sexismo ocupacional de James Bond. Y no solo del cine: habría que retirar también muchos textos literarios de los anaqueles. Bajo el clima actual de agravio fácil por cualquier cosa que pueda ser percibida como ofensiva o representativa de estructuras de poder cuestionadas, son pocas las obras del pasado que pasarían el filtro de lo totalmente inocuo. Quizá solo los libros de Paulo Coelho sobrevivan. Hasta la Biblia, que en el Levítico abomina la homosexualidad, mientras que permite la esclavitud, tendría que ser proscrita.

No se consigue nada escondiendo la historia. ¿No deberíamos garantizar el acceso a los artefactos culturales de otras épocas para conocer a fondo, y ojalá evitar, los errores de esas épocas?

 

Pero no se consigue nada escondiendo la historia. ¿No deberíamos, por el contrario, garantizar el acceso a los artefactos culturales de otras épocas para conocer a fondo, y ojalá evitar, los vicios y errores de esas épocas?

Se trata aquí, además, de una lamentable infantilización del espectador. Cualquier adulto contemporáneo con un mínimo de educación es perfectamente capaz de ver ‘Lo que el viento se llevó’ con los ojos del presente e identificar sus fallas. No necesita que le vendemos los ojos para no herir sus sentimientos, o por miedo a que se contamine de los prejuicios de otros tiempos.

Es casi seguro que, si la censura de productos culturales de generaciones anteriores se vuelve una práctica aceptada, las próximas generaciones harán lo mismo con nosotros. No hay motivo para creer que nuestras convicciones morales y su representación en el arte serán toleradas por quienes nos sucedan. De hecho, ese proceso ya está en marcha.

No olvido la vez en la que, en mis años de estudiante fuera del país, le presté ‘Cien años de soledad’ a una amiga asiaticoamericana y feminista. “Es de mi tierra”, le dije, orgulloso. Unos días después me tiró el libro en la mesa de la cafetería de la universidad. “Qué asco de novela machista”, me dijo. “Cómo me haces leer esto”.

En nuestras bibliotecas hemos tolerado hasta las páginas de odio de Mein Kampf, porque, a pesar de representar una de las etapas más oscuras de la humanidad, necesitamos conocer el pasado para no repetirlo. Y permitimos que se publiquen ideas verdaderamente dañinas para la sociedad, como esas guías que prometen curar el cáncer con cristales. Hace tiempo que nos pusimos de acuerdo en que quemar libros es un delito de lesa cultura. Restringir el acceso a películas históricas, por moralmente problemáticas que sean, no me parece muy distinto a esa piromanía literaria.

 

Thierry Ways
@tways / tde@thierryw.net

 

 

 

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