Ramón Peña / En pocas palabras: Caballo de Troya
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Son de toda sospecha los motivos que subyacen en la identificación de Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, con la agresiva política de Vladimir Putin hacia Europa. A raíz del asalto a Ucrania, las posiciones de su gobierno han rayado en la complicidad con Rusia y hasta el sabotaje de las acciones solidarias de la Unión Europea, conducta que Orbán disfraza con el eufemismo de “neutralidad estratégica y defensa de la soberanía húngara”.
Orbán es el obstáculo principal para la unidad de Europa en auxilio de Ucrania. El préstamo de 90 mil millones de euros acordado por los países de la Unión para la defensa y reconstrucción ucraniana permanece bloqueado por el veto de Hungría. Una contribución que es urgente y crucial ante el distanciamiento del apoyo militar de EE.UU.
Orbán se publicita como el único líder europeo que busca la paz, proponiendo que Ucrania cese la resistencia y acepte las condiciones rusas. Impide el tránsito de armamento para Ucrania por su territorio. Es sistemáticamente contrario a las sanciones contra Moscú y amplia acuerdos de suministro de gas y petróleo con Rusia…
Examinando este episodio, no podemos evitar que asalte nuestra memoria la relación histórica de décadas de abuso y sometimiento de Rusia sobre Hungría. En 1956 el pueblo húngaro, obstinado de vasallaje y humillación, intentó liberarse. De las propias filas del partido comunista húngaro floreció la idea de un socialismo democrático, con rostro humano, libre de la bota soviética. El Kremlin no vaciló en enviar los tanques rusos a aplastarla a sangre y fuego. Acabaron con la vida de miles de húngaros y persiguieron y ejecutaron a los dirigentes de la rebelión, incluido Imre Nagi, su recordado y valeroso líder.
Luce de importancia capital para Europa, que Viktor Orbán, redivivo vasallo del Kremlin, sea desplazado del poder por el candidato pro europeo, Peter Mágyar, en las elecciones a celebrarse el domingo próximo.
