Ramón Peña / En pocas palabras: Crece el polvorín

El pasado 5 de febrero expiró el Tratado para la Reducción y Limitación de Armas Ofensivas Estratégicas, mejor conocido como New START, que ha regulado desde 1991 los arsenales nucleares de Estados Unidos y Rusia.
El tratado establecía para cada uno un tope de 1.550 ojivas nucleares ya desplegadas en misiles o en bombarderos, así como hasta 18 inspecciones anuales de sus arsenales. El pacto, pensado para la disuasión mutua entre ambos, ha servido también como medio de regulación para el hoy multiplicado parque nuclear en manos de China, Reino Unido, Francia, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel. No hay indicios firmes de prorrogar dicho pacto o convenir en un nuevo tratado de control.
A la luz de este vacío regulatorio. es inquietante la frecuencia de intimidatorias pruebas de armas nucleares que vemos en otros países, notablemente en China y Corea del Norte o el amago ruso de armas nucleares tácticas. China, con 600 ojivas desplegadas se apura en igualar el poder de EE.UU. Viene a la memoria Robert Oppenheimer, quien describía la rivalidad entre EE.UU. y la URSS, como “dos escorpiones en una botella”, pronto habrán de ser tres.
O serán más, porque ante el debilitamiento actual de la OTAN, la amenaza rusa sobre Europa, la de China sobre Taiwán, o los intensivos ensayos nucleares de Corea del Norte, otras naciones: Polonia, Ucrania, Corea del Sur, Japón y otros están considerando apertrecharse también de ojivas nucleares.
Visto en perspectiva histórica, se abandonó el propósito de aquel significativo Tratado de no Proliferación de Armas Nucleares suscrito en 1968 por Estados Unidos, la Unión Soviética y el Reino Unido, que idealizaba como propósito último el desarme nuclear total.
Hoy, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz, de Estocolmo, nuestro planeta alberga 12.200 bombas nucleares. Insuficientes, al parecer, para el Homo Unsapiens que se recrea en enriquecer el polvorín…
