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Ramón Peña / En pocas palabras: Pedro el Grande redivivo

Putin se compara con Pedro el Grande

 

En el límite de la burla directa, Vladimir Putin, luego del publicitado Alaska Summit, que abriría el camino a la paz en Ucrania, no solo no acató la mínima exigencia del cese al fuego, sino que arreció los bombardeos indiscriminados.  A título ilustrativo, en un solo día, este jueves 27 de agosto, 600 drones y 31 misiles estallaron en la capital Kiev, entre otros daños, dieron cuenta de una escuela, de la sede de la Oficina de la Unión Europea y causaron 25 muertes. 

El permitirse aparentar disposición a negociar mientras avanzaba militarmente es una subestimación explícita de la capacidad de respuesta de sus adversarios de Occidente. No dudamos que ha sabido aprovechar las desavenencias notables de sus contendores a ambos lados del Atlántico y también en el seno de la propia Unión Europea. 

Por la prédica que conocemos de Putin para sus conciudadanos rusos, es su propósito atribuirse la fortaleza moral y religiosa del pueblo ruso, de su épica heroica en la II Guerra Mundial y confirmarse como paladín protector del Russkiy Mir, esa idea enaltecedora del Mundo Ruso, de su cultura, su lengua y su espíritu. Con insistencia, las contrasta con las carencias morales, debilidades y corrupción que atribuye al “Occidente decadente” en su discurso cotidiano.

Convencido de un “excepcionalismo” ruso por su poderío nuclear, tamaño geográfico, recursos naturales, su importancia energética en la Unión Europea y la riqueza espiritual de su tradición cristiana ortodoxa, Putin se atribuye un poder civilizatorio, en campaña para recuperar para la madre Rusia cualquier territorio que sea parcialmente rusoparlante, además, por supuesto, de los antiguos predios soviéticos.

En su epopeya por la gran Rusia, a Putin no lo han detenido ni los 1.300 días transcurridos de guerra ni el millón de bajas rusas entre muertos y heridos. Continúan desafiados los líderes de las democracias occidentales por este resurgido Pedro el Grande.

 

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