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¿Rechazarían los cubanos una intervención de EEUU?

No hay que ser muy perspicaz para advertir que un objetivo clave del Estado de Guerra es utilizar a la población civil en Cuba como escudo humano.

Miliciana en prácticas de tiro en Cienfuegos.
Miliciana en prácticas de tiro en Cienfuegos. Ejército Central Cuba /Facebook

 

En caso de que hubiese en Cuba una invasión convencional de marines yanquis (cosa que no va a ocurrir), ¿se lanzaría sociedad civil en masa a combatirlos, a tirarles piedras a los invasores?

Si la lógica respuesta es que no, entonces de qué «guerra de todo el pueblo» o Estado de Guerra (el mismo perro con collar actualizado) hablan los usurpadores del poder en Cuba.

Hasta para hacer el ridículo hay que tener ciertos límites. Lo que pasa es que hay factores que borran ese límite. Cuando se pierde el contacto con la realidad o cuando la payasada montada está muy bien calculada y deliberadamente envenenada con propósitos bien calculados. Y este último, veneno oculto enmascarado, es el caso cubano.

Primero echemos un vistazo a un ejemplo reciente y harto elocuente al respecto, y luego veremos cuál es veneno que va implícito en esa bufonada.

El Ejército Central de Cuba hace unos días publicó en Facebook la foto que encabeza este artículo en la que se ve a una mujer gruesa de unos 65 años, con un uniforme militar impecable (sin duda es de estreno), que a duras penas ha logrado acostarse en la yerba en medio de un campo y apunta a un blanco inexistente con un viejo y maltratado fusil soviético AK-47, sin balas, pues no está en un campo de tiro para poder dispararlo.

La foto revela la cada vez mayor desconexión de la realidad y el atraso cada vez más lastimoso que se enseñorea por toda la Isla al ritmo de la «continuidad de la revolución».

Con esa foto publicitaria que grafica a la «guerra de todo el pueblo», frase ahora cambiada por Estado de Guerra, chapuceramente preparada, las FAR y los dirigentes del PCC rebasaron todos los límites a la hora de convertirse en hazmerreír masivo. Pero, ojo, eso no les importa. Porque fieles a la filosofía política propugnada por Niccolo Maquiavelo hace casi 500 años, «el fin justifica los medios», la consigna autoritaria que después devino dogma marxista-leninista y fascista.

Fidel les quitó las armas a las milicias «por si las moscas»

Porque no estamos ante una foto una joven miliciana en los años 60, cuando las milicias todavía poseían armas y disparaban de verdad balas físicas. Ni de una mayorcita ama de casa integrante de las Milicias de Tropas Territoriales en los años 80. Es una foto para un «paripé» y con muy malas intenciones.

Estos montajes propagandísticos ridículos comenzaron cuando Fidel Castro hace más de 50 años les quitó a las milicias nacionales los fusiles, baterías de mortero,  las baterías antiaéreas conocidas como «cuatro bocas», y las ametralladoras de trípode calibre 7.62 mm, no fuera ser que las enfilaran contra él y su «revolución».

Para colmo, las FAR publican esta foto días después de la captura de Nicolás Maduro en una sorprendente operación militar de EEUU que dejó al mundo entero asombrado por su perfección. Fue realizada con un inédito despliegue de la tecnología militar más avanzada del mundo, que confirmó que las fuerzas armadas de EEUU son las más poderosas, sofisticadas y efectivas del planeta. De eso tomaron nota en Moscú y Pekín. ¿En La Habana no?

La Operación Resolución Absoluta comenzó con la destrucción o neutralización en breves minutos de todas las fuerzas de defensa aérea de Venezuela y la inutilización de toda la tecnología militar de radares y misiles suministrada por Rusia, China e Irán, y que tanto proclamó «invencible» el ahora inquilino en una minúscula celda de una prisión de Nueva York.

Un arma «misteriosa», dijo un sargento

Un sargento mayor del Ejército venezolano (no reveló su nombre) que estaba destacado en Fuerte Tiuna, donde se escondía Maduro, explicó a un grupo de civiles en Caracas que las fuerzas estadounidenses emplearon un arma «misteriosa», «una intensa onda sónica o tecnología nunca antes vista», que desactivó los radares y en pocos segundos dejó como zombis a los militares defensores de Maduro, sin poder moverse, aturdidos, atontados, y algunos sangrando por la nariz.

«No se parecía a nada contra lo que hayamos luchado antes (…) éramos cientos, pero no teníamos ninguna posibilidad, disparaban con tanta precisión y velocidad (…) parecía que cada soldado disparaba 300 balas por minuto. No pudimos hacer nada», concluyó el sargento, sin salir aún de su asombro.

Y son esas fuerzas cuasi extraterrestres con armas «misteriosas» a las que van a derrotar la población civil, incluyendo los ancianos, según el Partido Comunista. ¡Por favor!

En primer lugar, ya nunca habrá en Cuba una invasión tipo Segunda Guerra Mundial, con soldados avanzando por tierra y cayendo como moscas por los disparos de la infantería, la artillería y la aviación. Eso es hoy material de historia de las guerras en las academias militares.

En segundo lugar, una intervención militar de EEUU en Cuba sería quirúrgica, algo parecido a lo que ocurrió en Venezuela, o quizá aún más «misteriosa».

Escudos humanos, desviar la atención y más control político

Ahora veamos lo que está detrás de la fachada en esta «guerra de todo el pueblo», y de la foto publicitaria en cuestión.

Ya desde que Fidel en los años 60 convirtió a los barrios, comunidades y los ciudadanos civiles en combatientes armados, se violó en Cuba  flagrantemente la Convención de Ginebra, que establece la obligación de los gobiernos de proteger ante todo a la población civil, para lo cual debe alejarla, de objetivos militares y concentraciones de tropas. El faraón cubano pisoteó también los principios fundacionales de la Cruz Roja Internacional y los de la decencia humana.

Convirtió a toda la población cubana en blanco fácil en un ataque militar extranjero, con posibles consecuencias de miles de civiles muertos y heridos en sus zonas de residencia, y en sus viviendas, «sin comerla ni beberla», como dice el refrán.

Dicho más claramente, la «guerra de todo el pueblo» tiene dos propósitos clave, y ninguno de es patriótico. No hay que ser muy perspicaz para advertir que un objetivo clave es utilizar a la población civil como escudo humano.

Como lo han hecho Hamás en Palestina, Hezbolá en el Líbano, Sadam Hussein en Iraq, Bashar al-Ásad en Siria, y otros genocidas en el poder. Colocar hombres y mujeres civiles, con o sin fusiles, en zonas residenciales, bases áreas, unidades blindadas, de defensa antiaérea y otros posibles objetivos a atacar por un enemigo es un crimen de lesa humanidad. Y punto.

El otro propósito es aumentar el control social y político de todo el pueblo y,  a la vez, con ejercicios militares, arengas patrióticas nacionalistas y discursos, desviar la atención de la población del hambre, la miseria, los apagones, el sufrimiento, y el malvivir cotidiano. Mantenerla enfocada en la «defensa de la patria», «la soberanía nacional», etc.

Los cubanos recibirían jubilosos a los invasores, sus salvadores

Pero una cosa es que lo que pretenden los vividores de la cúpula castrista, y otra muy diferente es si los cubanos rechazarían una intervención militar estadounidense.

Es una percepción contraria a la naturaleza humana suponer que los cubanos rechazarían y combatirían contra una intervención militar estadounidense.

En los años 80 yo escuché en La Habana amigos que decían «Aquí podemos soportar un bombardeo con bombas, pero no si lanzan jamones, pues las trincheras se quedarían vacías, todos tratando de agarrar un jamón».

Conclusión: de ocurrir una intervención estadounidense, como quiera que sea, la abrumadora mayoría de los cubanos la recibiría con júbilo. Apoyarían con todo a quienes considerarían sus salvadores.

Las fotos que quedarían para la historia serían similares a las de la gente abrazando y besando a los soldados aliados que liberaban las ciudades de Europa del nazismo. O a los abrazos que daban los iraquíes, incluso soldados, a las fuerzas estadounidenses que derrocaron a Sadam Hussein.

 

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