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Ricardo Bada: Los Beatles, Lecuona, Bird

En este mes de agosto se celebran tres efemérides muy recordables en el mundo de la música; se relacionan con un compositor, una banda y un saxofonista sin los cuales el mundo sería mucho más triste y mucho más pobre de lo que ya lo es, de todos modos.

Se cumplen 125 años del nacimiento de Ernesto Lecuona, que es, con José Martí y José Raúl Capablanca, uno de los tres cubanos universales. Niño prodigio, que ya a los tres años daba conciertos de piano, Lecuona tenía por delante una carrera sin igual como virtuoso, pero renunció a ella para dedicarse sólo a componer, y los melómanos nunca se lo agradeceremos bastante. Me limito a mencionar MalagueñaAndalucíaPara Vigo me voyMaría la O y La comparsa, para remarcar todo lo que le debe a 7Lecuona la música latinoamericana en especial, y la música en general. En algunas biografías le llaman “el Gershwin cubano”, pero Gershwin nació en 1898, cuando ya Lecuona daba recitales de piano a sus tres años. ¿No habría que decir que Gershwin fue “el Lecuona gringo”?

 

 

 

 

Se cumplieron 60 años, el día 17, del primer concierto que dieron Los Beatles con ese nombre (hasta entonces se habían llamado The Silver Beetles), y el hecho tuvo lugar en un local llamado Indra y dedicado al streptease en la Große Freiheit # 64 del barrio hamburgués St. Pauli, en Alemania, en la que se considera “la calle más pecaminosa del mundo”. También fue allí donde grabaron su primer disco, My Bonnie, y donde la fotógrafa Astrid Kirchherr les cambió el look de los tupés a la Elvis Presley por el peinado en forma de escarabajo que los volvería icónicos. Los Beatles, se sabe pero se olvida, nacieron en una ciudad alemana que tan sólo 15 años antes, los bombarderos ingleses habían machacado noche tras noche hasta reducirla a un montón de ruinas.

 

 

 

 

Y se cumplirán el 29 cien años del nacimiento de Charlie Parker. A este genio del saxo alto, a quien llamaban Bird, le enseñaron a tocar los ángeles del cielo y sus grabaciones le aseguran un puesto inmarcesible en la historia del jazz. Es además uno de los padres del bebop, que fue al jazz lo que la Revolución Francesa al derecho divino de los reyes. ¡Adiós al swing y a Glenn Miller, viva la improvisación! Por si todo ello fuera poco, este hombre que murió a los 34 años, minado por las drogas y el alcohol, inspiró dos obras de arte de la más alta categoría: el film Bird (1988), dirigido por Clint Eastwood, y el cuento El perseguidor, de Julio Cortázar. La única frase de Cortázar que me sé de memoria es la que grita Johnny Carter, el alter ego de Bird, cuando deja de tocar y tira el saxo: «¡Esto lo estoy tocando mañana!” Un mañana que ya siempre será hoy.

 

 

 

 

 

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