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Roberta Metsola: No podemos dar Europa por sentada

La Unión Europea no es perfecta. Queda mucho por hacer y mucho por cumplir. Construir mejor. Escuchar más

Este 2024 será el mayor año electoral de la historia. Gran parte de la población mundial estará llamada a votar, incluidos los españoles y más de cuatrocientos millones de europeos. Este año será decisivo. Para España, para Europa y para el mundo. Al votar a los diputados al Parlamento Europeo, los ciudadanos participan en la mayor elección supranacional del mundo. Su voto importa. Nos importa a todos, por nuestra libertad, por nuestros derechos y por nuestro modo de vida. Para nosotros, unas elecciones libres son la piedra angular de la democracia europea, pero demasiados las dan por sentadas.

En las últimas elecciones europeas, el 60,73 por ciento de los españoles acudieron a las urnas. Espero que esta vez sean aún más los que se sientan animados a hacer oír su voz. Sobre todo, teniendo en cuenta que una guerra asuela nuestras fronteras y que ya ha entrado en su tercer año. No dejemos que nadie decida por cada uno de nosotros. Cada voto cuenta para avanzar hacia la Europa que queremos.

En los últimos cinco años, la Unión Europea ha cumplido con su misión con una gestión sin precedentes. Nos hemos unido en defensa de nuestros valores y de nuestro modo de vida. Lo hemos hecho con una gran solidaridad. Hemos conseguido vacunas para todos los ciudadanos de la Unión Europea. Hemos sido firmes en nuestro apoyo a Ucrania. Estamos acercando a nuestros vecinos, reforzando nuestra seguridad colectiva. Porque sabemos que, cuando estamos juntos, somos más fuertes, estamos más seguros y obtenemos mejores resultados.

Hoy los ciudadanos de la Unión Europea están más protegidos en caso de emergencia o catástrofe. Hemos visto bomberos rumanos en España. Pacientes franceses atendidos en hospitales luxemburgueses. Socorristas eslovenos ayudando a Italia. Estonios expertos en cibertecnología apoyando nuestra seguridad.

El histórico acuerdo de la Unión Europea sobre asilo e inmigración, prioridad clave para países que, como España, están en primera línea, establece el equilibrio adecuado entre responsabilidad y solidaridad. Será justo con quienes necesitan protección, firme con quienes no pueden optar al asilo y duro con los traficantes que explotan a los más vulnerables.

Nuestras nuevas leyes europeas sobre el clima significarán aire más puro, ríos y mares más limpios. Nos convertirán en el primer continente neutro en carbono en 2050. Junto con la transición digital, traerán nuevas oportunidades, aumentarán nuestra competitividad y aportarán crecimiento económico. Debemos contar con las personas, sin dejar a nadie atrás. Los ciudadanos deben tener confianza en el proceso y deben poder permitírselo. Debemos ser capaces de amortiguar el impacto económico y social de estas decisiones. Por eso la Unión Europea ya ha destinado miles de millones de euros a apoyar a los hogares y a las industrias españolas para que avancen en estas transiciones gemelas.

Nada de esto ha sido fácil, pero eso hace que nuestros éxitos sean aún más importantes. Hemos desafiado los pronósticos y hemos demostrado que Europa puede dar respuesta a los problemas que preocupan a los europeos. Cuestiones que ningún país puede resolver solo. En este sentido, España puede desempeñar un papel clave en el fortalecimiento de nuestro proyecto común. Hoy en día no podemos imaginar Europa sin la sólida contribución de España, sus instituciones y su gente. Sus vínculos tradicionales con Hispanoamérica y el área mediterránea son un activo que la Unión Europea puede seguir explotando.

La Unión Europea no es perfecta. Queda mucho por hacer y mucho por cumplir. Nuestros procesos pueden resultar a veces frustrantes, también para mí. Pero mi respuesta no es destruir, sino construir. Construir mejor. Escuchar más: a nuestros agricultores, a nuestros jóvenes, a todos aquellos para quienes la promesa de Europa parece aún demasiado lejana. Escuchar más para impulsar leyes eficaces que ayuden a las personas, que atajen la corrupción y los abusos; y que permitan avanzar hacia la erradicación de la pobreza, la desigualdad y la privación de derechos. Tenemos que mantenernos en una senda estable de crecimiento sostenible a largo plazo. Pero introducir la sostenibilidad en nuestro modelo económico debe formar parte de una estrategia más amplia que incorpore a todos los sectores, debe proporcionar incentivos y redes de seguridad reales y, sobre todo, debe funcionar para las personas. Las familias y las empresas europeas tienen motivos para esperar que la promesa de Europa también les beneficie. Debemos escuchar más y con más atención.

Me preocupa que en muchos lugares haya una generación de personas que, a pesar de tener toda la información del mundo al alcance de la mano, sean más escépticas que antes. Es cierto que siempre podemos hacer más –y que podemos hacerlo mejor–, pero en un mundo en el que la guerra ya no es impensable y en el que cada vez menos personas viven en sistemas democráticos, nuestra Europa se ha convertido en una superpotencia de derechos, libertades y prosperidad con la que las generaciones anteriores sólo podían soñar.

Y es cierto que puede que con los años nos hayamos vuelto complacientes con nuestros logros, lo que ha llevado a un auge del populismo que ofrece respuestas falsas a preguntas complejas. Que intenta pintar escenarios en blanco y negro, cuando la realidad es siempre de mil tonos de gris. Se trata de una peligrosa narrativa que intenta simplificar demasiado las cosas. Un relato que amenaza nuestra democracia desde dentro.

Este es el reto al que nos enfrentamos en los próximos meses antes de las elecciones al Parlamento Europeo. No podemos permitir que esa generación retroceda hacia extremos políticos populistas. Por eso el pueblo español debe pronunciarse el 9 de junioHay mucho en juego. Hoy traigo este mensaje a España y lo llevo a toda Europa. Tras las elecciones, habrá 720 eurodiputados en Bruselas, 61 de ellos españoles, dos más que en la actual legislatura. Quiénes sean esas personas y qué defiendan está en manos de los españoles. Ellos darán forma a las políticas y adoptarán la legislación que afecta a toda España y a Europa. De los españoles depende elegir y votar. No demos Europa por sentada.

 

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