Sánchez se juega en Aragón su estrategia de control territorial del PSOE
Alegría es uno de los puntales del movimiento interno para hacerse con las otrora federaciones críticas

Pedro Sánchez y Pilar Alegría en un acto gubernamental
Las excusas de Extremadura no son válidas para Aragón. Pedro Sánchez se la juega en las elecciones del 8 de febrero, donde quedará en evidencia si la debacle del pasado 21 de diciembre fue coyuntural o estructural. El PSOE encara un ciclo electoral adverso, según todas las previsiones, pero el primer impacto, el que sufrió Miguel Ángel Gallardo, se solventó sin ningún tipo de autocrítica por parte de la dirección socialista.
El balance general se limitó a señalar la desmovilización del electorado -reseñando que no se habían identificado fugas significativas de voto a otros partidos, sino que el elector socialista se había quedado en casa- y se apuntó directamente al candidato. «No era el más idóneo», sentenciaron como única explicación, pese a haberle mantenido hasta el final por el horizonte judicial que le liga al hermano de Pedro Sánchez. De Extremadura, Sánchez trató de salir indemne, de Aragón será corresponsable del resultado.
Ahora, el presidente del Gobierno no puede aferrarse como parapeto a un candidato no alineado -Gallardo no formaba parte del oficialismo- porque Pilar Alegría no encaja en este perfil. La candidata socialista fue delegada del Gobierno en Aragón y portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE antes de asumir la cartera de Educación, Formación Profesional y Deporte y poner cara todos los martes a las decisiones del Consejo de Ministros como portavoz del Gobierno.
Por tanto, Alegría es mucho más que lo evidente, una persona de la total confianza de Sánchez, es uno de los puntales de una estrategia de mayor calado a nivel interno, en el plano orgánico, en la que Sánchez ha ido colocando a sus peones para hacerse con las federaciones críticas, el último bastión del poder socialista que se le resistía tras recuperar las riendas del partido en 2017, después de imponerse al aparato. Esta es la primera vez que esta estrategia se mide en las urnas.
Bajo la excusa del relevo generacional o de los cambios en liderazgos que ya no carburaban electoralmente tras la debacle autonómica de 2023, el líder socialista inició una remodelación interna para ir eliminando los últimos contrapesos a su poder. La también secretaria general del PSOE de Aragón es la sucesora de Javier Lambán, otrora representante del sector crítico, y se hizo con el liderazgo de la federación sin someterse a las preceptivas primarias por incomparecencia del rival, de un sector ‘lambanista’ sin posibilidad de armar una alternativa viable.
La falta de tiempo de Alegría será clave el 8 de febrero, pero también el día después. Con un liderazgo teledirigido desde Madrid hasta casi la misma convocatoria electoral anticipada, la candidata no ha tenido tiempo de recoser el partido, lo que puede ser capital si hay un mal resultado, porque las fisuras internas que no se cierran, si no se controla el partido, acaban por abrirlo en canal en los momentos de mayor convulsión. Como es una derrota electoral. En este punto, Gallardo creó un precedente para el futuro. El candidato del PSOE en Extremadura dimitió tras hundir a su partido en su suelo histórico, a 11 escaños del PP y a 7 de Vox. Más cerca de la tercera fuerza que de la cabeza. Las encuestas en Aragón dibujan un escenario parecido.
La ausencia de la candidata sobre el terreno hasta que se hizo evidente el adelanto electoral también lastra sus opciones. Desde hace meses, en el PSOE llevan reclamando que las cabezas de cartel que mantienen cartera en el Consejo de Ministros dejaran sus responsabilidades en Madrid para coger las riendas del partido a nivel territorial.
La tardanza en romper este cordón umbilical con Moncloa o la corresponsabilidad de las decisiones del Gobierno son algunas de las bazas que el PP esgrimirá en su contra. La reclamación para Alegría es extensible a Diana Morant, en la Comunidad Valenciana, o María Jesús Montero, en Andalucía, cuyas expectativas tampoco acaban de despuntar y no son una alternativa en sus territorios.
La teoría del muro
Tampoco el escenario de la izquierda favorece las opciones de Alegría. La división en este espectro, donde concurrirán tres formaciones (Podemos, Sumar y Chunta) a la izquierda del PSOE aleja al partido del poder. Fuentes socialistas consultadas definen el estado anímico del partido de «desilusión», porque asumen que la victoria es imposible. También dibujan un partido que mide bien las batallas que tiene que dar y cómo alcaldes y cargos intermedios están pensando más en las municipales. «Que no nos afecte a nosotros el año que viene», resumen.
En todo caso, Aragón será la siguiente parada de un test de estrés para Sánchez y su teoría del muro. Después del giro a la derecha de Extremadura, con un 60% de apoyo para PP y Vox, el resultado del 8-F servirá para consolidar una teoría, la del péndulo, y dejar en evidencia que el mantenimiento del presidente en el poder esté sirviendo para frenar el avance de la extrema derecha. Lejos de ser un parapeto, parecería un acelerante.