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Sánchez, sin plan para España

Mientras no haya un pacto con el PP por unos presupuestos ajustados a la realidad, todo cuanto haga Sánchez no será más que una carrera de supervivencia

Pedro Sánchez se ha topado a la vuelta de sus vacaciones con un país sumido en la confusión social, política y económica por su incapacidad para liderarlo. Entre la broma de mal gusto del estado de alarma «a la carta», por un lado, y la declaración en rebeldía de sus ministros responsables del sistema educativo y universitario, por otro, el comienzo de curso para Sánchez está siendo un fracaso del que pretende salir con una estrategia de ruido con poco contenido. La amenaza de Unidas Podemos para el caso de que pacte con Ciudadanos los Presupuestos Generales del Estado es el umbral de las reuniones sin agenda que hoy comienza el presidente del Gobierno con empresarios, sociedad civil y partidos políticos. Como la peonza, Sánchez se mueve pero no avanza, porque gira sobre el eje inamovible de un gobierno de coalición incompatible con una política de pactos y reformas de banda ancha y gran calado, que son las que necesita España para encajar las ayudas europeas en un plan creíble de acción de gobierno. Mientras Sánchez se empeñe en tener a Unidas Podemos de socio de coalición, de Gobierno y de confianza, sus reuniones de esta semana son un burdo ejercicio de marketing político para salvar su maltrecha imagen de gobernante desganado.

Ahora mismo, Sánchez busca cómplices en su desgobierno y chivos expiatorios para su fracaso. El mensaje de que Pablo Casado se enroca en el «no» está ya en imprenta, tanto como la adulación a Ciudadanos, como partido muy dialogante y, como se vio en las prórrogas finales del estado de alarma, poco exigente en el cumplimiento de los compromisos. Por su parte, la relación con sindicatos y empresarios seguirá anclada en el señuelo -o chantaje- de las ayudas europeas, pero, sin acuerdos políticos y económicos, la caja de necesidades -ERTE, ingreso mínimo vital, pensiones, desempleo- acabará comiéndose hasta el último euro procedente de Bruselas y el problema de cómo mantener la economía española a flote seguirá vigente.

El presidente del Gobierno está aplazando cuanto puede el momento de reconocer que la crisis económica es de tal envergadura que su socio comunista no le sirve y es un lastre para asumir las condiciones de la ayuda europea. Mientras no haya un pacto con el PP por unos Presupuestos Generales del Estado ajustados a la realidad, todo cuanto haga Sánchez, cuya voluntad de pacto es nula, no será más que una carrera de supervivencia, saltando de Ciudadanos a Unidas Podemos, y viceversa, tantas veces como estos partidos se lo permitan, hasta que, como a Rodríguez Zapatero, la realidad de la crisis se haga insoportable. Y entonces, será tarde para medidas que, ahora, pueden ser eficaces y menos drásticas que dentro de unos meses.

 

 

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