Solano: Quiero mi vieja y mi cerdo (1ª parte)
Esa vieja friendo huevos que pintó Velázquez es el alma de la cocina española antes de las vitrocerámicas
Exijo la devolución inmediata de dos tesoros patrios injustamente ‘secuestrados’ por la pérfida Albión: La ‘Vieja friendo huevos’ y el ‘Jabalí de Riotinto’. Que sí, que ya sé que estamos en plena fiebre de las devoluciones históricas: que si los mármoles del Partenón, que si las monedas de los pecios españoles, que si el perdón a Hernán Cortés por aquello de conquistar el «Nuevo Mundo» con espada, catedrales y gramática. Pues yo, desde esta tribuna de viajes, exijo el viaje de vuelta de mi vieja y mi cerdo. Y sin aduanas.
La vieja friendo huevos lleva siglos pasando frío en Edimburgo, rodeada de escoceses en falda y turistas alemanes en chancletas. Una obra de Velázquez –que, no nos engañemos, pinta mejor que todos los Turner del Reino Unido juntos– reducida a pieza exótica para los amigos de la mantequilla salada. ¿Qué hace allí nuestra vieja? ¿A qué temperatura fríe los huevos? Quiero respuestas. Y una caja de cartón para embalarla. La historia, por cierto, es de novela (de misterio): fue pintada por un joven Diego en Sevilla, en 1618. No se conservan documentos exactos que detallen cómo y cuándo salió de la ciudad, pero lo más probable es que fuera vendida a algún comerciante flamenco. En algún momento del siglo XIX, la pintura habría llegado al mercado internacional, terminando, cómo no, en las suaves manos del coleccionismo británico, ese arte tan bien afinado de confundir el saqueo con la adquisición cultural.
En 1955, la Galería Nacional de Escocia la compró y desde entonces la señora está allí, expuesta como si no importara. Pero sí importa. Porque esa vieja es el alma de la cocina española antes de las vitrocerámicas. Y además, no se equivoquen: esta no es una reclamación menor. Esa vieja nos pertenece. Y no solo porque lo diga la nacionalidad del pintor, sino porque en muchas de las cocinas de este pobre país, aún hoy, hay una mujer que fríe huevos con idéntica dignidad. Esa escena velazqueña es nuestra ‘La Libertad guiando al pueblo’, que en España siempre ha sido un pueblo hambriento. Así que, puestos a exigir –y como ahora todo el mundo exige– yo también exijo que me la devuelvan. Y mañana, le toca al cerdo.