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Soledad Morillo Belloso: El juicio en el Distrito Sur de Manhattan

🚨 ¡CON UNIFORME DE PRESO! Nicolás Maduro y Cilia Flores cara a cara con el juez en Nueva York. El juez rechaza soltarlos y el juicio por narcoterrorismo sigue adelante. ¿Crees que Maduro será ...

 

El 3 de enero de 2026 no fue un día cualquiera: fue el momento en que la historia venezolana hizo un crujido tan fuerte que hasta los vecinos del continente lo escucharon. De pronto, Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, terminaron capturados en Caracas durante una operación militar estadounidense que parecía sacada de una película de acción… pero sin Tom Cruise y sin efectos especiales. En un abrir y cerrar de ojos —y sin pasar por inmigración— los despacharon a Nueva York, donde ahora desfilan por la Corte Federal del Distrito Sur de Manhattan enfrentando un menú de cargos tan variado que sólo falta que les imputen “mala conducta en recreo”: narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína, posesión de armas de guerra y artefactos destructivos, entre otros regalitos. Una lista tan larga que uno sospecha que el fiscal la armó con la misma dedicación con la que se prepara una hallaca navideña.

La Fiscalía los pinta como arquitectos del vandalismo, vinculados al Cártel de los Soles y a rutas de cocaína que cruzaban el Caribe con más frecuencia que los ferris a Margarita. Según el expediente, no sólo metieron la mano en el pote: se llevaron el pote, la tapa, la cucharilla y hasta el mantel y la servilleta. Las penas posibles van desde treinta años hasta cadena perpetua, que en lenguaje de abuela significa “hasta que Dan Juan agache el dedo, la rana eche pelos y un poquito más”.

En las audiencias, Maduro insiste en declararse “no culpable” y “presidente legítimo”, como quien asegura que su arepa está rellena aunque todos vean que está más flaca que un suspiro. El juez Hellerstein lo escucha con la paciencia de un monje tibetano que ya ha visto demasiadas tormentas para asustarse por una nube. No se inmuta, no se altera, no se le mueve un músculo. Es el tipo de hombre que podría ver un elefante entrar a la sala y apenas levantar una ceja.

Pero el verdadero culebrón no está en los delitos, sino en el dinero para la defensa. La OFAC congeló los fondos que Maduro y Cilia querían usar para pagar abogados, lo que llevó a la defensa a quejarse como quien dice: “Queremos usar el dinero que nos congelaron por lo que estamos acusados de hacer, para defendernos de lo que estamos acusados de hacer”. Una serpiente mordiéndose la cola, pero con manicure permanente. La Fiscalía, con una sonrisa invisible pero audible, responde que entre activos aquí y allá suman cientos de millones, quizá miles. Es como escuchar a alguien decir que está pelando cuando tiene la nevera llena y el congelador rebosado.

En medio del drama, el corazón de Cilia decidió sumarse a la trama. La defensa informó que tiene un problema en la válvula mitral, y el juez ordenó un electrocardiograma. Porque en esta telenovela, hasta los órganos internos tienen participación especial.

Afuera del tribunal, los simpatizantes y detractores se gritan como si estuvieran en un mercado de pescado a las seis de la mañana. La policía interviene, los turistas miran, y Nueva York sigue su vida sin despeinarse, porque Nueva York no se detiene por nadie, ni siquiera por un culebrón internacional con sabor a Caribe.

Los expertos dicen que el juicio podría durar años, años de esos que se sienten como cuando uno hace cola para comprar harina PAN en diciembre: eternos, pegajosos, interminables.

Al final, este juicio no es sólo un proceso penal: es un espejo, un circo, un terremoto y una novela caribeña todo en uno. Tiene drama, enredos, giros inesperados y personajes que parecen escritos por un guionista con sentido del humor negro. Lo único seguro es que la historia sigue, y que su desenlace moverá fichas en Venezuela, en Estados Unidos y en cualquier rincón donde alguien esté viendo este espectáculo con cotufas en la mano.

Soledadmorillobelloso@gmail.com

 

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