Cultura y ArtesMúsicaSemblanzas

Soledad Morillo Belloso: Se nos fue Willie, el amor verdadero

Biografia de Willie Colón

 

Hago memoria. Cuando una se hace mayor, no pierde recuerdos, los acumula.

La tarde aquella se abría como un abanico viejo, de esos que guardan secretos en cada varilla. El aire tenía olor a mango maduro y a promesa, y yo caminaba sin prisa, como quien sabe que algo está por revelarse. Caracas estaba en su modo habitual: un poco cansada, un poco altiva, siempre hermosa cuando uno la mira con cariño. Y fue ahí, justo en ese respiro entre sombra y sol, cuando me cayó encima una certeza que no admite truco ni rebusque: ese amor que no se compra ni se negocia, el que se siente de verdad.

No hablo del amor de novela ni del que se anuncia con trompetas. Hablo del otro, del que llega bajito, sin aspavientos, sin necesidad de convencer a nadie. Ese amor que se te instala en el pecho como quien tiende una hamaca y dice “aquí me quedo”. Un amor que no pide recibo ni factura, que no se mide en favores ni en silencios incómodos. Un amor que llega con cadencia de esquina, con tambor de calle, con sonrisa de domingo.

Y yo, que siempre he sido desconfiada de los brillos fáciles, me encontré creyendo en el amor verdadero. Porque hay amores que no se anuncian: se quedan. Te hacen sitio. Te enseñan a respirar distinto. Te recuerdan que uno también merece lo bueno, lo suave, lo que no duele. Ese amor —el verdadero, el que no se vende ni se alquila— tiene un modo particular de decirte “aquí estoy”. No grita. No exige. No dramatiza. Solo marca el compás, bajito, constante, como un son que se te mete en la sangre y te acomoda el corazón.

Y entonces entendí que no era casualidad, ni capricho, ni espejismo. Era presencia. Era raíz. Era ese tipo de amor que no se busca: se encuentra. Que no se fuerza: se reconoce. Que no se presume: se vive. Un amor que, sin prometer nada, lo promete todo. Que te acompaña incluso cuando no está. Que te endereza el paso sin tocarte. Que te mira sin verte y aun así te ve.

Quizás por eso la tarde, de pronto, dejó de ser tarde y se volvió compañía. Y el aire, que antes era sólo aire, empezó a oler a posibilidad. Y yo, que iba caminando sin prisa, descubrí que a veces basta un guiño, un ritmo, una frase que se queda resonando, para recordar que el amor —el bueno, el honesto, el que no se compra ni se negocia— sigue siendo la única verdad que vale la pena repetir. Aquella tarde Willie Colón hizo posible que yo entendiera todo eso, porque esa tarde escuché por primera vez “Amor Verdadero”.

 

Willie Colón

 

Se nos fue Willie, sí. Y yo me quedo como cuando apagan la luz en plena fiesta: con el cuerpo todavía encendido, con el alma buscando el próximo acorde.

Yo lo escuchaba y algo se me acomodaba por dentro. Era como si me dijera: “Anda, suéltate, que la vida es hoy.” Y yo obedecía. Porque ¿cómo no obedecerle a un tipo que te cantaba verdades con picardía, con dolor, con risa, con esa voz que sabía de calle y de ternura?

Hubo días en que lo ponía para espantar tristezas. Otros, para celebrarlas. Willie tenía esa magia: me acompañaba en lo bueno, en lo malo, en lo que no sabía ni nombrar. Sonaba aquello de “Gitana, gitana, gitana…” y ya el cuerpo se me iba solo, como si tuviera memoria propia.

Cantaba “Quítate tú pa’ ponerme yo”, y yo sentía que podía con el mundo, que la vida era una esquina caliente y yo estaba lista para bailarla. Y cuando entraba “El Nazareno me dijo que siguiera”, ay, ahí sí… ahí se me juntaban la fe, la calle, la infancia, la nostalgia, todo en un mismo tambor.

Willie no era solamente un cantante. Era un estado de ánimo. Era un permiso para sentir sin pudor. Era un abrazo rumbero que te decía: “No estás sola, aquí estoy yo con mi coro.”

Se nos fue. Pero su música —esa que no voy a analizar (eso se lo dejo a gente que sabe mucho, como César Miguel Rondón) porque prefiero sentirla— sigue aquí, latiendo como un corazón que se niega a apagarse.

No sé despedirme, lo digo así, a mi manera: Gracias, Willie. Por el ritmo, por la risa, por la herida, por la cura, por el amor verdadero.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba