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Temo que nos quede un camino oscuro y enrevesado hacia la transición

De momento, aunque asustados, los mandamases respiran.

Una calle de La Habana, Cuba                                           Una calle de La Habana (Foto: CubaNet)

 

LA HABANA.- En contraste con los optimistas que ven cercano el fin de la dictadura en virtud del cerco sin precedentes ejercido por el gobierno norteamericano, muchos cubanos que llevan décadas oponiéndose al castrismo –entre los que me incluyo– consideran que, dada la naturaleza del régimen, todavía falta mucho más de lo que deseamos para que se concrete el advenimiento de la democracia.

En mi caso, confieso que nunca antes me he sentido tan desorientado y confundido. La falta de claridad en las informaciones, las tantas noticias que son desmentidas y después vueltas a difundir, los demasiados rumores y elucubraciones, las comparaciones forzadas con situaciones que difieren del contexto cubano, la Delcy Rodríguez y la María Corina Machado que no acaban de aparecer por acá, hacen todo muy confuso y enrevesado.

Matreros y mentirosos, enfermizamente aferrados al poder y a sus fortunas, los mandamases castristas parecen estar dando de largo a las negociaciones con los norteamericanos. Aspiran a ganar tiempo con sus simulacros y subterfugios hasta las elecciones de medio término de noviembre en los Estados Unidos, que de ser ganadas por los demócratas significarían un alivio para ellos.

De momento, aunque asustados, los mandamases respiran. Tienen sus esperanzas en que el gobierno norteamericano está demasiado ocupado en el Medio Oriente, librando la guerra contra los ayatolas iraníes, como para dedicarles demasiada atención a ellos.

No bastándoles los ridículos preparativos para “la guerra de todo el pueblo”, aprovecharon, para su alharaca bélica y presentarse, una vez más, como “víctimas del terrorismo”. Me intriga el mal contado cuento de la infiltración por la costa norte de Las Villas, que, quizá alentada por sus agentes en Miami, estaban esperando los guardafronteras avisados, con las armas prestas a disparar. Y como complemento, el arresto de diez panameños —¡vaya manía con el número 10!— a quienes acusan de venir a Cuba para poner carteles subversivos. Como si en Cuba no hubiera suficiente gente dispuesta a poner carteles y pintadas en contra del régimen. Pero es que necesitan mostrar al mundo que los que se le oponen son instigados y pagados desde el exterior.

A estas alturas del desastre es que se percatan los mandamases de la necesidad de hacer cambios en la economía. No serán de calado, no llegarán a ser las reformas necesarias, será más de lo mismo, conseguirá poco o nada, pero servirá para distraer y embaucar a algunos ilusos. Por lo pronto, para que nadie dude de sus intenciones de “cambiar todo lo que deba ser cambiado”, cambiaron al menos el nombre del programa de gobierno: en vez de ser el Programa de gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía, ahora será el Programa económico y social del gobierno para 2026.

Temo que el gobierno norteamericano, dando cordel y luego recogiendo, como ocurre en el permiso a los particulares para importar combustible, termina beneficiando a los mandamases del régimen, que son los dueños de todo, y más ahora que muchas de las mipymes que no controlan totalmente están forzadas a cerrar, no solo por incosteables, sino también por los muchos obstáculos y traspiés que les pone el Estado.

Los cubanos de a pie en la isla son los que siguen llevando la peor parte en este tira y encoge. Hambreados, exhaustos de tantas vicisitudes, están ansiosos por ver el fin de la pesadilla. Aun así, abren los ojos, pero viéndolo aún todo oscuro, temerosos del peligro tras las sombras, no se deciden a levantarse del maltrecho jergón en que yacen y simulan seguir durmiendo, a ver si otros resuelven el problema, del modo que sea, pero ya.

 

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