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Todo sobre el gólem

De múltiples resonancias religiosas, filosóficas y políticas, la leyenda del gólem es una de las más fascinantes y paradójicas del mundo. Invitación a otros ámbitos culturales, esta nota repasa algunas de sus principales adaptaciones literarias y cinematográficas desde el siglo XIX a nuestros días.

 

 

Pensemos en una creatura hecha con palabras —gracias a los poderes místicos de la Cábala judía y, en especial, del Sefer Yetzirah o Libro de la Creación— incapaz de hablar, realizada con el objetivo de proteger el gueto judío pero que termina por convertirse en una verdadera amenaza.

A diferencia de algunos parientes un poco más marketineros como Frankenstein o Drácula, el gólem mantiene en la industria y en la historia cultural cierto halo no tanto de misterio sino de rareza escabrosa, inexpugnable y hermética. Antes que el monstruo de Mary Shelley el gólem se adelantó a la idea moderna del autómata; su gran monstruosidad radica en el mismo principio: ser un hombre creado por el hombre.

La palabra gólem, que proviene del hebreo, aparece una sola vez en la Biblia, en el versículo 16 del salmo 139, y significa algo “inacabado” o “en formación”. Según una tradición oral, el primer gólem de la historia lo creó nada menos que el nieto de Adán, Enos, al enterarse de que su abuelo no había nacido de madre y padre. Desde entonces la historia de este ser, siempre asociada al exótico reinado de Rodolfo II, ha tenido infinidad de versiones y leyendas. Veamos algunas.

El gólem según uno de los hermanos Grimm

Los primeros registros ubican el nacimiento de la leyenda del gólem en la ciudad polaca de Chelm y su creador es Elijah, un rabino que nació en 1550 y murió en 1583. Siglos después, el 23 de abril de 1808 apareció un texto del célebre autor Jakob Grimm en un periódico literario alemán que, según varias fuentes, constituye la mención más antigua del gólem en la literatura alemana, aunque la historia parece estar inspirada, a su vez, en otro relato en latín de 1714 sobre el mencionado rabino polaco quien, en la ciudad de Chelm, habría muerto aplastado por su propia creación.

Lo interesante es que Jakob Grimm, que compuso este relato cuatro años antes de que vieran a la luz los famosos cuentos para niños escritos junto a su hermano, omite de manera absoluta toda fuente y precisión, como si solo quisiera presentar un cuento oral contemporáneo. Al eliminar cualquier referencia concreta tanto geográfica como histórica, libera la leyenda de cualquier especificidad y genera un notable impacto en la imaginación de los escritores románticos del siglo XIX. De hecho, el breve texto de Grimm impulsó a E. T. A. Hoffmann a escribir “El hombre de arena”, incluido en sus Cuentos nocturnos y que, a su vez, inspiró la famosa canción “Enter Sandman” de Metallica en 1991.

Manuscrito hallado en una biblioteca

La respuesta judía a la secularización de Grimm fue volver a unir la leyenda a un rabino; en este caso, el Maharal Yehudah Loew de Praga. Curiosamente, no fue un cabalista sino un gran educador que, además, tuvo la involuntaria virtud de haber sido contemporáneo del reinado de Rodolfo II, etapa extravagante y fértil para cualquier leyenda.

Para el filósofo Gershom Scholem la figura del gólem se relaciona con un ritual de iniciación; el tema de las labores y trabajos corresponde a una serie de añadidos posteriores. El de 1909 es un año importante en este sentido: se da a conocer un texto del rabino y escritor polaco Judel Rosenberg (1859-1935) que describe de manera exhaustiva la vida de Loew y ofrece detalles hasta entonces desconocidos del gólem. Lo editó, según el propio Rosenberg, al encontrar en la biblioteca de la ciudad francesa de Metz un manuscrito del yerno y discípulo de Loew, el también rabino Isaac Katz que habría participado en la creación del gólem. El libro de Rosenberg, cuya increíble autoría nadie puso en duda, tuvo algunas reescrituras al alemán y consolidó definitivamente el escenario praguense de la leyenda.

Ahora bien, ¿qué es lo que cuenta esa obra supuestamente escrita por el yerno de Loew? Todo lo contrario de Grimm: le da un contexto político e histórico a la leyenda. Durante siglos y en ciudades tan distintas como Múnich, Praga, Viena y Fráncfort, los judíos fueron injustamente acusados de matar cristianos para el uso ritual de su sangre en la pascua judía. Aquellos que buscaban acusarlos plantaban el cadáver de un cristiano en el gueto y luego se encargaban de expandir el rumor. Según Rosenberg, en la primavera de 1580 el rabino Loew, junto a sus dos discípulos —su yerno Katz y Yaakov Sasson—, creó a un hombre con el barro del Moldava. Este ser artificial debía proteger a los judíos de cualquier conspiración; también podía obedecer ciertas instrucciones siempre y cuando fueran básicas y precisas. Sin embargo, un viernes, debido a la falta de labores y trabajos, el gólem enloquece y empieza a destruir el gueto judío. Algunos miembros de la comunidad van a buscar al Maharal a la sinagoga donde está rezando el salmo 92 que anticipa el Shabbat y que prohíbe cualquier actividad. El rabino reflexiona y decide que, como no ha terminado el rezo, aún no es Shabbat y puede desactivar al gólem. Desde entonces el salmo 92 se reza dos veces en la Sinagoga Vieja-Nueva de Praga.

 

Ilustración de Santiago Slabý

El gólem de Gustav Meyrink, un bestseller moderno

La novela que, en un principio, se iba a llamar La piedra de las profundidades es un gran bestseller de la modernidad y volvió a su autor famoso aunque no rico, pues había firmado un contrato por diez mil marcos en una sola exhibición, sin recibir un porcentaje de regalías de las ventas.

En 1911 Max Brod asesoró a Meyrink sobre ciertos temas de la Cábala judía. La colaboración de Brod es crucial en la escritura del libro. La otra parte del éxito se debe a Georg Heinrich Meyer, un verdadero genio de la publicidad que inundó las calles y periódicos con avisos sobre El gólem. La recepción fue entusiasta desde el año de su publicación (1915): la crítica comparaba a Meyrink con autores canónicos como Poe y E. T. A. Hoffmann. Para 1925 El gólem llevaba vendidas nada menos que 222 mil copias. Lo curioso es que la famosa leyenda casi no aparece en la novela: el gólem es más bien una figura amenazante que vuelve cada treinta y tres años. Un presagio funesto. Sobre todo, el gólem es un complemento del narrador y protagonista que, si bien no tiene nombre, al llevarse por error un sombrero de la catedral de San Vito, termina convirtiéndose en otra persona: el tallador de piedras preciosas Athanasius Pernath. La fusión parece ser total y solo se desactiva una vez que el narrador logra acceder a su propio yo, luego de vivir amenazantes encuentros con el gólem, caminar por una Praga cubierta de nieve y pasar una temporada en prisión por una injusta denuncia. Luego de salir de la cárcel, el protagonista busca desesperado a sus amigos en medio del derrumbe del barrio judío que, en efecto, tuvo lugar a principios del siglo XX. Una de las grandes virtudes de la novela es su descripción del gueto sin romantizarlo; más bien exhibiendo su miseria, su desorden y su atmósfera misteriosa. En las descripciones abundan pasadizos secretos, sótanos, pasillos inesperados y habitaciones con varias entradas. Novela de misterio, o incluso terror, su cierre final es cómico. Tal vez fue esa variación sorpresiva la que convirtió a El gólem de Meyrink en una de las obras favoritas de Kafka, Borges y Cortázar.

Los gólems de Paul Wegener

Al director y actor alemán Paul Wegener le impactó tanto la leyenda del gólem que dirigió y protagonizó tres películas sobre el tema. En la primera versión de El gólem (1914) no se retoma la leyenda: en una sinagoga abandonada, un viejo erudito descubre el cadáver del gólem, lo lleva a su casa y lo revive. Desde ese momento, el gólem se convierte en custodio de su hermosa hija pero se enamora de ella. Al descubrir que su amor no es correspondido, se enceguece de furia. La segunda película de Wegener, Golem and the Dancer (1917) es una comedia corta muy extraña en la que el protagonista se disfraza de gólem para conquistar a una bailarina. Ninguno de los dos filmes tuvo repercusión alguna y hoy solo se conservan algunos fragmentos. En cambio la tercera —Gólem, cómo llegó al mundo (1920)— despertó gran interés no sólo en Alemania sino en el extranjero, especialmente en Nueva York. Esta tercera película es la que más se parece a la leyenda del rabino Loew de Praga. En ella el gólem, nuevamente, se enamora de Miriam, la hija del rabino. El amor no correspondido lo lleva otra vez a un furor asesino y a incendiar el barrio judío. Con las casas en llamas de fondo un gólem incontrolable se sale del gueto y entra a un jardín lleno de niños. Todos huyen despavoridos salvo una niña que, con total ingenuidad, se pone a jugar con el recién llegado y accidentalmente le quita el shem —nombre sagrado que le da vida. El gólem se desmorona. El amor, el sentimiento que humaniza al gólem justo en su momento de mayor crueldad, es también la causa de su propia muerte.

El gólem comunista

Jiří Voskovec y Jan Werich son dos actores checos legendarios que trataron el tema del gólem en una obra estrenada el 4 de noviembre de 1931 en su famoso Teatro Liberado. La Cábala brilla por su ausencia. Lo que buscaron fue, por el contrario, recobrar la atmósfera renacentista de Praga para componer una sátira sobre la corte imperial. En ese marco, la figura del gólem, totalmente despojada de misticismo, se convertía en una especie de Hulk tan bondadoso como ridículo.

Ambos actores decidieron luego adaptar la obra teatral al cine y convocaron al director francés Jules Duvivier, que aceptó con una condición: que no fuera una comedia. La época era aciaga; Hitler llegaba al poder y se emitían las leyes raciales en Nuremberg. Con lo cual, Duvivier quería que el personaje del gólem fuera un símbolo de protección de los judíos. Tras muchos obstáculos, la película terminó de filmarse en 1936 en Praga con una coproducción checo-francesa. Voskovec y Werich demandaron a Duvivier por los cambios en el guion y recibieron una indemnización por despido. El actor Jan Werich tendría su revancha en 1951 con El panadero del emperador y el emperador del panadero, otra comedia sobre el gólem cuyo altísimo presupuesto es un botón de muestra de los excesos a los que puede llegar un estado socialista. En ella, Werich tiene dos papeles: el del emperador del Sacro Imperio Romano que no para de enfurecerse porque sus colaboradores no logran dar con el gólem —una especie de estatua amorfa de tres metros de altura— ni de comer como un cerdo burgués. También encarna al panadero, un hombre bondadoso a quien terminan confundiendo nada menos que con el rey por su parecido físico. Lo interesante de la película, que aún hoy se proyecta en República Checa y otros países de Europa Central cada fin de año, es que, si bien es una lograda y divertida comedia que respeta la idea humorística original de Jan Werich, también exuda de manera notable los supuestos principios del régimen acerca del poder de la gente común y la búsqueda de la paz.

 

Juan Pablo Bertazza
Periodista cultural

 

 

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