Trasplante de Corales

El deterioro de los arrecifes coralinos en el Caribe ha llegado a un nivel tan dramático que algunos científicos han propuesto el trasplante de especies provenientes de mares distantes miles de kilómetros para evitar su absoluta desaparición, en un encuentro conservacionista celebrado en Miami que reseña la última edición de los Proceedings de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, al constatar la urgencia de preservar un área que abarca la décima parte de la superficie coralina planetaria, tras los magros resultados de esfuerzos que intentaron abortar la tendencia en los años recientes.
No responde la salvaguardia de esos hermosos monumentos submarinos a una mera preocupación estética –que ya resultaría suficiente- sino de preservar ecosistemas vitales para la economía y la vida social de veinte Estados ribereños, que condicionan el clima de forma más amplia, en un empeño que tropieza con obstáculos burocráticos y legales en un periodo de negacionismo, nada menos que en la superpotencia global.
Esto ocurre a pesar de evidencias que se repiten en cada encuentro científico de la capacidad declinante de los arrecifes antillanos para producir larvas capaces de generar nuevas colonias, como es fácil apreciar a simple vista en la decoloración y fragilidad de las formaciones coralinas, e incluso de su colapso irremediable, mientras son insuficientes las iniciativas para limitar la pesca y el submarinismo deportivo y la siembra de nuevas especies endógenas se frustra por el calentamiento de las aguas.
Y por eso, tras el fracaso de numerosas iniciativas millonarias por la incapacidad de regeneración, surge ahora la esperanza de que otras especies, importadas de hábitats diferentes y remotos en los océanos Indico y Pacífico puedan hacer lo que constituiría un auténtico milagro tras demostrar su resiliencia contra las fenomenales tormentas habituales en aquellas regiones y el asedio de estrellas-de-mar de voracidad pantagruélica.
Es el concepto de eco-reemplazo, en vigencia con otras especies en aguas dulces desde hace más de un decenio, que deberá vencer la resistencia oficial a la introducción de cualquier elemento foráneo, debido a la preocupación, muy legítima, por las eventuales consecuencias negativas derivadas de algún traspiés experimental; un dilema de gran magnitud para el estado de Florida y por eso la conferencia que tuvo lugar en uno de sus lujosos hoteles.
Y no se trata exclusivamente de una prohibición federal a la intrusión de especies foráneas sino a su propagación fuera de los propios Estados Unidos, que podría obviarse en este caso en el marco de instrumentos internacionales como el Triángulo Coralino del Pacífico y la factibilidad del trasplante de manera gradual con un mínimo de riesgo ambiental.
Es lo que propusieron en Miami los expertos Alejandro Camacho, del Instituto Politécnico Nacional mexicano; David Dana, de la Northwestern University de Illinois, y Mikhail Matz, de la Universidad de Texas: un plan en tres etapas, a partir de pruebas de laboratorio hasta alcanzar el verdadero ambiente caribeño, en una estrategia de ensayo y error a diez años bajo estricto monitoreo, como alternativa a la resignación que juzgan inaceptable.
Porque, como advirtieron, los corales han llegado a una instancia crucial y no es tiempo de paliativos sino de soluciones drásticas, con un plan de acción para rescatar de las cuerdas a los golpeados arrecifes antillanos y salvarlos del nocaut gracias al aire renovador de sus parientes venidos desde mares lejanos.
Varsovia, febrero de 2026
