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Trasvase del PSOE a VOX

La estrategia del miedo a Abascal no le sale bien a Sánchez

VOX vs PSOE

 

La estrategia de engordar a VOX para perjudicar al PP parece que no le está saliendo a Sánchez como quería. Fundamentalmente porque el partido de Abascal sube, pero más a costa del PSOE que de los populares. No de otra manera se puede interpretar el hecho, constatado en Extremadura y vaticinado para Aragón por las encuestas, de que los de Feijóo mantienen sus votos, en términos generales, y quienes bajan son los socialistas. Descontados los sufragios que se pierden por la abstención, y dado que la ultra-izquierda no aprovecha la caída sanchista, no cabe más lectura que el hecho matemático de que los votantes que pierde Sánchez van directamente a VOX, sin pasar por el PP. Lo que debería hacer reflexionar al presidente del Gobierno sobre cómo es posible que, haciendo como hace cada día un discurso contra el partido verde, el resultado a la vista es que parte de sus votantes acaben apoyando a Abascal.

La interpretación de que el electorado se está volviendo «fascista», como argumentan incautamente Moncloa y Podemos, es tan absurda como idiota. Tal vez sea que cierta parte de los electores acude a VOX como castigo a quienes no atienden a sus preocupaciones, que el PSOE estaría agravando con políticas woke sobre agricultura, cambio climático, agenda 2030 y, principalmente, inmigración. La regularización de medio millón de ilegales, promovida por Sánchez, no parece que le vaya a reportar rédito electoral alguno, sino más bien al contrario. No porque la gente en España sea racista, que no lo es, sino por razón de que en muchos barrios se está viviendo hoy una problemática derivada de las dificultades de adaptación que genera la llegada masiva de personas de otras culturas. No es lo mismo que a un distrito equis lleguen cuatro inmigrantes que cuatro mil. Si a ello se suman situaciones de no integración o inseguridad, como parece que se dan, la respuesta ciudadana es castigar a quienes con su gestión facilitan la entrada masiva de irregulares, en vez de hacerlo poco a poco, de manera ordenada, analizando cada caso, admitiendo en el país a quienes trabajan o tienen contrato, pero no de manera indiscriminada y sin distinción.

Que la inmigración mueve votos es una evidencia. Algunos no lo han querido ver hasta que se han dado de bruces con una problemática real que subyace bajo planteamientos meramente wokistas o políticamente correctos. En Europa ya ningún país, salvo el nuestro, hace regularizaciones masivas, y en Estados Unidos ganó Trump con un discurso anti-migra. Cierto que las barbaridades cometidas por su policía de inmigración, el ICE, pueden tener un efecto boomerang en las elecciones «mid-term». Los ciudadanos votan en favor de «ordenar» la entrada de inmigrantes, no para que la policía se dedique a matarlos o perseguirlos de manera inhumana. La ley por encima de todo. Y la ley ampara a los inmigrantes a defender sus derechos de forma civilizada.

Cosa distinta es que, conociendo ya los problemas derivados de la inmigración ilegal, el gobierno de Sánchez promueva una regularización masiva que no hace distinción entre personas, porque con los tempos que se han marcado es imposible hacerlo. Si volvemos a ver el domingo que los votos que pierde el PSOE son para VOX, ya sabe Pedro Sánchez por qué debe autoimponerse la medalla.

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