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Tropezones con caída incluida

Desde que comenzó la campaña, la oposición acumula pifies y así dilapidó la ventaja que le llevaba al oficialismo. Las declaraciones de Alberto Fernández sobre las Leliq son el, por ahora, último capítulo.

Inflación. Dólar. Pobreza. Caída del PBI. El Gobierno creía que la campaña sería más que árida: su impericia al manejar la economía había dejado tantos flancos al descubierto que la lógica indicaba que en el camino a octubre podría hacer poco más que defenderse. Sin embargo, a menos de dos semanas para las PASO, en la Rosada no pueden evitar la sonrisa al enterarse del tropezón nuestro de cada día del cristinismo. Tropezón con caída incluida.

Repasemos. El exabrupto anibalesco de preferir al femicida/filicida Barreda a María Eugenia Vidal, el afectado “descubrimiento” de Cristina de la pobreza chavista (“Sorry, hoy con la comida estamos igual que Venezuela”) y el pedido de una Conadep del periodismo y de jueces militantes en la Corte, entre otros.

Se acumulan tantos errores en la campaña opositora que ese desmanejo o descontrol se convirtió en tema central de las columnas de los analistas políticos. Lo esperable era un llamado urgente a la sensatez: desde que comenzó la campaña el kirchnerismo no hace otra cosa que dilapidar la ventaja que le llevaba al oficialismo en las encuestas.

Alberto Fernández lo hizo de nuevo. El domingo se despachó con dos definiciones más que polémicas. Una pasó casi desapercibida en medio del escándalo que despertó la otra, pero no es menor: Fernández sostuvo que para él el precio del dólar está atrasado, lo que equivale a decir que su eventual gobierno devaluaría, lo que es incompatible con otro de sus postulados, defender el salario: devaluación equivale a inflación e inflación equivale a pérdida del poder adquisitivo.

Pero las palmas se las llevó la afirmación de que para aumentar el 20% las jubilaciones (lo que ya había prometido en busca del voto de ese sector, más afín al macrismo) dejaría “de pagar los intereses de Leliq”. Hablaba de las Letras de Liquidez, títulos que emite el Central sólo para bancos para controlar el dólar. Default interno, pensaron muchos.

El oficialismo no debía poder creer su suerte: de pronto podía hablar de economía y que las críticas no fueran para ellos. Martín Lousteau (con argumentos técnicos) y Horacio Rodríguez Larreta (con argumentos políticos) salieron a cruzarlo. Se sumaron a la unánime condena que levantó la idea entre los economistas. “Si usás el dinero del Banco Central para pagar gastos públicos volvés a la emisión monetaria para financiar al Tesoro y esto termina en más inflación y un dólar más caro”, dijo Martín Tetaz. “Todos ya sabemos cómo termina esa película en términos de devaluación e inflación”, coincidió Federico Furiase.

Tal fue la magnitud del pifie de Fernández que Arnaldo Bocco, ex presidente del Central y referente económico K se vio obligado a recurrir al clásico “hubo una malinterpretación”. Según Bocco, Fernández querría pagar la mitad de la tasa que hoy se abona por las Leliq, que está un poco por debajo del 60%.

Fue Roberto Cachanosky quien puso en palabras la duda de unos cuantos: “No sé si lo dijo de puro bruto o está buscando una corrida” (para terminar con la actual pax cambiaria y así revertir el ascenso de Macri). Tal vez, Cachanosky recordaba la campaña de 1989, cuando dos diputados justicialistas, luego ministros de Carlos Menem, dijeron en una gira por Estados Unidos que un gobierno peronista tendría un dólar “recontra alto” y que no le prestaran más dinero a la administración alfonsinista. El resultado de aquellas gestiones fue un incendio que terminó en hiperinflación y el adelantamiento de la entrega del gobierno. Aquellos diputados luego ministros fueron Guido Di Tella y Domingo Cavallo.

Alberto F. sólo fue candidato a algo en 2000. Integró la lista de legisladores de Encuentro por la Ciudad, que proponía a Cavallo como Jefe de Gobierno porteño.

 

 

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