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Ucrania, más cerca de la OTAN

La Alianza Atlántica refuerza su compromiso con Ucrania y los países miembros acuerdan su próxima membresía de forma unánime en un ejercicio de responsabilidad y coherencia

La OTAN da un paso más en su apoyo a Ucrania. El pasado jueves, el secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, escenificó su compromiso al visitar personalmente Kiev por primera vez. Hasta la fecha, han sido varios los jefes de Estado y de Gobierno de países aliados que han viajado hasta la capital, pero ha sido ahora cuando el máximo responsable de la OTAN ha puesto sus pies en suelo ucraniano y se ha encontrado con el presidente Volodímir Zelenski. No es baladí: esta visita, además de adquirir un enorme valor simbólico, supone una verdadera declaración de intenciones y abre una nueva etapa en el equilibrio de fuerzas tras la agresión rusa.

El apoyo atlántico quedó ratificado al día siguiente, con la reunión del Grupo de Contacto en la base militar estadounidense de Ramstein para planificar la cobertura a la resistencia ucraniana. El propio Stoltenberg se pronunció con respecto a la eventual integración de Ucrania en la OTAN, solicitada el pasado 30 de septiembre, y señaló con total claridad que el futuro del país eslavo pasa por incorporarse, antes o después, a la Alianza. En el anuncio ha señalado, además, la conformidad unánime de todos los países miembros, lo que trazaría una hoja de ruta inequívoca que supone, de facto, la muestra de un compromiso y de una unidad cargada de significado.

La estrategia de apoyo a Ucrania debe lidiar, todavía, con un calendario poco predecible. A la próxima cumbre atlántica, que tendrá lugar en Vilna entre el 11 y el 12 de julio, acudirá el presidente Zelenski y para esa fecha, seguramente, se esperan nuevos avances. Pese a todo, como señaló Stoltenberg, la prioridad actual pasa por asegurar la supervivencia de Ucrania, lo que seguirá requiriendo un apoyo decidido y una inversión consecuente por parte de los aliados. La planificación logística acabará por ser determinante en una guerra de larga duración en la que el desgaste prolongado podría acabar decantando las posibilidades de victoria. El apoyo en equipamiento militar resulta también imprescindible y Stoltenberg garantizó el próximo envío de armamento por parte de Holanda y Dinamarca. Asimismo, Alemania, Polonia y Ucrania decidieron establecer un centro operativo para los carros de combate Leopard 2 en territorio polaco. Estos hechos comienzan a evidenciar que los miembros de la Alianza están dispuestos a asumir acuerdos de calado y sostenidos en el tiempo.

Que la OTAN abra la puerta a la entrada de Ucrania es un gesto responsable y coherente que, necesariamente, habrá de marcar el curso de la guerra y el futuro de la geopolítica global. Máxime cuando países como Nueva Zelanda, Australia o Japón acudieron como invitados a la cumbre celebrada en Madrid en junio del pasado año. La extensión de aquella convocatoria demuestra una ambición creciente en la defensa de los países aliados y sus valores, además de evidenciar un alineamiento de intereses estratégicos que debería inquietar a Putin. La previsión es que la guerra sea todavía larga por lo que, en línea con lo afirmado por Stoltenberg, el objetivo prioritario y no negociable es garantizar la defensa de Ucrania, de su población y de su territorio. Sin embargo, la OTAN no debería renunciar a trazar una estrategia a largo plazo. Para ser completamente realistas, además de integrar a Ucrania en la Alianza Atlántica, deberían procurarse unas condiciones de posibilidad tales que permitan imaginar una incorporación de Ucrania en la Unión Europea en un futuro próximo.

 

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