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Una bitácora cubana (CXXV)

 

1 – Es evidente que toda la gravísima problemática que atraviesa hoy la vida de los habitantes de la Isla puede resumirse en pocas interrogantes, encabezadas por esta ¿está viviendo la pesadilla castrista sus momentos finales?

Obviamente, en estas pocas semanas del año 2026 han aparecido decenas de notas sobre el tema. Voy a proceder a comentar/reseñar algunas de las más relevantes, comenzando por el reciente artículo en Washington Post de un destacado periodista, analista y escritor norteamericano, GEORGE F. WILL. Él no se centra en el hoy, sino que hace también un magnífico resumen de la tragedia que trajo consigo  la llegada del comunismo castrista en 1959. Veamos:

-Cuba enfrenta, en el mejor de los casos, un “entropía social”. Un derrumbe generalizado y cada vez más acelerado en todos los órdenes de la vida, las instituciones encargadas de regular la vida diaria de la sociedad, de la ciudadanía, están colapsadas.

Cuba pasó de una utopía “marxista-leninista”, a una “distopía” que recuerda la célebre novela sobre el totalitarismo más extremo del escritor inglés GEORGE ORWELL, “1984”, convertida en un libro de perenne venta, consulta, y recuerdo, porque en sus páginas, escritas en 1948, se asomaban los males de los regímenes autoritarios que habían aparecido en las décadas de los años 20 y 30, el fascismo, el nazismo, y el comunismo.

Nos dice WILL:

“El Museo del Socialismo, también conocido como Cuba, está cayendo en picado en un espiral cada vez más estrecho. El régimen comunista, que lleva 67 años en pie y ha sobrevivido a 14 presidencias estadounidenses (contando dos veces a Donald Trump), podría no sobrevivir a la decimoquinta”.

Sólo en esta década pasada, “más de un millón han escapado; el régimen considera esto en parte como una válvula de escape, exportando disidentes. La mayoría se ha ido a la diáspora cubana en Estados Unidos. «La sociedad cubana es un casco a la deriva, sin rumbo», escribe Juan Antonio Blanco, presidente de un grupo de expertos con sede en Madrid, en el Journal of Democracy. «En medio de la anomia institucional, los ciudadanos de a pie soportan un infierno diario de dificultades cada vez mayores».

Después de afirmar que Fidel Castro murió billonario, Will también destaca que el diario Financial Times informa que hoy los conductores esperan horas para llenar sus tanques de gasolina. La basura se acumula en las calles porque los camiones de recolección carecen de combustible. Las aerolíneas evitan La Habana porque no hay combustible disponible. Los hoteles abandonados, construidos para un turismo que nunca se materializó, se alinean en la costa de La Habana. Los generadores eléctricos de petróleo de la era soviética fallan por falta de mantenimiento. La gente viaja desde las provincias a La Habana para comprar velas caras que duran aproximadamente una hora”.

Un hoy absolutamente distópico. Metida la sociedad cubana, en los últimos 67 años, en la monstruosa camisa de fuerza de un marxismo “mendicante, pordiosero, indigente”.

Cuba, que antes del castrismo tenía una de las economías latinoamericanas más prósperas, pasó a vivir de miseria en miseria, de destrucción en destrucción, con un liderazgo negador de la realidad que buscaba cubrir sus ruindades ideológicas con el dinero provisto por los soviéticos, primero, y el socialismo del siglo XXI chavista, después.

Eso sí, unos pordioseros ideológicos que han llevado una vida fastuosa, absolutamente alejada de las penurias, privaciones y tribulaciones que vivía la población; y con un supremo encantador de serpientes con una verborragia sin límites, como afirma también Will: “Castro puede haber sido el último totalitario carismático que cautivó a la izquierda occidental”.

Desde su muerte, como bien afirma Juan Antonio Blanco, “Cuba ha pasado de ser un Estado comunista a un Estado mafioso”. La verdad, no ha habido nunca mucha diferencia entre ambos. Y siempre en palabras de Blanco, “en Cuba nada funciona, salvo la represión”. Esta debe desaparecer, completamente.

Al igual que se está intentando conseguir, con sus problemas, una futura transición en Venezuela (y esperemos que pronto en Nicaragua), las primeras medidas que deben asumirse empiezan por los derechos humanos, por la liberación plena y con todos sus derechos de todos los presos políticos, el libre tránsito, la libertad de prensa y de asociación, la eliminación de todos los mensajes de odio y su presencia perenne en la comunicación de la sociedad.

Asimismo, dándole al tema de la dignidad humana primerísimo lugar en el debate, observemos que según el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, el 89 % de los cubanos considera que vive en «pobreza extrema». El 72 % considera que los cortes de electricidad son el principal problema de Cuba; el 71 % afirma que es la escasez de alimentos. Solo el 15 % tiene acceso constante al agua corriente. El 70 % no come tres comidas al día de forma regular.

Todo ello forma parte de una reconstrucción de una sociedad civil convertida hoy en una suma de individuos, con muy pocas posibilidades de encuentro, de labor ciudadana, fuera de los controles de la represión castrista.

No será fácil, ni inmediato, pero la tarea está a la vista de todos: la reconstrucción institucional de una sociedad en pleno uso de sus derechos, de sus libertades, asumiendo un futuro por fin lleno de esperanzas.

 

 

Cuba enfrenta apagones récord que afectarán al 64 % del país - Diario Versión Final

2Dos notas de Yoani Sánchez, en DW y en 14ymedio.

 

Destaco de ambas notas estas clarificaciones que deben estar presentes también en cualquier debate sobre el futuro de Cuba:

“Durante el apagón, no es la defensa de la soberanía en abstracto lo que se debate, sino la supervivencia concreta…” Ahora, el verdadero combate diario no es contra un enemigo extranjero, sino contra un modelo que ya no funciona y una retórica que ya no convence. La soberanía más urgente es la de la vida diaria: comer, disfrutar de servicios básicos dignos y poder quedarse en Cuba, pero sin miedo».

Un hecho clave: El contexto externo se ha endurecido justo cuando la legitimidad interna del sistema parece más erosionada.

Porque si bien son “muchas las veces, a través de los años”, que los cubanos alimentamos esperanzas de salida del régimen que se vieron frustradas, “el descontento ya no es susurro, es conversación de esquina, es bronca en la bodega, es hartazgo en la cola de la guagua. Los registros de conflictividad social y protestas reportados por observatorios independientes describieron un 2025 con cifras de reclamos públicos que van en aumento, un termómetro que apunta a un malestar extendido y persistente”.

Ya no hay elegía revolucionaria, ya no hay más cuentos sobre el “yanqui enemigo”, mucho menos echarle la culpa de todo a un bloqueo que solo ha servido como taparrabos de las miserias revolucionarias.

¿Es este el nivel más alto de descontento desde enero de 1959? Nadie cuenta con un instrumento científico de medición para comparar décadas de silencio forzado, pero sí tengo la convicción de que nunca habían coincidido de manera tan visible tres circunstancias: la precariedad material sostenida, la pérdida del miedo en franjas crecientes de la población, y la ruptura del relato épico oficial que durante años sirvió de anestesia y mordaza”.

Por eso, cuando me preguntan si el régimen está en sus últimos momentos, no respondo con frases de optimismo desbocado y fuegos artificiales por un cercano final. Digo que el escenario es inédito y frágil, porque el malestar social ha dejado de ser excepción y se ha vuelto acto cotidiano; porque la economía ya no ofrece margen para comprar lealtades a través de prebendas y porque el contexto externo se ha endurecido justo cuando la legitimidad interna del sistema parece más erosionada.

Los finales, sin embargo, rara vez ocurren como los imaginan los expertos o los profetas. A veces no son un golpe, sino un goteo, un desgaste que conduce a la extinción. En Cuba, la pregunta no es solo cuándo cae el régimen, sino qué país quedará en pie cuando la dictadura termine de derrumbarse sobre nosotros”.

Y sobre la captura de Nicolás Maduro y su esposa: “Aunque las balas sonaron en Caracas, su eco llegó hasta La Habana”.

Esas balas trajeron esperanza a millones de cubanos.

 

GAESA, el emporio económico de los militares cubanos (Video) - Havana Times

3- Emilio Morales y Juan Antonio Blanco, en ensayo publicado por el “Real Instituto Elcano” (“¿Está el régimen cubano próximo a caer?”) afirman lo siguiente:

“Tras la extracción de Nicolás Maduro han aumentado las posibilidades del fin del régimen castrista en Cuba. (…)

El desgobierno provocado por el régimen se ha agravado en los últimos años, dando lugar a una profunda crisis visible en múltiples niveles.

El holding empresarial GAESA, teóricamente controlado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), pero en realidad en manos de la familia Castro, ha permitido un drenaje constante de recursos fuera del área de las políticas públicas que supuestamente eran en favor de la población (…) Alrededor del 60% del petróleo de Venezuela entre 2024 y 2025 fue rexportado a mercados asiáticos por Cuba Metales, una corporación asociada al conglomerado GAESA. El producto de estas ventas iba a parar a sus cuentas bancarias en paraísos fiscales. El 40% que quedaba en Cuba priorizaba las necesidades del aparato represivo y el sector turístico controlado por GAESA. Al final de esta lista estaban las necesidades energéticas de la población”.

“Cuba sufre desde la segunda mitad de 2024 la peor crisis humanitaria estructural, generalizada y crónica bajo el dominio del régimen, una crisis que muestra una tendencia acelerada a agravarse. No se trata ya de una coyuntura económica adversa, sino del colapso simultáneo de los sistemas productivo, energético, sanitario y de provisión social básica, que ha colocado a amplios sectores de la población en condiciones de supervivencia. El Estado ha perdido de manera significativa su capacidad de gobernar y proveer servicios esenciales”.

“Quizás lo más grave para la estabilidad del gobierno no sea la crisis económica per se, sino que el aparato de manipulación psicológica de la población ha perdido la capacidad de moldear la percepción ciudadana. El partido comunista ha enajenado a buena parte de sus militantes y a sus otrora bases de apoyo popular. En su inmensa mayoría los cubanos no creen ni en el partido ni en sus líderes, más bien los detestan, aunque se nieguen a declararlo por razones obvias ante un periodista extranjero”. (…)

“La caída del régimen no es sólo “posible”, sino incluso cada día que pasa “muy probable”. El discurso de atrincheramiento del gobierno cubano es mediocre. Los días del actual régimen de gobernanza cubano están contados. Pueden cerrar esta historia de manera amable o dolorosa, es la única opción real a su alcance.

 

El escritor cubano Leonardo Padura.                               El escritor cubano Leonardo Padura.RTVE

 

4 Leonardo Padura, en nota en El País (Madrid), en su estilo característico:

“¿Qué puede pasar en Cuba mañana, la semana que viene? ¿Asfixia, agonía, colapso? Lo más terrible es que puede ocurrir lo peor (no importa qué, solo que puede ser lo peor), porque lo peor está sobre la mesa de la realidad del país. Como hace poco dijo un colega en estas páginas: hasta las pesadillas pueden tener gradaciones”. (…)

“Téngase en cuenta que la Cuba de 1991 no es la de 2026: la de hoy arrastra una falta de confianza que se ha alimentado con años de carencias, de inmovilismo político y de proyectos de estrategias económicas tan erradas o tímidas que no han aliviado las duras condiciones de vida de una población cada vez más empobrecida, obligada a practicar muy disímiles estrategias de supervivencia”.

 

 

Cuba y los sesenta años de autoritarismo castrista

5Todo lo anterior, se resume, finalmente, en un editorial de Diario de Cuba: “La única guerra en Cuba es la del régimen contra los ciudadanos”.

En su extravío, algunas mentes impulsan una radicalización que se resumiría en la declaración de un Estado de Guerra. Pero lo cierto es que “Cualquiera que sea su significado en clave interna, no hay razones para temer una intervención militar masiva que afecte a los ciudadanos. En todo caso, la familia Castro pretende convertir en causa general un problema del cual solo ellos son responsables”. (…)

“Por tanto, en vez de declarar el Estado de Guerra, el Gobierno cubano debería admitir el «estado de calamidad» del sistema y obrar en consecuencia. Los indicadores de Estado fallido son hoy imposibles de ocultar con la pérdida del control sobre la industria eléctrica, el colapso del sistema sanitario, el aumento de la criminalidad y la renuncia de las autoridades a implementar reformas estructurales. Cuba es un gran aparato de control, cuya única eficiencia reside en la vigilancia y el castigo”.

La ciudadanía cubana exige “el derecho a tener derechos”. Y esa confrontación con quienes lo han impedido por 67 años no puede esperar más.

Marcelino Miyares, Miami, 23 de febrero 2026.

 

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