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Una pausa refrescante

Berlin, Tiergarten

En estos tiempos de crispación e insensatez, se saluda con beneplácito el objetivo asumido por Berlín de plantar 780 mil árboles y multiplicar las zonas verdes en la capital alemana para reducir el calor al horizonte del año 2040.

Varsovia, foto: E.Lach

Es el resultado de la iniciativa ciudadana que el Parlamento aprobó en diciembre, convirtiendo a la ciudad en referencia para el resto del país tras la consecuencia lógica de la constatación científica del incremento insoportable de la temperatura en las áreas desprovistas de vegetación, que reverdecerán ahora gracias al agua de lluvia recuperada con la remodelación de alcantarillado.

El costo para la urbe rondará los 8 millardos de euros, sin duda elevado a primera vista pero razonable si se considera la calidad de vida incremental para una población que en breve alcanzará cuatro millones de habitantes y sigue el ejemplo de la vecina Varsovia, que emprendió en 2017 una campaña para sembrar un millón de árboles, complementarios al 40% de superficie que ya ocupan 85 hermosos parques y 27 bosques municipales en pleno corazón de la capital polonesa.

Parque Mokotow, Varsovia.

Los varsovianos fueron convocados entonces por la Alcaldía a detectar las zonas más áridas e inhóspitas y reportarlas con sus teléfonos celulares a un centro operativo que procedía a confirmar la información y evaluar las posibilidades para proceder a la siembra correspondiente, que arrancó en la primavera del siguiente año con dos mil  sauces jóvenes en las márgenes del Vístula y ya se deja sentir en otras zonas.

Bananos en Rio de Janeiro

Mientras tanto, en pleno corazón de Río de Janeiro, un equipo de agricultores tradicionales ha emprendido la tarea de cultivar híbridos de bananos transportados por trochas de origen indígena y mano esclava para preservar la biodiversidad del parque nacional de Pedra Branca, catalogado como la reserva forestal urbana más grande del planeta y parte de la reserva de biosfera atlántica de la UNESCO.

Es un esquema agroforestal basado en la íntima imbricación de cultivos, plantas y animales, absolutamente en las antípodas de la agroindustria y el monocultivo que, como proclama uno de los promotores significa vida al integrarse en armonía con el bosque, el agua y el espacio y AgroVargem, una organización de pequeños agricultores, vende la cosecha en un mercado callejero semanal.

Xi en acción,Foto: Agencia Xinhua

Mas no siempre fue así, porque cuando el parque se creó en 1974, sus 12.500 hs. excluían por completo la siembra de especies exóticas, por el daño que presuntamente acarreaban para las endógenas y aunque en un principio se pensó en la reubicación, los bananeros originales surfearon la burocracia con carioca picardía,  adaptándose poco a poco.

Incluso el ecosistema puso de su parte, porque las especies dieron paso a una nueva realidad agroforestal, el instituto que controla el ambiente reconoció en 2010 el papel de los granjeros tradicionales como agentes conservacionistas y en 2023 el presidente Lula da Silva limitó por decreto la coexistencia entre las comunidades indígenas y la conservación para cobijarla de las apetencias urbanísticas.

Y cómo olvidar la imagen del presidente chino Xi Jinping, que en días pasados hizo una pausa en los problemas militares, políticos e internacionales y se arremangó el uniforme para dar ejemplo en la campaña de reforestación de Beijing.

 

Varsovia, abril de 2026

 

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