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«Uno de los suyos»: las muertes de dos estadounidenses en Mineápolis se vuelven contra Trump

El presidente, que tenía en la política migratoria uno de sus fuertes, modula su discurso ante el impacto político de la crisis en Minnesota

                       Manifestantes en contra del ICE en MineápolisReuters

«Esto puede tener impacto en los republicanos». Mark, un jubilado de Bloomington, un suburbio al sur de Mineápolis habla de la muerte de Alex Pretti, de 37 años, el hombre que falleció este sábado por disparos de agentes federales.

Todavía no está claro si Pretti estaba muy implicado en política o movimientos sociales. Pero era blanco, ciudadano estadounidense, aficionado a la bicicleta de montaña, con licencia de armas y enfermero de cuidados intensivos en un hospital para veteranos del ejército.

«Era alguien que parecía uno de los suyos», añade desde Mall of America, un centro comercial descomunal al sur de Mineápolis, que alardea de ser el mayor de EE.UU., lleno de gente que no va a las protestas, que no tiene mucha significación política, pero que también está conmocionada con los acontecimientos. «Aquí nunca pasa nada. Y mira como estamos», señala.

Renee Nicole Good también era blanca, también era vecina de Mineápolis, también era ciudadana estadounidense. Además de madre de tres hijos. También murió por disparos de la policía en circunstancias, como mínimo, altamente cuestionables. Dos muertes de ciudadanos que, a la luz de los vídeos grabados por testigos, parecen innecesarias. Y que han desatado la tensión en Mineápolis y agitado a todo el país.

La principal figura detrás de las turbulencias en Minnesota da señales de incomodidad con lo ocurrido. Donald Trump, que decretó el despliegue masivo de agentes federales en este estado demócrata, ha tomado una posición tibia, contra lo que en él es habitual.

Renee Good, blanca y madre de tres hijos, también murió por disparos de la policía en circunstancias, como mínimo, altamente cuestionables

El presidente de EE.UU. se negó a decir si los agentes que dispararon a Pretti actuaron de forma adecuada o no. «Estamos mirando, estamos revisando todo y llegaremos a una determinación», declaró en una entrevista con ‘The Wall Street Journal’.

Trump moduló su posición frente a la de su Administración. En especial, los altos cargos en Washington y Mineápolis del Departamento de Seguridad Nacional y sus agentes federales, que han defendido –contra las evidencias de los vídeos– que los agentes actuaron en defensa propia, que Pretti iba a «masacrar» agentes y que las «verdaderas víctimas» son estos últimos. Una narrativa que es como echar sal en la herida que sufre Mineápolis y buena parte del país.

Según informaciones de ‘Fox News’, un medio muy cercano a la Administración Trump, hay «frustración» en altos cargos de la política migratoria por una comunicación «catastrófica» en la crisis de la muerte de Pretti, por los intentos de retratar lo ocurrido como algo muy diferente a lo que se ve en los vídeos.

«No me gusta el tiroteo, no me gusta», admite ahora Trump. Pero se escuda en el relato de su Administración: que Pretti iba armado. «No me gusta cuando alguien va a una protesta (no era una protesta, era un operativo de detención de un inmigrante) cargado con un arma poderosa y cargada». La postura de Trump refleja que la situación en Mineápolis se ha convertido en un asunto políticamente sensible para sus intereses, y donde podría no estar ganando la partida.

«No me gusta el tiroteo, no me gusta», admite ahora Trump. Pero se escuda en el relato de su Administración: que Pretti iba armado

«Todo el mundo ha visto los vídeos», insisten los manifestantes en Minnesota. Y la imagen de una ciudad tomada por agentes federales, en la que se suceden las muertes de ciudadanos en circunstancias preocupantes, por mucho que sea un territorio demócrata y con el objetivo de deportar a inmigrantes indocumentados, puede jugar en contra del presidente.

La detención y deportación de inmigrantes indocumentados criminales, «lo peor de los peores», como ha clamado la Administración Trump, es un objetivo popular. Pero en Mineápolis hay caos, detenciones indiscriminadas, actuaciones abusivas, violencia y muerte.

Baja tasa de aprobación

Ocurre en un momento en el que las cosas no le van bien a Trump en las encuestas. La aprobación de la gestión del presidente está en uno de los puntos más bajos de su segundo mandato y la política migratoria, que debería ser uno de sus fuertes, no ayuda.

Según el acumulador de sondeos de Silver Bulletin, solo el 42% de los estadounidense le da el aprobado, su nivel más bajo en el segundo mandato, diez puntos por debajo de cuando regresó a la Casa Blanca. Ocurre pese a uno de los grandes logros del multimillonario: el cierre de la frontera, el fin a la entrada masiva de indocumentados.

Según una encuesta de ‘The New York Times’ y Siena University, la mitad de los estadounidenses ven con buenos ojos su gestión de la frontera, pero el 63% -incluido el 20% de los republicanos- le suspende sobre las actuaciones de los agentes federales migratorios como ICE. Y la muerte de Pretti todavía no había ocurrido cuando se elaboró la encuesta.

Trump mantiene que la culpa de la muerte «trágica» de dos ciudadanos estadounidenses es de los demócratas, de su falta de cooperación con las autoridades federales y de que hayan animado a «agitadores izquierdistas». La mayoría de los republicanos se adhieren a esa postura. O están callados, como ha ocurrido con los congresistas de más peso: el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson; y el líder de la mayoría en el senado, John Thune.

Discrepancia entre los republicanos

Esto, sin embargo, no es suficiente para algunos republicanos. Pese al control total que Trump tiene del partido, asoman grietas surgidas de los estallidos de Mineápolis. Por ejemplo, la del senador Bill Cassidy, que se juega su escaño por Luisiana el próximo otoño y que tendrá que competir en primarias contra un candidato al que Trump apoya.

Cassidy ha calificado la muerte de Pretti «increíblemente perturbadora» y ha exigido, contra la posición de la Administración Trump, «una investigación federal y estatal conjunta», ya que las autoridades federales han apartado a las estatales de las investigaciones de las muertes de Pretti y Good, lo que ha provocado críticas sobre su parcialidad.

En un estado tan republicano como Oklahoma, su gobernador, Kevin Stitt, admitió ante la CNN que «a los estadounidenses no les gusta lo que están viendo», y que esas muertes «provocan una preocupación profunda sobre las tácticas y la rendición de cuentas de las autoridades federales». También agregó que Trump «está siendo mal asesorado» en esto.

Otros republicanos que ya se han encarado antes con Trump y que ya no contarán con su favor, también han criticado la situación. La exdiputada Marjorie Taylor Greene defendió en redes sociales que es legal protestar y grabar vídeos -lo que hizo Pretti- y pidió a sus más de cinco millones de seguidores que pensaran cuál sería su reacción si la víctima fuera un seguidor de Trump y quien dispara un agente federal de Joe Biden.

Incluso algún congresista muy leal a Trump, como James Comer, reconoció que se están perdiendo «vidas inocentes» y que pareció favorecer la opción de que los agentes de ICE se vayan de Mineápolis.

Ese es también el grito de guerra en las calles de Mineápolis, donde las protestas se multiplican desde la muerte de Pretti este sábado: ‘ICE out’, ‘fuera ICE’. Y es una opción que ya apoyan de forma abierta algunos republicanos de Minnesota. «Está causando más daño que beneficio», tildó el diputado estatal Nolan West sobre el despliegue de agentes federales. «Tiene que acabar».

La revuelta republicana contra ICE ha afectado a una figura de peso en Minnesota: Chris Madel, uno de los principales candidatos del partido en la elección a gobernador de este año. Este lunes anunció que abandonaba su campaña porque no podía apoyar el «castigo a los ciudadanos de su estado» por parte de su partido.

«Hay ciudadanos estadounidenses, en especial los de color, que viven con miedo. Tienen que llevar su pasaporte para demostrar su ciudadanía», dijo ante una situación que este periódico ha comprobado una y otra vez en Mineápolis, donde los hispanos ya no salen de casa sin un documento que debería ser solo para viajar al extranjero. «Eso está mal».

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