Democracia y PolíticaMarcos Villasmil

Villasmil / Aragón, España: Desconcierto (casi) general

 

Feijóo y Abascal se ven las caras entre ataques de Vox con el relevo de Mazón en el aire

 

Viendo los resultados de las elecciones autonómicas en Aragón, este pasado domingo 8 de febrero, me vinieron a la mente recientes artículos del escritor Arturo Pérez-Reverte, y de José F. Peláez, en ABC.

De ambos, comparto estos párrafos:

APR: “La izquierda en su versión más extrema y analfabeta –la que más ruido hace– maneja la Guerra Civil como un cómic de Marvel: rojos buenos, fachas malos, una Arcadia feliz rota por obispos, banqueros y villanos con gomina y bigote. Todo cuanto no encaje en ese tebeo es blanquear a nazis. No hay matices, no hay contexto. La Historia para ellos no es una disciplina sino un cuento de hadas y hados. Y cuanto menos la conocen, más fuerte gritan. Leer a historiadores serios es sospechoso, citar datos es provocación. Recordar que hubo atrocidades en ambos bandos es de repugnantes fachas.

Pero que nadie se confunda: la derecha no es mejor. Deambula igual de perdida, pero anémica. Incapaz de articular un discurso intelectual sólido, sólo contribuye con torpeza y falta de honradez. Donde haría falta lucidez, ofrece miedo a molestar o simplezas de colegio. Salvo contadas excepciones, la derecha española es incapaz de comentar su pasado o el de otros sin parecer culpable, acomplejada o tonta del ciruelo. En vez de argumentar, balbucea. En vez de leer, improvisa. En vez de explicar, elude. Y a menudo, cuando abre la boca, es para decir alguna gilipollez que refuerza el recochineo adversario. El ruido la supera.

Luego tenemos a la extrema derecha, eco absurdo de un pasado que se obstina en no dejar morir:  gente que habla del 36 con una nostalgia asombrosa, como si el Caudillo fuera un entrañable abuelito cuya ausencia lamentan. Para ellos la Guerra Civil no fue una compleja tragedia desencadenada por un golpe militar ilegal e ilegítimo, sino una cruzada. Su idea de reconciliación nacional consiste en decir que la cosa estaba muy chunga y hubo que enderezarla a sangre y fuego. Es el reverso exacto de la extrema izquierda: misma ignorancia, misma estolidez, distinto uniforme. Dos caras del analfabetismo ibérico gritándose desde extremos opuestos mientras el país se queda en medio, harto y aburrido”.

JfP: “Ya se percibe en Aragón un Extremadura II, es decir, un adelanto electoral ideado para lanzar al PP y frenar a Vox que, probablemente, solo logrará disparar a Vox y frenar al PP”.

***

 

Ciertamente no hubo sorpresas en Aragón; el resultado de Extremadura se repite en buena medida: el PP gana, pero no logra ni de cerca la mayoría absoluta (de hecho, perdió escaños); el PSOE recibe otro varapalo, y Vox es el gran ganador.

En el caso del PSOE, la grave derrota se la gana a pulso una organización política  sometida al ansia de poder de un solo hombre, Pedro Sánchez, que está destruyendo, ladrillo por ladrillo, el más que centenario edificio socialista. Lo ha hecho con tal convicción y afán que el “PSOE” ya no es un Partido, sino una secta; no es Socialista, sino una suerte de populismo caudillista de extrema izquierda; no es Obrero, ya que el voto de los trabajadores hace rato emigró hacia otras parcelas; si no lo creen, vean los resultados de Isabel Díaz Ayuso en los barrios populares de Madrid; y Español, ni de broma, ya que por voluntad de Pedro I, la democracia española está siendo despanzurrada a golpes de concesiones de todo tipo a sus socios-carceleros nacionalistas y extremistas.

Extremadura primero, Aragón luego, pronto Castilla León y Andalucía: los candidatos del PSOE son meros avatares de Sánchez, solo interesado en el control férreo de la organización a nivel regional, para enfrentar mejor posibles tormentas futuras. Sánchez solo desea una cosa, después de casi ocho años en el poder: ser terno heredero de sí mismo. 

El PSOE podría perfectamente cambiar sus siglas por estas (con claro resabio nazi): SS, o sea Secta Sanchista.

Ya Felipe González ha declarado que si Sánchez es candidato en las próximas elecciones generales, él se abstendrá.

Un hecho claramente paradójico: las recientes derrotas del sanchismo, si bien son contundentes, dejan siempre un mal sabor, porque siguen flotando en la atmósfera ibérica estas preguntas: ¿cómo es posible que después de todos los casos de corrupción, de la evidente mediocridad e ignorancia de sus cómplices, compinches y esbirros, millones de españoles sigan fielmente los dictados de un hombre que pone sus intereses personales por encima del bien común, sin importarle, para conseguir su objetivo, mentir, corromper y medrar?

Asimismo, ¿cómo es posible que después de toda esta debacle que cubre como nube negra ominosa a España el Partido Popular no solo no crezca, sino que se vea estratégicamente superado – una y otra, y otra vez- por su némesis de la ultraderecha? (Estemos claros: la ultraderecha, como sus congéneres de la ultraizquierda, no es democrática).

 

***

 

La portavoz del PP en el Congreso de los diputados, Ester Muñoz, ha declarado que en Extremadura (y en España) «la gente está votando gobiernos de derechas» y que, por lo tanto, no se entendería que «con cifras del 50-55 por ciento de voto alguien se dedique a egos partidistas o personales».

Que me disculpe esa señora, pero eso no es cierto; la derecha -el PP- en Extremadura sacó el 43%, y el resto de la votación fue al populismo de ultraderecha de Vox. Algo parecido sucedió en Aragón.

Es asimismo curioso que el argumento -impulsado por el PSOE- de que PP y Vox son casi lo mismo, ya lo asume parte de los medios de comunicación hispanos. Desde los tiempos de Mariano Rajoy la izquierda le ha estado ganando la batalla cultural al PP.

Mientras, al parecer algunos en el PP se empeñan en ver a Vox como unos “hermanos extraviados”, que siempre escogerán volver al redil derechista para parar al socialismo. Bullshit.

Como recuerda también Peláez, ¿Qué más tiene que hacer Vox para que el PP se dé cuenta de que no son sus socios sino sus rivales? ¿Qué niveles de ingenuidad hay que tener para esperar honestidad de un partido cuyo único objetivo es dividir al PP, destruirle y finalmente sustituirle?

El crecimiento que está teniendo Vox en las elecciones regionales no puede ser una buena noticia para los demócratas hispanos porque refleja, además de la perplejidad estratégica del PP, la decadencia del sistema político español.

Mala cosa si el futuro de la democracia española  fuera el tener que escoger entre dos enemigos de la democracia, Sánchez y Abascal. 

Silvio Abascal, caudillista donde los haya, en materia de ambiciones de poder absoluto no tiene nada que envidiarle a Pedro Sánchez. Un dato al respecto:

Pasadas las más reciente elecciones al parlamento europeo Abascal decidió abandonar el grupo liderado por Giorgia Meloni y cuadrarse con el de Viktor Orban, Marine Le Pen y Matteo Salvini (rival directo de Meloni en la derecha italiana), vale decir la ultraderecha más rancia y retrógrada.

Peor aún: Abascal forma parte de un grupo del parlamento europeo (Patriotas por Europa) amigo y aliado de Vladimir Putin.

Más claro imposible.

 

 

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