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Villasmil: Calma y cordura

 

“Calma y cordura” es una de esas expresiones a las que se acude, luego de haber sido usada -e inmortalizada en la cultura nacional- por un ilustre venezolano de cada vez más amable recuerdo, Eleazar López Contreras. «Calma y cordura» fue un llamado a la prudencia de López Contreras, presidente de Venezuela (1936-1941) para guiar la difícil transición del régimen de Juan Vicente Gómez hacia una futura gobernanza menos dictatorial y más institucional, un lema que resurge para exhortar a la serenidad -y seriedad- analítica y estratégica en momentos de crisis.

En Venezuela estamos ahora en la difícil ruta de salida de la crisis de 26 años de chavismo/madurismo-, y de una crisis que nació, creció y se extendió por tantos años, no se sale en un día. Ni en una semana.

Ciertamente no se sale con voluntarismo, buenos deseos o, peor aún, con estallidos emocionales, rayos y centellas verbales si las cosas no ocurren como uno piensa (o los influencers en las redes sociales) que deberían suceder, modelo “genio en la botella”, con Trump de genio dándonos graciosamente los deseos que los venezolanos le pidamos. No pasará con Trump -y de hecho, con ningún otro presidente, primer ministro, jefe de Estado, gringo o de otras naciones importantes-.

Por algo esta frase de quien fuera un recordado primer ministro británico del partido Liberal, William Gladstone, ha sobrevivido por casi dos siglos: «Inglaterra no tiene amigos permanentes, tiene intereses permanentes»; un principio central de la realpolitik.

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Pensar y actuar con calma y cordura es lo que exige esta nueva etapa nacional. Como dice el amigo Nelson Chitty, “esta no es una novela de pocos capítulos” (aunque tampoco queremos que sea una telenovela turca de las actuales, con centenares de emisiones). O como afirma César Pérez Vivas, Este elefante hay que comérnoslos por partes” -dicho que usaba mucho el inolvidable Oscar Yanes-.

Convengamos que digerir el discurso de Trump y sus acompañantes del día sábado 3 de enero al mediodía no fue fácil; soy de los que piensa que quien mejor habló ese día fue el jefe del Estado Mayor al explicar con detalles cómo había sido la “Operación Resolución Absoluta” (nombre adecuado para lo que ocurrió). Mientras, el presidente empresario, reconozcámoslo todos, realmente no sorprendió. Trump es Trump; como afirma otro amigo, es como un reloj parado, dará la hora exacta al menos dos veces al día; el resto del tiempo, bueno, le encanta dar espectáculo y producir sorpresas. Recuérdense todos sus dimes y diretes en este año en el cargo: que si Canadá tenía que ser el estado 51 gringo; que si Groenlandia debía ser también gringa (tema al que acaba de volver hace poco);  que él terminaría la guerra Ucrania-Rusia en un día; que la solución al conflicto Israel-Palestina concluiría, entre otros hechos, con la construcción de resorts playeros, siendo el más importante, el “Trump-Gaza”; y, por supuesto, su particular aporte a la política económica, los aranceles, que han tenido a todo el mundo -en especial su propia gente- intentando superar toda clase de tribulaciones financieras.

Creer en una literalidad de piedra de las palabras de Trump es una ingenuidad. Obviamente, uno de sus intereses primordiales es el negocio petrolero (que recordemos que ni es gringo, ni se lo robamos, la historia es clara, por décadas las relaciones entre los EEUU -léase bien: las compañías petroleras norteamericanas, así como de otros países- y los Gobiernos criollos siempre tuvieron el norte del mutuo beneficio, y así funcionó, en buena medida, el asunto).

Es la hora de la cabeza fría, de la calma y la cordura del liderazgo opositor, especialmente Edmundo González y María Corina Machado. Deberán lidiar (en el sentido de “tratar y comerciar”) con el toro catire gringo, a quien siempre habrá que reconocerle que se atrevió a hacer lo que nadie más había hecho, y con perdón de mis amigos juristas, sin pararle a un derecho internacional diseñado para otras épocas y tragedias (como aceptan, cada día, más analistas y estudiosos, entre ellos el expresidente uruguayo Sanguinetti). Como venezolano la escogencia entre las opciones posibles era obvia, sobre la defendida especialmente por la izquierda mundial, encabezada por la mexicana Scheinbaum, el siempre omnipresente en nuestros asuntos, Lula da Silva, o incluso los hispanos Zapatero y Sánchez, combo destinado a seguir diseñando desgracias para sus ciudadanos.

Por otra parte, generalmente se considera positiva la presencia en todo el proceso por venir de Marco Rubio, ya que si la transición venezolana se da sin problemas, ni violencias que afecten la postura hacia Trump del electorado norteamericano (otra de sus prioridades, porque en noviembre son las elecciones de mitad de periodo, que hoy lucen algo embravecidas para los republicanos), Rubio, de origen cubano, podrá usar un positivo resultado de la transición venezolana como ejemplo a seguir en una futura lucha por la libertad de Cuba (y para sus propias aspiraciones presidenciales futuras).

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La prensa mundial anglosajona del domingo cuatro ofreció una rara coincidencia en los titulares: “Trump captured Maduro and will run Venezuela”. El idioma inglés, rico siempre en una variedad de interpretaciones de cada palabra, nos da estas posibilidades de traducción de “to run”: correr, tener, ejecutar, dirigir, organizar, funcionar, publicar, huir, manejar (algo), llevar, competir, realizar, ejecutarse, gobernar, gestionar, caminar.

Cada quien escoja la traducción de su preferencia. A mí lo que me interesa es que el proceso transicional (gestionado, organizado, realizado, etc., aparentemente con los gringos en la jugada) conduzca lo más pronto posible hacia una Venezuela libre, soberana, democrática, en paz y justicia, con un futuro de progreso general.

Y bajo liderazgos legítimos.

Hay que mencionar a unos compatriotas que por desgracia se les sigue olvidando en las consideraciones de muchos, especialmente la actual jerarquía norteamericana: la ABSOLUTA, INSISTAMOS, ABSOLUTA PRIORIDAD DE LA LIBERTAD DE NUESTROS HERMANOS, LOS PRESOS POLÍTICOS. Y no por chorritos ni cuentagotas…¡DE TODOS!!!!

Por ello, celebro las palabras, el pasado domingo cuatro, del papa León XIV sobre nuestro país (seguramente ese gran amigo de Venezuela, el secretario de Estado Parolin, tuvo algo que ver):

Esta fue la mención del Papa sobre Vene zuela (tomada de la fraterna página “Reporte Católico Laico”):

«Con ánimo de gran preocupación, sigo el desarrollo de la situación en Venezuela. El bien del querido pueblo venezolano debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración, llevar a superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el Estado de Derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno y trabajando para construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia, con especial atención a los más pobres, que sufren a causa de la difícil situación económica. Por eso rezo y les invito a rezar confiando nuestra oración a la intercesión de Nuestra Señora de Coromoto y de los santos José Gregorio Hernández y sor Carmen Rendiles».

Amén.

 

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