Villasmil: Comedia ¿tragedia? de equivocaciones
Pete Hegseth, secretario de defensa
“Every why hath a wherefore”. (Todo porqué tiene un por tanto).
William Shakespeare, “La Comedia de las equivocaciones”
Constantemente uno recibe consejos, mensajes y advertencias sobre posibles ataques, hackeos e intentos de robo de nuestra información en las redes sociales. Uno hace lo posible por protegerse; no es que uno sea parte de una red poseedora de información ultra confidencial, o miembro de una secta conspiranoica, sino que no se puede ser indiferente ante la posibilidad de que alguien robe los cuatro cobres que uno tiene en alguna cuentica de banco.
Como ha señalado un experto en seguridad cibernética, “un chat solo es tan seguro como las personas que lo utilizan”. En lo personal estoy en pocos chats, sencillamente porque no tengo tiempo para estar horas viendo mensajes que muchas veces son viejos y repetidos, o fake, o tocan temas que no me interesan, u ofrecen opiniones de supuestos genios analíticos porque tienen una cámara y un micrófono. Es sorprendente la facilidad con que algunos buscan sermonear y predicar, incluso regañar, a nosotros los mortales de a pie que no tenemos su sabiduría a la hora de eructar en algún podcast opiniones sobre las elecciones europeas, la inteligencia artificial aplicada a la gastronomía, los problemas de la bolsa y de los bolsas que siguen apostando en ella, o los nuevos aranceles de Trump, que sustituyen a los aranceles con los que amenazó la semana pasada, y que serán prontamente enmendados por los que seguramente anunciará la semana que viene.
Se abre ahora la cortina, y entran en escena los que pudieran ser perfectamente descendientes de Moe, Curly y Larry, los otrora famosos Tres Chiflados. Eso sí, los actuales han crecido en número, y tienen altos cargos en el nuevo Gobierno de Trump: Michael Waltz (Asesor de Seguridad Nacional), Pete Hegseth (secretario de Defensa), JD Vance (vicepresidente), John Ratcliffe (director de la CIA), entre diversas presencias importantes.
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¿Por qué los menciono? ¿qué fue lo que ocurrió recientemente con ellos en el Gobierno MAGA? En pocas palabras, el llamado «Signalgate», la mayor brecha de seguridad en la historia reciente de Estados Unidos y la primera crisis real del gabinete Trump.
Lo sucedido es que los mensajes entre estos funcionarios en un chat creado por Waltz dentro de la red social Signal revelaron detalles operativos de los ataques contra la milicia huti en Yemen que se realizaron días después. Signal es una plataforma de mensajería privada y de llamadas, de código abierto, que compite con WhatsApp, y en la que están millones de ciudadanos de todo el mundo. Y lo peor es que nadie sabe cómo, Waltz, el “Asesor de Seguridad Nacional” (¡qué ironía!) incluyó sin darse cuenta en el chat (que al parecer violaba protocolos de seguridad nacional de los EEUU) a Jefffey Goldberg, editor en jefe de The Atlantic, prestigiosa revista de análisis fundada en 1857.
No deja de ser otra gran ironía que el participante en el chat mejor informado, y más competente intelectualmente, Goldberg (a quien sigo y leo desde hace años), fuera el único que no estaba supuesto a estar presente.
Porque también es cierto que muchos de los funcionarios participantes en el chat no tienen las credenciales para ejercer el cargo que poseen. El ejemplo más notorio -que ha generado incluso molestias entre senadores republicanos- es Pete Hegseth, el secretario de defensa, quien posee como méritos para el cargo haber sido un oficial -mayor- retirado de la Guardia Nacional, presentador de Tv, y -lo más importante- amigo de Trump.
Por cierto, Hegseth causó controversia en los días de su confirmación por el Senado por su aparente afición a la bebida y, más importante, por tener el cuerpo lleno de tatuajes extravagantes. Claro, nadie osaría decir que es un venezolano tatuado y, por ende, miembro del Tren de Aragua.
Como todo debe reconocerse, hay que aceptar que desde James Forrestal (el primer secretario de Defensa) hasta hoy, ningún otro ser humano en el cargo ha posado sin camiseta con el glamour de nuestro Pete. Carece de rectitud, pero le sobra pulcritud.
Nuestro modelo ¿no afirmó asimismo que el brote de sarampión en Texas se debía a que los niños estaban mal alimentados?
En realidad, Hegseth recuerda esta frase de cierto autor inglés: “Un hambriento villano de rostro delgado, una mera anatomía” (William Shakespeare, “La Comedia de las Equivocaciones”).
Trump debería crear un premio llamado “El secretario del mes”; si lo hiciera, los vencedores del mes de marzo -en meritorio empate- serían el secretario de Defensa Hesgeth y el creador del chat, Michael Waltz.
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Para los altos cargos presentes -y ausentes, como Trump- no hubo “violación de la seguridad nacional”.
El director de la CIA, John Ratcliffe, y la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, presentaron los siguientes martes y el miércoles (25 y 26 de marzo) ante el Congreso la «evaluación de amenazas» anual de la comunidad de inteligencia. El titular de la reunión fue que ambos funcionarios restaron importancia al peligro para la seguridad nacional de la ya famosa discusión sobre operaciones militares planeadas en Yemen.
Gabbard declaró ante esa comisión del Senado que «no se compartió ninguna información clasificada» en el chat, y además «no recuerdo los detalles exactos de lo que se incluyó allí.» Ratcliffe, el jefe de la CIA, dijo de forma similar a los senadores que no recordaba los detalles del chat, pero luego afirmó: «No he participado en ningún mensaje del grupo Signal relacionado con ninguna información clasificada en absoluto.»
Encima de piratas, desmemoriados. ¿Sabrán acaso lo que significa “información clasificada”?
Nunca ha habido tantos altos cargos vinculados con labores de inteligencia que fueran menos inteligentes.
Pero ello, bien se sabe, es condición indispensable para el puesto. Porque Trump no ha buscado empleados capaces y preparados, solo aduladores y sicofantes.