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Villasmil: De los conejos chavistas a las jutías castristas

Es bien sabido que no se puede ser comunista y tener sentido del humor; la dialéctica marxista lo prohíbe (Marx, al parecer, tenía muy malas pulgas, y no solamente en su barba).

También es conocido que no hay régimen comunista que produzca riqueza económica; los siempre fallidos experimentos en economía marxista han conducido al callejón sin salida de tener que darle la razón a la señora Thatcher, al menos en uno de sus dichos más conocidos: “El socialismo fracasa cuando se les acaba el dinero…de los demás”.

Las tribulaciones económicas de los marxistas comenzaron a cambiar con la sabia y pragmática frase de Den Xiaoping: “No importa que el gato sea blanco o negro; mientras pueda cazar ratones, es un buen gato». La misma sirvió para justificar lo que algunos llaman “la economía de mercado socialista, o sea el aterrizaje del capitalismo –en su formulación más salvaje, por cierto- con honores, himno y fiestas patronales, para salvar los muebles al comunismo chino. Luego, más recientemente, Vietnam siguió el ejemplo de sus vecinos. Y siempre dentro de la arquitectura del pensamiento marxista, los socialdemócratas en todas las latitudes se dejaron de eso del materialismo histórico y de la superestructura económica, para entrar en el camino de ladrillos amarillos de la libre empresa.

¿Y qué del humor?

Nada más lejos del marxismo que la frase atribuida a un presidente venezolano, Carlos Soublette. Durante su segundo mandato, en el año 1843, Soublette asistió al ensayo de una obra donde al parecer lo satirizaban. Al llegar pidió al director que actuaran como si él no estuviese ahí. Con  temor hicieron lo que les pedía. Al terminar, se acercó al director, asegurándole que no le afectaba lo que se decía en la obra y formuló su famosa frase: «La república no se perderá porque el pueblo se ría de su gobernante. La república podrá perderse cuando el gobernante se ría de su pueblo”». El marxismo-leninismo tiene más de un siglo riéndose a carcajadas de los ciudadanos que por mala suerte caen bajo su control.

Pero nada como el castro-chavismo, ese engendro de tiranos liderado por dos fallecidos, Fidel Castro y Hugo Chávez, para aportarle al marxismo, si bien no enjundia económica, al menos razones para producir risa que ya hubiera envidiado el mejor y más serio de los Marx, don Groucho.

Vayamos primero con el venezolano: dentro de su muy conocida heterodoxia económica, Chávez –y su discípulo Maduro- propusieron, a lo largo de los años, diversos proyectos para superar la racionalidad de la empresa privada y de la economía de mercado: los gallineros verticales (que se instalarían en cada residencia), la ruta de la empanada, o peceras en tanques ubicados en cada casa.

 

Los “gallineros verticales” fue una idea que le vendió a Chávez un conuquero, Rubén Laya, y que consistía en que en cada apartamento unifamiliar se podría reservar un espacio de un metro por 60 centímetros, donde se  tendrían tres gallinas, fuente de alimento ideal para toda la familia. Según el experto, se conseguiría medio cartón de huevos a la semana.

 La idea genial más reciente fue el Plan Conejo, según el cual, bajo un “proyecto piloto” se le entregó a quince familias venezolanas un conejo que, conocida su capacidad reproductiva, pronto sus vástagos sustituirían en la dieta familiar a la carne de res y al pollo. La cosa no funcionó, pero la falla no se debió al gobierno socialista ¡jamás! sino a que –en palabras del ministro Bernal, padre de la idea conejil- “los ciudadanos no siguieron el plan al pie de la letra; luego de varias semanas, cuando volvimos a visitar a cada familia, encontramos que habían adoptado a los conejitos como mascotas, con nombre y lacito incluidos”.

 

 

Como si lo anterior no fuera suficiente hubo incluso una candidata al parlamento por el chavismo en 2015 que sugirió la siembra de “maticas de acetaminofén” (???)

 

 

El aporte castrista al humor se dio desde los primeros días de la revolución; Fidel Castro aseguraba que bajo su conducción se crearía una nueva raza de vacas, mezclando Holstein con las criollitas Cebú. Ello se ubicaba, además, en el desmesurado –la desmesura es una característica esencial de todo comunista metido a economista– plan del “Cordón de La Habana”, con el cual se autoabastecería la capital, y Cuba se convertiría en uno de los grandes productores de leche y carne del planeta.

El fracaso fue de campeonato, pero ello no generó algún propósito de enmienda, al contrario. Su discípulo Chávez declaró en 2011 que si Castro no salía mucho en público era porque estaba dedicado a la investigación científica. ¿Los frutos? Castro apareció exaltando las virtudes de la moringa (“moringa oleifera”, árbol caducifolio originario de la India), que según él aparentemente podía sustituir a la leche tradicional. Raúl Castro, en su más reciente discurso en la Asamblea Nacional, olvidó mencionarla.

Hace poco uno de los más viejos comandantes, Guillermo García Frías (joven de apenas 91 añitos, que llegó a ser segundo jefe del III Frente Oriental comandado por Juan Almeida) acaba de anunciar, como jefe de la Empresa Nacional de la Flora y la Fauna, que la nueva estrategia alimentaria de la revolución se basará en la cría de avestruces africanas (las cuales, según GGF “producen más que una vaca”), la cría de cocodrilos y el consumo de jutías – mamíferos roedores propios del Caribe- que poseen “un nivel de proteína superior a todas las carnes y una piel de alta calidad”.

Con la llegada del Internet y las redes sociales a Cuba, país donde si bien el régimen no tiene humor sus víctimas no lo han perdido a pesar de los pesares, las originales y jocosas respuestas en las redes sociales a estas exóticas propuestas no se han hecho esperar.

 

 

Y es que, como bien dice Yoani Sánchez, burlarse del poder es comenzar a derribarlo.

 

 

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