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Villasmil – Elecciones: el régimen de nuevo quedó ponchao

 

Al momento de escribir estas líneas, con un régimen que ha hecho el ridículo planetario con su fracasado intento electoral, los tuits van y vienen, algunos de ellos enfocados en explicar lo inexplicable, otros en denostar e insultar a todos (incluso enviados por varios que se llaman opositores) y otros son auténticas joyas descriptivas de lo sucedido este 6-D, con mensajes como los siguientes:

“Es como una gran pita nacional pero en silencio” (Susana Rafalli);

“Hay más gente en la cola de gasolina que en los centros de votación” (Tulio Ramírez);

“El PSUV se adjudica hasta Carolina del Norte” (Luis Carlos Díaz);

“A Farewell to perniles” (Joaquín Ortega).

Este último es muy especial, dedicado a ese Mercenario Mayor, José Luis Rodríguez Zapatero:

“¿Qué tendrá o sabrá Maduro para que Zapatero se arrastre de semejante manera? (Cayetana Álvarez de Toledo).

 

José Luis Rodríguez Zapatero

 

 

Ni Maduro es un presidente legítimo, ni Claudio Fermín, Falcón y similares son opositores legítimos. Todos ellos lideraron un fracaso anunciado, una campaña trivial, una engañosa, frustrada y fraudulenta elección.

Varias características tiñen los argumentos del sector colaboracionista: nunca han hecho el más mínimo esfuerzo hacia la unidad opositora o, en todo caso, la mencionan como un hecho que debe ocurrir, pero solo en torno a ellos; borbónicamente, ni olvidan ni aprenden: al analizar sus rotundos y continuados fracasos, culpan siempre a los ciudadanos que abrumadoramente se abstienen de hacerles caso. Suponemos harán lo mismo en estos días porque jamás han realizado aunque sea el más microscópico mea culpa.

El único mérito –si así se puede llamar- que les queda, es por ahora haber sobrevivido a sí mismos, que no es poca cosa.

Todos ellos, chavistas y sus amistades, demostraron el 6-D que son autoritarios sin auctoritas. Los libros de historia del futuro no los tratarán amablemente. Quienes se dicen opositores son solo una sombra que acompaña a los autores del crimen; con trampa o sin trampa los alacranes y los representantes de la mesita no movieron ni convencieron a nadie.

Por intentar legitimar a la dictadura nunca se ganaron la legitimidad ante los votantes opositores a la tiranía. Violando la constitución, se toparon con uno de los más contundentes actos de desobediencia civil en la historia patria.

 

***

 

Nos recuerda Gary Klein que las metáforas no son simples adornos del lenguaje. Ellas afectan lo que vemos y cómo lo vemos; nos ayudan a estructurar nuestro pensamiento, a darle claridad, e incluso condicionan nuestras simpatías y reacciones emocionales. Un ejemplo sencillo: una mujer al reclamar a su novio que “nuestra relación no va a ninguna parte” está usando la metáfora de un viaje para evaluar su relación. Las metáforas deportivas son siempre populares; ¿recuerdan la descriptiva “Chávez estás ponchao”, del movimiento estudiantil venezolano?

La campaña del fraude electoral de la tiranía (y sus compañeros de viaje) del 6-D solo ofrecía chantajes y amenazas como la desafortunada “quien no vota no come”; no mostraba a un grupo de demócratas, sino un grupo de genocidas y corruptos.

Maduro buscaba desesperadamente mantener su poder, que ya es pasado. Para Juan Guaidó y la Asamblea Nacional, en cambio, una elección es una confrontación entre propuestas de país, de un país que nos incluya a todos, que elimine los odios del mensaje gubernamental. Según la lógica chavista, todo es válido a la hora de ganar como sea, incluso, si se pudiera, sin realizar las elecciones; con Chávez y Maduro, las únicas metáforas que funcionan son las de la guerra.

Son conocidas las metáforas sobre el ejercicio de la política que derivan de hechos de guerra. Las metáforas guerreras tienen la peculiaridad de que pueden cruzar límites ideológicos y partidistas. El uso por candidatos de extrema derecha es común, mientras que Robert Michels observaba en 1915: “Casi no existen expresiones de tácticas o estrategias militares, expresiones de argot cuartelero (barracks slang) que no aparezcan una y otra vez en la prensa socialista.” ¿Y no fue Mao Tse-Tung quien afirmó: “la guerra es la política con sangre; la política es la guerra sin sangre”?

Sin duda alguna de quien deben haber aprendido más Chávez y Maduro es de su maestro Fidel Castro (quien lo aprendió a su vez de Joseph Stalin). Para ellos no hay idea, mensaje, metáfora o narrativa que no sea utilizable si sirve para el fin supremo: mantenerse en el poder, un fin que justifica cualquier crimen. Una metáfora que le queda bien al desgobierno chavomadurista, en su vergonzosa relación con la gerontocracia cubana, es la de “gobierno títere.”

Mientras, la oposición democrática no apela a métodos criminales, a la violencia, al atropello, a aberrantes amenazas como las de Diosdado Cabello; apela a la dignidad, al sentido de ciudadanía, a una indignación que crece y que a pesar de todo lo vivido y sufrido busca expresarse republicanamente.

Por ello, la “guerra de narrativas”, entre tiranos y opositores, entre violencia y ciudadanía, el 6-D le dio una contundente derrota a la tiranía. La calle no miente: la impresionante soledad en ciudades y pueblos es la de un régimen que apenas logra sobrevivir por la fuerza bruta.

 

***

 

La oposición ha seguido reiterando que su posición es sólida e inconmovible: la defensa de la constitución nacional. Y con ese ánimo de rescatar la institucionalidad y valores democráticos se convoca la Consulta Popular de esta semana.

Defender la constitución implica que toda la corrupta institucionalidad chavista, hoy cada vez más sumida en la hoguera de sus pasadas vanidades, entienda que el futuro de la nación sólo pasa por el cese de la usurpación y una ordenada transición que conduzca hacia unas elecciones presidenciales y parlamentarias realmente libres.

El pueblo venezolano, harto de tanta incompetencia, odio y traición al país, ha sabido distinguir los demócratas de los verdugos y traidores.

Por ello, la mejor metáfora, la que se impone estos días decembrinos, fue beisbolera: el régimen y sus secuaces quedaron ponchaos.

 

 

 

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