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¿Elecciones o votaciones?


Henri Falcón y Nicolás Maduro

 

“Lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible”

Charles Maurice de Talleyrand

Parece que la alternativa del título le da lo mismo a la dictadura y a algunos opositores, que olvidan que no se puede defender la constitución violándola. Y es que a ciertos opositores lo que les importa es que no los dejen por fuera como la guayabera, en ese ejercicio masoquista que constituye ir a unas elecciones ilegalmente convocadas con frialdad castrista, con un CNE ilegal y teledirigido por un Tribunal Supremo ídem, con un rechazo nacional e internacional y con un resultado ya cantado. El gobierno aprendió muy bien la lección de diciembre de 2015. Ya en Venezuela –al igual que en Cuba- solo se puede votar, nunca elegir.  

La última vez que lo hizo –elegir libremente, que no simplemente votar- fue el 16 de julio pasado, en una magnífica muestra de ciudadanía (millones dentro y fuera del país) dispuesta a alzar su voz a favor de la democracia y la libertad, en contra de los designios de la dictadura de elegir una Asamblea Constituyente inconstitucional.

Ante la nueva convocatoria a elecciones, encabezando el desfile candidatural al servicio de la legitimidad del régimen –ninguna sorpresa- se encuentra Henri Falcón, defenestrado ex-gobernador de Lara, a quien las encuestas lo muestran, cual rey desnudo, con un alto grado de impopularidad dentro de la tropa política criolla; el hombre es casi tan impopular como Nicolás Maduro. No se da cuenta de que quiere ser pretendiente sin ni siquiera llegar a ser contendiente.

Juan Luis Hernández, en un excelente trabajo, nos ha mostrado cuál es la situación real de Falcón y sus huestes; un breve resumen:

 

  • -Henri Falcón es bueno en las encuestas  y malo en los resultados electorales.
  • -Henri Falcón perdió la gobernación de Lara en 2017 con la más alta diferencia de votos a favor del oficialismo en todo el país.
  • -En Lara, en dichas elecciones a gobernador, se produce la caída más grande de la oposición a nivel nacional, en las parroquias más pobres, en comparación con los resultados de 2015.
  • -En Lara, con Falcón de candidato y gobernador en ejercicio, la oposición obtiene el porcentaje más bajo de votos entre todos los estados grandes. 
  • -Los partidos que acompañan a Falcón tienen muy poca fuerza. En las elecciones a alcaldes, el pasado diciembre, sacaron el 14.6% del total de votos opositores. 

 

La realidad es que la aventura falconiana ha tenido fecha de caducidad desde el mismo día 1; no es una candidatura de oposición sino de legitimación, no es una real alternativa, sino un mero eco de la voluntad tiránica. Falcón pareciera que se siente más a gusto patrocinando en Washington el fraude electoral en compañía del embajador madurista, que reuniéndose, por señalar un solo ejemplo, con la Conferencia Episcopal.

Ya es hora de que Falcón conozca la afirmación de Talleyrand –y que repetía el torero andaluz Rafael Guerra, “Guerrita”- “lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible”.

Y llegamos a un punto fundamental del actual debate político nacional:

Como afirmara en uno de sus tuits Héctor E. Schamis, colaborador de El País (Madrid), muy pendiente de la situación venezolana: La dictadura de Maduro es, en los hechos, un régimen de partido único. La elección no es para elegir un presidente sino para que la MUD legitime dicho régimen manteniéndole la fachada de democracia competitiva. Ni los Castro lograron eso».

Así es, ni los Castro. Personajes siniestros cuya presencia y poder en Venezuela solo fueron reconocidos por los dirigentes partidistas opositores cuando la Iglesia Católica puso los puntos sobre las íes en esa materia –como lo ha hecho asimismo en otras, como llamar al régimen lo que ya era, una clara dictadura, o reafirmar los deberes constitucionales de las Fuerzas Armadas-.

¡Si tan solo el liderazgo partidista encabezado por Falcón, que hoy se pone al servicio de Maduro, tuviera algunos gramos de la claridad ética y estratégica de nuestros pastores religiosos! Entonces otro gallo cantaría, y la ambigüedad dejaría de ser marca de fábrica de la actual política nacional.

En lucha contra una dictadura, la población espera orientación y guía, claridad estratégica, previsión y no improvisación, unidad del liderazgo y no discordia anárquica. Hoy la mayor luz y guía sensata proviene del exterior y de la Conferencia Episcopal y de voceros religiosos como el padre Luis Ugalde. También amplios sectores de la sociedad civil y algunas organizaciones partidistas han alzado su voz contra los designios de la tiranía.

Es indudablemente válida la pregunta del padre Ugalde en una entrevista de hace algunas semanas: “Si los obispos pueden decir una realidad clara del país, ¿por qué los partidos no, si ese es su oficio?”

Es por ello también pertinente preguntarse: ¿cómo pueden pedir apoyo quienes no son capaces de dárselo entre ellos? ¿O hay que olvidar, por citar un ejemplo, la trastada que intentó hacer Manuel Rosales en el Zulia, en contra del legítimo gobernador, Juan Pablo Guanipa? Luego vienen e incluyen al traidor Rosales entre los negociadores en República Dominicana, como si nada.

Para colmo, viene otro prominente dirigente de Un Nuevo Tiempo (el partido al parecer propiedad de Rosales), Enrique Márquez (quien fuera vicepresidente de la Asamblea Nacional), y declara que “Henri Falcón es una pieza fundamental de estos tiempos”, “es uno de los nuestros, es un miembro de la oposición”.

Difícil conseguir al menos una declaración de Márquez que no le haga daño a la alternativa democrática; pero esta no solo es una estupidez por lo que afirma, sino que contradice claramente la información suministrada por la MUD de que Falcón, con su acto de ruptura de la unidad, quedaba fuera de ella. ¿Entonces cómo es el asunto?

Concluyamos con lo dicho, de manera firme, por la Conferencia Episcopal:

“La dirigencia política debe asumir responsablemente la difícil y real situación: la comunidad internacional ha declarado abiertamente su convicción de que la actuación del gobierno es inaceptable. La dirigencia de los partidos políticos ha sido en muchas circunstancias deficiente e incoherente. Deben abrirse a buscar un consenso con los diferentes sectores de la sociedad, pues una condición imprescindible es el reconocerse y lograr una unidad política que va mucho más allá de las alianzas electorales”.

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