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Villasmil / Latinobarómetro 2017: La democracia en descenso

La Corporación Latinobarómetro dio a conocer los resultados de su encuesta regional, la realizada este año 2017. La encuesta fue iniciada en 1995 por una oenegé chilena, sin fines de lucro. Latinobarómetro es la única responsable de la producción y publicación de los datos.¿Qué investiga esta encuesta? El apoyo popular a la democracia, la satisfacción con el funcionamiento democrático, con la economía y la sociedad, es decir, los asuntos públicos en su conjunto, usando indicadores de opinión que miden actitudes, valores y comportamientos.

El Latinobarómetro ha acompañado por 22 años la evolución política y económica de América Latina. El estudio coloca a la vista de todos el sentir de los latinoamericanos, país por país –salvo Cuba, por razones obvias relativas a la alergia de la dictadura castrista a todo lo que suene a transparencia informativa, y a que se le pregunte a sus ciudadanos lo que piensan sobre su hermosa realidad socialista- respecto a sus gobiernos, sus instituciones, sus problemas más agudos, sus percepciones sobre la situación socio-económica y sobre diversos temas nacionales, regionales e internacionales. 

Ésta es la entrega número 20 de la encuesta desde que comenzó a hacerse.  En las veinte mediciones el proyecto ha hecho un total de 374 mil 468 entrevistas. 

El estudio contó este año con el apoyo de diversos organismos internacionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Instituto de Integración de América Latina (INTAL, con el cual se inició una alianza estratégica en 2016), el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), y con la colaboración del gobierno de Noruega y del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) de la Cámara de Diputados, en México.  

La encuesta de 2017 se realizó en 18 países de la región, con muestras nacionales de entre mil y mil 200 ciudadanos por país, para sumar un total de 20 mil 200 entrevistas realizadas entre el 22 de junio y el 28 de agosto. La mayoría de ellas se hicieron en julio, pero la situación política y social en Venezuela extendió la duración del levantamiento allí hasta fines de agosto. 

¿Qué es lo fundamental del resultado de este año?

El análisis muestra que desde el 2010 la aprobación a los gobiernos viene cayendo, así como crece la percepción de que la región está al servicio de unos pocos grupos privilegiados, que son los únicos que consiguen beneficios reales (nada menos que un 75% de los entrevistados piensa eso).

Es muy significativo que la disminución del apoyo a la democracia sigue, de forma lenta, pero constante; es un dato sumamente preocupante. En este 2017 alcanza el 53%, una disminución de ocho puntos porcentuales en relación con el 61% obtenido en 2010.

¿No debería preocupar a las dirigencias políticas que a un 25% de latinoamericanos le es indiferente la forma de gobierno que rige en su país? ¿O que “la satisfacción con la democracia” –indicador de desempeño- bajó de 34% a 30% entre 2016 y 2017?

El país más satisfecho es Uruguay, con un 57%, y el menos Brasil, con un 13%. Chile, por su parte, se ubicó sexto, después de Argentina, con un 36%.

La aprobación a los gobiernos va por la misma vía descendente en toda la región; si en 2009 era de un 60%, hoy es de solo un 36% (dos puntos porcentuales menos que en 2016).

“¿Cuánta corrupción hay? Medida con una escala de 1 a 10, donde 1 es “nada” y 10 es “mucha”, ninguno de las instituciones u organismos medidos obtiene menos de 7.1. Los grados de corrupción percibidos en la región son muy altos.

Los latinoamericanos ubican el grado de corrupción de los gobiernos en el 7.5, el congreso, las municipalidades y los tribunales de justicia en el 7.4. Los sindicatos y las grandes empresas en el 7.1. Un juicio lapidario”.

¿Y cómo le va a los parlamentos? La institución del parlamento es una de las instituciones de la democracia que concita los menores grados de confianza. El país que más confía es Venezuela con 37%, seguido de Uruguay con 34%, y el país que menos confía es Paraguay con 10% seguido de Brasil con el 11%”.

Los partidos políticos no lo hacen mejor:

“La confianza en los partidos políticos es la más baja de la lista de instituciones de la democracia, y de las medidas en el año 2017. Sólo un 15% de los latinoamericanos confía en los partidos políticos. El mínimo que han alcanzado es 11% en el año 2003, el máximo fue 28% en el año 1997, hace veinte años.

El país que más confía en los partidos políticos es Uruguay con 25%, y el que menos Brasil con 7%. La baja confianza en los partidos políticos coincide con la atomización de los sistemas de partidos que está teniendo lugar, así como con la crisis de representación y el desencanto con la política”.

En palabras de Marta Lagos, directora ejecutiva de Latinobarómetro:

«La democracia latinoamericana, desde 2010 al menos, contrae una suerte de diabetes invisible, no alarmante, con un lento y paulatino declive de múltiples indicadores, distintos según el país y el momento, que permite de alguna manera ignorarlos como fenómeno social. Sin embargo, vistos en conjunto, estos indicadores revelan el deterioro sistemático y creciente de las democracias de la región”.

Sobre las diversas coyunturas electorales se nos dice: América Latina no se queda corta de elecciones. En el año 2017 ha habido y habrá once elecciones de todo tipo en 7 países, y en el año 2018 once elecciones en 8 países. En 2017 tocan solo dos elecciones presidenciales, mientras en 2018 son cinco. Estas elecciones presidenciales suceden en un nuevo ciclo político que ya está bastante dibujado, y en un escenario mundial muy diferente a los anteriores”.

“Estas cinco elecciones en 2018 se realizan en un escenario político electoral complejo, con alto número de candidatos, con sistema de partidos debilitados, con un gran número de nuevos movimientos y con liderazgos extra partidos, independientes. Sin duda el sistema de partidos está en un momento de dificultad en una gran parte de los países de la región”.

Al final, los votantes van delante, la elite y nosotros los cientistas sociales, definitivamente detrás de los acontecimientos, sin poder anticipar lo que viene”. “No hay explicaciones en blanco y negro”.

Sobre Venezuela y el estado de la democracia se hace una mención especial, que merece ser citada completa; se titula “La paradoja de Venezuela”:

“Históricamente Latinobarómetro ha medido las mismas preguntas en Venezuela que en el resto de la región. La diferencia es que el indicador principal de la democracia, el apoyo al régimen ha tenido un comportamiento paradojal con los apoyos más altos en promedio que otros países, al mismo nivel que el apoyo de Uruguay, el país más democrático de la región. No se condicen estos resultados con la evaluación experta del estado de la democracia venezolana.

En esta ocasión, donde el estudio se aplica en la cúspide de la movilización social con motivo de la asamblea llamada por el oficialismo que contó con el fuerte rechazo de la oposición, vemos que el indicador de apoyo al tipo de régimen aumenta de 77% a 78%. Mientras en el mundo líderes fustigan las medidas del gobierno como no democráticas y califican a Venezuela como una dictadura o un régimen autoritario, los venezolanos siguen apoyando la democracia como tipo de régimen como si no pasara nada. ¿Cómo entienden los venezolanos la democracia? es la pregunta que surge de estos resultados. El otro abordaje tiene que ver con una confluencia de demandas democráticas desde los extremos enfrentados, los que, aún con posiciones bien diversas, coinciden en que dicho sistema es el medio para lidiar con los problemas del país. Otra variable explicativa queda descartada: no se puede suponer que las múltiples empresas que han postulado a la licitación de la aplicación del estudio a lo largo de los años han medidos todos, todos los años mal, de tal manera de producir el mismo sesgo en los mismos períodos y en la misma proporción.

La manera cómo los venezolanos entienden la democracia es sin duda distinta de la manera como responden los ciudadanos de otros países de la región que se refieren a su democracia, y cómo apoyan esa democracia.

Si miramos la satisfacción con la democracia en Venezuela, ahí sí podemos observar los impactos de la crisis. En Venezuela la satisfacción con la democracia disminuye entre 2016 y 2017 de 24% a 13% con una caída de once puntos porcentuales y con una diferencia de 17 puntos porcentuales debajo del promedio regional.

Finalmente presentamos los datos de Venezuela del indicador para quién se gobierna. Este es aún más paradojal por dos motivos, en primer lugar está por encima del promedio regional y en segundo lugar porque aumenta de 18% en 2016 a 25% en 2017.

Es decir que los venezolanos apoyan la democracia, no están satisfechos con ella, y sólo el 25% dice que se gobierna para todo el pueblo”.

Quiero destacar, ya llegando al final de la nota, de manera especial este párrafo, que debería alarmar y preocupar a toda la región:

“América Latina ha tenido notables avances en la autoexpresión de sus ciudadanos, el crecimiento económico ha tenido un efecto esperado, con la disminución de las tasas de fertilidad, la atomización de las familias, y el acceso a bienes de consumo por partes significativas de la población; observamos también el materialismo y su impacto en los valores, cuando los pueblos se preocupan de los asuntos más materiales que espirituales, con las consecuencias morales que ello implica: el relajo de los estándares éticos, el aumento de la corrupción, la violencia y la delincuencia. El proceso de desarrollo en América Latina ha sido dispar, dejando el desarrollo de las culturas sin liderazgos que las guíen, mientras el liderazgo de los elementos materiales del desarrollo se han tomado todo el escenario” (…) Quizá la ausencia de liderazgos sociales y políticos es la mayor de las carencias de la región, mientras la presión por el crecimiento se toma las agendas como una meta que sustituye todas las otras”.

Terminemos con un dato positivo: El incremento de la clase media entre 2013 y 2017, de 36% a 41% ( a pesar de la tragedia venezolana, agregamos nosotros). Lo cual indica que la economía, con todos sus problemas, es percibida con mejores resultados que la política. Ello, aunque “el 39% de los latinoamericanos califica la situación económica de su país como mala, frente a un 14% que la evalúa como buena”.

Como se señala al inicio: “El año 2017 muestra dos extremos, por una parte se acentúa el declive de la democracia, al mismo tiempo que los avances económicos de la región indican la menor cantidad de hogares con dificultades para llegar a fin de mes, desde 1995. El crecimiento económico y la democracia no van para el mismo lado. (…) Los avances se ven en los indicadores económicos, no en los políticos y sociales. Es como una disociación entre dos mundos, el mundo de la economía, y el mundo del poder político”.

Los latinoamericanos siguen opinando, con su voto, y con trabajos como el Latinobarómetro, pero ¿alguien los oye?

 

A continuación, el enlace a la encuesta completa, en pdf:

Informe Latinobarómetro 2017

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