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Voces de cambio en el sector no estatal cubano

  • Autor: Carmelo Mesa-Lago, Roberto Veiga González, Lenier González Mederos, Sofía Vera Rojas, Aníbal Pérez-Liñán
  • Editorial: Iberoamericana-Vervuert
  • Fecha: 2016
  • Páginas: 207 págs.
  • Ciudad: Madrid

¿A dónde va Cuba? Hace un año, la política parecía ofrecer una respuesta a esta pregunta. El deshielo entre La Habana y Washington, promovido por Barack Obama y Raúl Castro, parecía destinado a consolidarse durante la presidencia de Hillary Clinton. El embargo seguiría existiendo, pero la economía cubana avanzaría en su lenta liberalización al tiempo que Estados Unidos limitaba sus restricciones comerciales.

Al final no ha resultado ser así. La victoria inesperada de Donald Trump ha llevado a la Casa Blanca a un individuo volcado en deshacer el legado de su predecesor. Las relaciones entre la isla y la superpotencia se han enfriado rápidamente. Hoy pocos esperan noticias alentadoras en este frente.

Así las cosas, este informe, coordinado por el catedrático de economía de la Universidad de Pittsburgh, Carmelo Mesa-Lago, dirige su mirada a un ámbito más dinámico y esperanzador: el de los trabajadores no estatales. Se cumplen diez años desde que Raúl Castro emprendiera su programa pragmático para liberalizar la economía cubana, aún dominada por el sector público (el Estado acaparaba el 72% del empleo en 2016). El objetivo original era dinamizar la economía cubana al tiempo que se mantenía su estructura política. Un proceso similar al que en su día iniciaron regímenes comunistas como los de China y Vietnam, si bien el gobierno cubano se ha negado, a lo largo del proceso, a sacrificar los logros de la revolución en ámbitos como la educación y la salud pública. Las reformas no han estado exentas de altibajos. Cuba continúa luchando por mantener tasas de crecimiento elevadas, y el mercado laboral no ha logrado reabsorber a los casi 800.000 empleados públicos despedidos desde 2009 con el fin de reducir el tamaño del sector estatal.

Entre 2014 y 2015, el equipo de Mesa-Lago entrevistó a 80 trabajadores no estatales en la provincia de Habana. Pertenecen a cuatro categorías básicas: trabajadores por cuenta ajena (“cuentapropistas” o emprendedores), usufructuarios de tierras estatales, compradores y vendedores de viviendas, y socios de nuevas cooperativas. El entrevistado medio es hombre, blanco, de en torno a 41 años de edad y con educación superior, lo que hace suponer que mujeres, afrocubanos y ciudadanos con educación primaria se encuentran subrepresentados en este sector. En ocasiones se ha advertido de que la apertura económica de Cuba, si bien beneficiosa para quienes estén en condiciones de aprovecharla, puede dejar atrás a los sectores más desfavorecidos de la población. Con todo, la mayoría de los entrevistados no parecen depender de remesas de familiares en el extranjero para realizar su actividad.

Los principales problemas que encuentra el sector no estatal quedan bien reflejados en el estudio. El primer obstáculo es el elevado precio de los insumos y la ausencia de mercados mayoristas, una queja que es frecuente escuchar a lo largo de la isla. Le sigue la excesiva burocracia, regulación e impuestos elevados, unido al poco interés del Estado en potenciar la actividad privada. El escaso y caro acceso a internet también se menciona como un problema a la hora de publicitar negocios, pero ocupa un puesto menos destacado. A pesar de estos obstáculos, un 80% de los trabajadores entrevistados por el equipo de Mesa-Lago expresa satisfacción con su negocio.

Para mejorar la situación del sector no estatal cubano, el informe propone medidas en línea de las defendidas en otras ocasiones por Mesa-Lago. Entre ellas destacan suprimir los procedimientos burocráticos, permitir que se establezcan mercados mayoristas, ampliar la lista de ocupaciones que pueden desempeñar los trabajadores no estatales (actualmente el Estado reconoce 201 ocupaciones diferentes; los autores sugieren que sería más sencillo explicitar cuáles no están autorizadas y permitir el resto), liberalizar el sector y reducir impuestos. “Que le den al guajiro más chance para cultivar”, en palabras de uno de los entrevistados.

El alcance de este estudio es limitado. Como los autores advierten, se trata de resultados indicativos antes que una muestra científica. Pero ante la falta de datos sobre este sector (los estudios del gobierno cubano son de consumo interno), este informe arroja luz sobre un sector creciente y dinámico de la economía cubana.

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