Vox surfeando el tsunami
Vox ya se empieza a ver como un agente que bloquea el cambio en lugar de uno que lo acelera

La buena noticia para los políticos es que cuando la ola viene a favor, da igual lo que hagas; la mala es que cuando viene en contra, también. Hay momentos en los que todo encaja, los acontecimientos se conjuran en tu favor y los lunes llegan plácidos como los de un delantero en racha: tus puntos fuertes encajan con las oportunidades, los acontecimientos acentúan las debilidades del rival y las encuestas te hacen vivir en una luna de miel con el electorado. Se llama ‘momentum’ y es el impulso de un partido para conectar con el espíritu del momento, ese ‘zeitgeist’ del que hablaba Hegel. Cuando eso sucede muchos se arrogan las claves del éxito, pero, en realidad, el éxito no tiene padre y habría dado lo mismo hacer lo contrario porque el resultado habría sido el mismo, como esas mujeres que ya se despiertan con los ojos grandes y les sirve una coleta y una camiseta blanca para resultar elegantes. Un ejemplo es Vox, que durante un tiempo pudo defender una cosa y su contrario y le iba bien: le votaban militares monárquicos y anti-Borbones por la tercera república; falangistas nacionalsindicalistas y anarcocapitalistas contra el Estado; empresarios en busca de rebajas fiscales y obreros en busca de ayudas y viviendas de protección oficial. Y daba igual porque todos los descontentos confluían en ellos.
Pero un día todo se da la vuelta y empieza a dar igual lo que digas porque ha dejado de funcionar. El discurso no es creíble, tu posición es errática y comienzas a ser percibido como un problema y no como una solución. Sencillamente el contexto ha cambiado y tu posición ha pasado a ser débil. Por seguir con el ejemplo, Vox ya se empieza a ver como un agente que bloquea el cambio en lugar de uno que lo acelera. Su política de enfrentamiento directo con el PP es evidente y la percepción es que ha comenzado su camino de descenso hasta 12 por ciento de 2023, con parada en el 15 por ciento de 2019. Y, de paso, hacia su atomización en varios proyectos enfrentados, como ya les pasó a Podemos y Ciudadanos. En el momento en el que esa sensación se instale no habrá mucho que hacer y la mujer perfecta comenzará a tener ojos pequeños, su coleta arrogante mutará en maraña y la camiseta explosiva en camisón crepuscular.
Probablemente, desde dentro, el frenazo se perciba como coyuntural; pero igual de coyuntural fue el auge. Las elecciones de Castilla y León han supuesto un cambio de tendencia y Andalucía, donde ya no se ve imposible una mayoría absoluta del PP, puede ser la puntilla. Ayer Abascal –apoyado por Orbán-Putin– reconocía que va a entrar en gobiernos en los que no quería entrar –ya veremos– solo por retar a Feijóo. Este es el nivel: exigir consejerías para molestar. Y solo hay una cosa peor que surfear una ola en contra, que es hacer todo lo posible para convertirla en un tsunami.
