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Zapatero, el lobista de la paz ajena

El expresidente socialista ejerció de animador social, ¡perdón!, de observador internacional de unos comicios que la UE no reconoce

Iba para jarrón chino, pero José Luis Rodríguez Zapatero acabó ejerciendo de lobista de la paz ajena y causas forajidas, alguien que se ofreció a conseguir indultos a precio de saldo a los procesados por los delitos de rebelión, sedición y malversación en Cataluña, reconoció a Arnaldo Otegui como hombre de paz  y que el domingo 6 de diciembre arrojó unas cuantas paladas más de tierra sobre la democracia venezolana al participar como observador internacional en las elecciones fraudulentas en las que la abstención alcanzó el 70%.

Abogando por la negociación y los votos en un país gobernado por Nicolás Maduro, cuyo gobierno fue acusado en el informe de la ONU  de cometer crímenes de lesa humanidad, el ex presidente socialista ejerció de animador social, ¡perdón!, de observador internacional de unos comicios que los 27 países de la UE anunció, de antemano, que no reconocería debido a la ausencia de «respeto al pluralismo político» y a la «descalificación y persecución de los líderes de la oposición».

«Este es el principio de un camino para que las cosas mejoren en Venezuela», indicó Zapatero desde el hotel Meliá Caracas, donde se alojó junto a Evo Morales y Rafael Correa, expresidentes de Bolivia y Ecuador, y la abogada colombiana Piedad Córdoba. Afanado en intermediar ahí donde nadie lo llama, Zapatero mete la negociación donde menos cabe: pidió a los  jueces españoles que sentenciaran «con sentido de diálogo», el eufemismo que tanto le gusta usar al socialista para blanquear a dictadores, sinvergüenzas, perpetradores de la paz y demás sepultureros de la democracia.

Diálogo, el eufemismo que tanto gusta a Zapatero para blanquear a dictadores, sinvergüenzas y demás sepultureros de la democracia

Hace dos años, en su ejercicio de aspirante a Nobel de la Paz, pensó que llegaría a Oslo si conseguía sentar en una misma mesa a asesinos y sátrapas –Maduro y su gabinete- con perseguidos políticos y víctimas del régimen bolivariano. Cuesta pensar que esto lo haga Zapatero por un motivo humanitario y desinteresado, de la misma manera que resulta imposible imaginar si existe dinero suficiente para retratarse con un sujeto responsable de ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, actos de tortura, persecución ideológica, asesinatos y una corrupción lacerante en un país con una hiperinflación de más del 65%.

La canciller española González Laya precisó que Zapatero no habla en nombre del Estado español, sino en el suyo propio. Pero ya ni eso le queda a alguien que se deja llamar mi rey y otras zalamerías por parte de una mujer sancionada por la comunidad internacional como la ministra Delcy Rodríguez. La naturaleza económica de las relaciones entre  Zapatero y el régimen de Maduro podría ser la única explicación clara cuando la justicia tire del hilo  de los 35 millones de euros que obtuvo el exembajador Raúl Morodo mientras estuvo como representante diplomático España en Venezuela. Pero ésa, claro, es otra Historia… O no.

 

 

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