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¿Y si el PSOE desaparece?

Sánchez es un superviviente pero los supervivientes no son inmortales y tienen fecha de caducidad, sobre todo si acumulan tantos errores

 

No, no va a ocurrir. El PSOE no va a desaparecer… mientras siga en el Gobierno de España. Después, ya se verá : puede que el PSOE como tal siga existiendo pero lo que desaparezca sea este PSOE de Sánchez… o que no quede rastro ni de uno ni de otro. Cuando un partido político atesora el gobierno, su existencia no corre peligro, porque no hay cosa que más una que la permanencia en el poder… o la sensación de que se está cerca de alcanzarlo. Es cuando muchos pueden verse beneficiados: por un lado, los dirigentes, los cargos públicos, los asalariados del partido o los colocados por el partido en las diferentes administraciones y organismos públicos; por otro lado, los que aspiran a que les toque parte del pastel. La cuestión es qué ocurrirá cuando el partido que ha ostentado el poder lo vaya perdiendo hasta perderlo todo, especialmente en un contexto político general como el actual (multipartito, voluble, impredecible) y en un contexto particular como el del PSOE, donde «manda uno» y los demás son «monaguillos», por decirlo con las palabras de Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, aunque las dijera «en tono desenfadado», que es a lo más que llegan los supuestos críticos del PSOE.

Pero hay más factores que podrían hacer peligrar la superpervivencia del PSOE una vez que pase a la oposición: que haya abandonado sus antiguas señas de identidad y que muchos de los que le votaron no volverán a hacerlo, o sea, que no haya ningún tipo de ligazón entre el partido de antes y el de ahora; además, que haya abrazado el identitarismo, el particularismo, el populismo, el nacionalismo y hasta el puritanismo. Hoy el PSOE atesora algunos de los peores ismos a los que se enfrentó en el pasado.

Seguimos sin modernizar nuestro modelo energético y la sostenibilidad del sistema público de pensiones está en el aire

Además, su hoja de servicios es una acumulación de errores de todo tipo, y algunos de sus logros sociales más celebrados (salario mínimo, ingreso mínimo vital o ley de eutanasia) se han visto empañados por su incapacidad para enfrentar o incluso agravar algunos de nuestros mayores problemas: el déficit público, la deuda pública o la inflación, por no hablar de la precariedad laboral, los sueldos de miseria o nuestro exhausto modelo productivo. Ahora, la crisis con Argelia consecuencia del cambio de postura unilateral de Sánchez en relación al Sáhara, contra toda la oposición, nuestro posición histórica y la razón misma; antes, sus concesiones al independentismo; después, el escándalo de Pegasus y el CNI o la colonización de las principales instituciones del Estado. Además, seguimos sin modernizar nuestro modelo energético y la sostenibilidad del sistema público de pensiones está en el aire.

Y todo después de una legislatura caracterizada por los continuos enfrentamientos con su socio de gobierno, Podemos, sus cambios de postura, sus decisiones arbitrarias y contradictorias y sus «donde dije digo, digo Diego».  Es lo que tiene gobernar con lo peor de cada casa. Además, el clima político ha empeorado y el sectarismo lo invade todo, se han degradado aún más las instituciones (Fiscalía, organismos independientes, Tribunal de Cuentas, CIS, CNI…), el adversario es un enemigo al que se le niega la existencia y el que no abraza sus dislates es un fascista. No hay debate ni argumentación razonada sino improperios, exageraciones y excesos. Hay tantas cosas, que los indultos a los golpistas catalanes parecen sucesos del Medievo. Solo podría salvarlo la desmemoria de los ciudadanos. No creo que les llegue con la manipulación informativa de los medios públicos.

En Madrid, el PSOE está apagado o fuera de cobertura. Y en Cataluña es un partido nacionalista más, al servicio de la burguesía catalana

Según todas las encuestas, el PP seguirá gobernando en Andalucía y el PSOE puede incluso empeorar los resultados de Susana Díaz, a quien Sánchez decidió sustituir comprometiéndose personalmente en ello. En Madrid, el PSOE está apagado o fuera de cobertura. Y en Cataluña es un partido nacionalista más, al servicio de la burguesía catalana. Es decir, está ausente o desdibujado en los tres principales feudos que habitualmente le sirvieron para alcanzar el gobierno. Además, en Galicia va camino de cumplir en la oposición dos décadas, en muchas partes de España solo aspira a gobernar o seguir gobernando con los populistas o con los nacionalistas y en Euskadi, sin ir más lejos, no pasa de ser un comparsa del PNV.

Sin posible sustituto

Tras la debacle electoral de Madrid y el fracaso en Castilla y León, la derrota en Andalucía ahondará en la crisis del PSOE de Pedro Sánchez. Del de antes no queda rastro y no sabremos si habrá otro después de este. Sánchez es un superviviente pero los supervivientes no son inmortales y tienen fecha de caducidad, sobre todo si acumulan tantos errores. Ahora mismo, no hay nadie que se postule como su sustituto. Por su izquierda pulula una colección de izquierdas desmembradas que son más de lo mismo o incluso peores.

Hay tiempos políticos que son apasionantes para un politólogo y este es uno de ellos; porque puede pasar cualquier cosa y hay multitud de interrogantes. El problema es que, mientras tanto, los ciudadanos son los paganos de la incapacidad y el sectarismo de nuestros representantes. En mi opinión, las principales cuestiones a dilucidar en el corto y en el medio plazo son tres: ¿Qué pasará en el PSOE cuando desaparezca Sánchez? ¿Qué pasará en la izquierda si desaparece el PSOE? Y ¿qué pasará en España cuando haya una izquierda digna de tal nombre?

 

 

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