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La hora de la verdad para Vox

Victoria clara del PP frente a un PSOE que recorta subiendo, y un resultado de los de Abascal muy alejado de sus previsiones

SALAMANCA, 15/03/2026.- El candidato del PP a la presidencia de Castilla y León Alfonso Fernández Mañueco celebra los resultados electorales tras los comicios castellanoleoneses, hoy domingo en la sede popular en Salamanca. EFE/JMGARCIA Mañueco, sonriente, recibe la enhorabuena de García Carbayo en presencia de Isabel Blanco JMGARCIA Agencia EFE

 

Victoria clara del PP frente a un PSOE que recorta subiendo, y un resultado de Vox muy alejado de sus previsiones. Los tres elementos son noticia, y los tres van a dar mucho que hablar. El PP de Mañueco mantiene su primera posición holgada, superando el desgaste que siempre asume quien ostenta el poder. Dos escaños más que le valen para seguir gobernando, aunque deberá pactar con Vox, a quien duplica en votos. Feijóo puede exhibir este resultado como el mantenimiento de un podio que es ya una constante, elección tras elección, en todos los resultados autonómicos que se han venido produciendo en las últimas consultas. Teniendo en cuenta que la ultraderecha sube en Europa a costa de la derecha tradicional, el hecho de que los populares sigan ocupando aquí la primera posición es un dato más que sobresaliente.

Aunque quizás lo más llamativo del resultado de ayer sea la caída de Vox en sus expectativas de superar el 20 por ciento de los sufragios. ¿El motivo? Dirán algunos que sus rencillas internas, las expulsiones de sonados dirigentes como Smith o Antelo, tras la estela de Olona, Espinosa o Steegman, entre otros. Dirán otros que el empecinamiento de Abascal en retratarse junto a Trump y Netanyahu en la guerra de Irán, y dirán los más, probablemente, que lo que le ha pasado factura ha sido su posición de bloqueo a la mayoría de centroderecha en Extremadura, votando contra la candidata del PP, María Guardiola, y coincidiendo en el «no» al PP con el sanchismo y el podemismo extremo. Ojo, porque este último enfoque puede ser determinante, en tanto que los votantes de Vox quieren, sobre todo, que Sánchez no toque poder en ningún lugar de España, y la estrategia «abascala» de poner al pacto un precio imposible de alcanzar le puede perjudicar. Algo así como lo que le ocurrió a Ciudadanos otrora, cuando se opuso a gobernar con Sánchez provocando una convocatoria electoral suicida. Vox aún no ha llegado a esa situación en Extremadura, pero de hacerlo la repercusión que ese hecho puede tener en ulteriores consultas, la primera Andalucía, daría al traste con la actual línea ascendente del partido verde. Diríase que el de ayer es un primer aviso, y que le llega la hora de la verdad a Santiago Abascal. No pactar con el PP o impedir que los de Feijóo gobiernen, forzando elecciones anticipadas, puede ser el principio de una caída trágica.

El otro dato destacable es la subida en dos escaños del PSOE. Dirán algunos que se acabó la caída de Sánchez, anticipada en Extremadura y Aragón, y que ha sido por el cabreo de la izquierda por la guerra de Trump en Irán. El «no a la guerra» siempre ha funcionado en España, país de tradición neutral antimilitarista, pero igual no es la única clave.

La izquierda de Sánchez se ha hundido en estos comicios, de modo que el trasvase desde Sumar/IU/ Podemos hacia el PSOE sí que se ha producido. También es cierto que el candidato socialista, Carlos Martínez, un desconocido para el resto de España, es un hombre de perfil sosegado, nada polarizado ni frentista, no identificado con el sanchismo cien por cien. Su gran bagaje ha sido la gestión de la alcaldía de Soria durante cinco legislaturas, algo a tener en cuenta. Cuando los ciudadanos votan a un candidato de manera continuada es porque debieron ver en su trabajo más aspectos positivos que negativos, y eso ha podido influir en este resultado.

Los candidatos sanchistas de Extremadura y Aragón eran rematadamente malos, eso no es ningún secreto. Martínez tiene un perfil más en sintonía con el viejo PSOE de la moderación, algo que, en una región como Castilla y León, poco dada a las convulsiones, tiene un evidente valor. También se ha podido beneficiar de la bandera del «no a la guerra» enarbolada por Sánchez frente a Trump.

 

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