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Adela Cortina: «La maldad existe. Putin o Hitler no son psicópatas. Son sencillamente malvados»

«La maldad existe. Putin o Hitler no son psicópatas. Son sencillamente malvados»

Frente a la crispación, esta filósofa ha dedicado su vida a construir entendimientos. En la política, en la empresa y en el día a día. Su estrategia: establecer una ética mínima, unos valores que todos, pensemos lo que pensemos, podamos compartir. Fue la primera mujer en ingresar en la Academia de Ciencias Morales y Políticas y tuvo el hallazgo de crear una palabra, ‘aporofobia’, rechazo al pobre, que remueve conciencias. Por todo ello ha sido galardonada con el Premio XLSemanal en la categoría Pensamiento.

 

Es menuda, fibrosa y activa. A sus casi 77 años no para de dar charlas y conferencias. Nos recibe en su despacho de directora de la Fundación Étnor (de ética de los negocios y las organizaciones) y nos acompaña caminando por Valencia hasta la universidad donde estudió y dio clases. La educación le entusiasma. Y pensar. Lo que no impide que esté atenta a la actualidad (se ‘moja’ con los políticos) y que alce su voz para advertir sobre la indolencia ante las injusticias y los abusos. Ella acuñó el término ‘aporofobia’, el rechazo al pobre, un asunto que le preocupa sobremanera.

XLSemanal. ¿Por qué estudió Filosofía?

Adela Cortina. Tenía un profesor muy bueno. Cuando nos habló de que el filósofo era el que amaba la sabiduría, me dije «yo tengo que estudiar esto».

XL. ¿Y por qué Ética?

A.C. En la Transición nos dimos cuenta de que afortunadamente íbamos a pasar a una sociedad democrática, que íbamos a pasar de la ética del nacionalcatolicismo a que cada quien se moviera por sus propios valores y no habría nada compartido por todos los españoles. Decidí irme a Alemania, que era entonces la patria de los filósofos, buscando propuestas éticas que pudieran ser compartidas por todos. Por suerte las encontré.

 

«Cuando una persona es creyente, como es mi caso, eso ayuda a ser feliz. Tener fe es un don. Y se cultiva»

 

XL. ¿Cuáles son?

A.C. Escribí el libro que me ha hecho famosa, Ética mínima, donde explico que hay que hacer una distinción entre lo justo y lo bueno. Lo justo se exige. En cambio, lo bueno, las propuestas de felicidad no se pueden imponer, son una opción personal.

XL. ¿Cuál sería la ética mínima?

A.C. Las exigencias de justicia que no se pueden olvidar sin caer en inhumanidad. Esas exigencias son necesarias para todos. Tiene que cumplirlas todo el mundo. Un ejemplo son los derechos humanos. Que haya gente que se muera de hambre o no tenga techo es radicalmente injusto.

XL. Menciona la Transición. Ahora hay gente que no la valora.

A.C. Cuando las cosas ya se tienen, parece que sean lo normal. Pero los que hemos vivido lo que es pasar del código moral único a una sociedad pluralista sabemos que es una conquista. La Transición española es modélica. Tuvimos la suerte de contar con unos políticos que no solo tenían una buena preparación, sino, además, sentido de Estado, del bien común. Muchos de ellos no necesitaban para nada hacer ese tipo de trabajo, pero creyeron que había que dar ese paso. Se dio una conjunción maravillosa entre una sociedad civil que estaba deseando pasar a unos valores democráticos y unos políticos absolutamente responsables con su momento histórico. Los políticos de unos partidos y de otros prefirieron renunciar a lo mejor para cada uno para que todos saliéramos ganando.

XL. ¿Cómo ve a los políticos de hoy?

A.C. Hay una decadencia total. En España se ha ido produciendo un proceso de desgaste, no tanto de la sociedad civil como de los políticos. En las encuestas aparecen a menudo como primer problema, antes que el paro. Hay una enorme desafección. Las razones que da la gente para no apreciarlos me parecen razonables.

 

 

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XL. ¿Y cuáles son esas razones?

A.C. La gente tiene la sensación de que sucede lo contrario a la Transición: que a los políticos no les preocupa el bien común, sino su propio bien y seguir en el poder. Se ha producido un deterioro enorme. En una charla dije que me preocupaba tanto la corrupción como la incompetencia y hubo una salva de aplausos porque efectivamente hay muchísima incompetencia.

XL. Hay un clima de confrontación parlamentaria. Usted habla del insulto, de la mentira… y, frente a ellos, del poder de la palabra.

A.C. Es fundamental. Nos podemos fiar unos de otros cuando solemos ser veraces y cumplimos con nuestras promesas. Lo más importante que han descubierto los seres humanos es la capacidad de cooperar. Cuando cooperamos, podemos hacer inteligencia artificial, encontrar vacunas maravillosas… Pero se necesita una cosa básica: la confianza de unos en otros. Y la palabra es esencial. Ahora se está prostituyendo la palabra. La palabra dada parece que no sirva para nada. Hace años era impresionante. Cuando alguien daba la palabra en el campo, ya estaba clarísimo. En Valencia, el Tribunal de las Aguas funcionaba con la palabra. ¿Sabes lo que me llama la atención?

XL. ¿Qué?

A.C. Que la sociedad no reacciona. Si cuando estamos viendo que se miente continuamente la sociedad reaccionara, irían con mucho cuidado. Pero como no es así, pues aquí seguimos. Ese vaciamiento de la palabra es letal; impide construir juntos.

XL. El Gobierno proclama que hace pactos.

A.C. Una cosa es dialogar, ponerse de acuerdo, compartir y cooperar. Eso se hizo en la Transición. No fue perfecto, nada lo es, pero dialogaron y compartieron. Eso se ha perdido. Los pactos que hay ahora en el Gobierno no buscan un bien común, sino seguir en el poder. Es evidente. Una cosa es hacer acuerdos cooperativos y otra cosa es decir «vamos a hacer unas negociaciones bilaterales con los que nos interesa negociar para poder permanecer en el Gobierno».

XL. Esas negociaciones bilaterales…

A.C. Son opacas porque no se sabe bien qué es lo que están negociando. No es el pacto democrático. Es una negociación para sacar ventajas que no tiene nada que ver con una democracia abierta y transparente.

XL. ¿Y la oposición?

A.C. Tampoco es que lo esté haciendo brillantemente. Estamos corrompiendo el debate parlamentario. Se han interrumpido los diálogos abiertos en los que se quiere llegar a acuerdos. En el Congreso y en el Senado, ¿quién está dispuesto a cambiar de opinión cuando escucha a los contrarios? Por el amor de Dios, aquí cada uno va a lo suyo y pacta con los que pueden darle votos.

 

«No se lo digas a nadie: no tengo teléfono móvil. Es mi opción, quizá equivocada, por la libertad»

 

XL. ¿Cómo ve a la sociedad española? Ha dicho antes que no reacciona.

A.C. Tendría que haber más reacción de la sociedad civil, decir «queremos una sociedad éticamente presentable, éticamente honrada». Y lo que me parece peligrosísimo son los polarizadores profesionales, gente que tiene por profesión el polarizar, crear enemistad. Eso es destructivo.

XL. También hay pasividad ante el sufrimiento. Estoy pensando en Ucrania, en Gaza. Lo vemos en las noticias y seguimos con nuestra vida.

A.C. Rompo una lanza en favor de la gente: tenemos la sensación de la impotencia. Ves la tele y dices: «¡Dios mío, qué horror!». Pero, como decía el filósofo Max Horkheimer, hay que ser pesimista teórico y optimista práctico. Hay que fortalecer el apoyo a Ucrania de la Unión Europea y Estados Unidos.

XL. ¿Con los ucranianos los españoles hemos sido más solidarios porque son rubios?

A.C. Hay que acabar con la migración forzosa, es inhumana. Pero en el caso de Ucrania no creo que haya un componente racista. Ellos no querían vivir en España, querían volver a su tierra. En cambio, la gente que viene de otros países sí quiere quedarse porque no tienen posibilidades en el lugar del que vienen. No es porque sean negros, azules o verdes, sino porque hay que hacer sitio para ellos. Yo estoy del todo a favor de acoger a la inmigración. Hay que hacerlo razonablemente, organizarlo de tal manera que todo el mundo quede bien situado.

XL. Dice que la aporofobia, el rechazo al pobre, tiene una explicación evolutiva.

A.C. La evolución lo que ha generado es la idea del intercambio. Somos ‘Homo reciprocans’, reciprocadores. El dinero es lo más visible, pero no se trata solo de eso, son favores, ventajas. Yo te doy y tú me das. Se rechaza al pobre económico, por supuesto, pero también a quien parece que no tiene nada interesante que dar, que no le va a dar trabajo a tu hijo… Necesitamos la ayuda de otros. Y buscamos a aquellos que nos pueden ayudar. Hay muchas maneras de ser pobre.

XL. ¿Por ejemplo?

A.C. Un niño rechazado por sus compañeros. Es apartado porque parece que no tiene nada interesante que dar. En cambio, a los que destacan en la clase se les hace todo tipo de parabienes. Y eso pasa en todas las esferas de la vida social.

XL. ¿Cómo afecta el auge de la tecnología en ese rechazo?

A.C. La tecnología, por muy depurada que sea, no deja de ser un instrumento y no debe sustituir a las personas. Por ejemplo, un juez no puede poner en manos del algoritmo la solución de la sentencia. No se pueden sustituir la toma de decisiones y la responsabilidad humana por los algoritmos.

 

 

alternative textCombatir la pobreza. La desigualdad y cómo combatirla es un asunto que le preocupa de siempre. Es una de las razones por las que admira al pensador y humanista Juan Luis Vives: «Es mi héroe porque escribió el primer tratado sobre el socorro», explica.

XL. ¿Y la inteligencia artificial?

A.C. Puede ser útil. La invención humana ha sido elemental para el progreso. Si no hubiéramos inventado cómo hacer fuego, estaríamos muriéndonos de frío. Pero la técnica tiene que estar al servicio de las personas. Siempre. Ahora para contratar profesores se consulta el algoritmo y se hace lo que él dice. Es una barbaridad.

XL. ¿Eso está pasando?

A.C. Sí, todos los días. Se dice que el algoritmo no tiene sesgos, y claro que los tiene porque quienes le meten los datos son personas. Transmite los sesgos y cantidad de gente queda fuera. En China es impresionante, todas las personas están absolutamente estudiadas y controladas. A muchos no se les da una beca precisamente porque ya están marcados.

 

«En la Transición tuvimos la suerte de contar con políticos con sentido del bien común. Ahora buscan mantenerse en el poder»

 

XL. Es para tener miedo.

A.C. Claro, y sobre todo es para estar muy atentos porque, cuando estás en las redes y las plataformas, no te das cuenta de cómo cogen tus datos. Los datos son el oro negro de la economía.

XL. ¿Las redes sociales y la tecnología en general pueden influir en la forja del carácter que tan importante es para usted?

A.C. Pueden influir negativamente. Este picotear con el correo electrónico, con Google, hace que no tengamos ya capacidad de leer un libro entero discurriendo y sacando notas. Nos hacemos superficiales. La gente piensa que qué bien, que con Google tienes todas las respuestas y con ChatGPT ni te cuento. Pero tienes que ser tú quien lo maneje. No te pongas en sus manos porque la forja del carácter lleva esfuerzo. Uno de los grandes problemas de ahora es que los jóvenes, los pobres, están pendientes del Instagram, de que me digan si gusto o no gusto. Eso es agotador y crea enfermedades mentales.

XL. ¿La filosofía es imprescindible?

A.C. Es imprescindible preguntarse por los fines últimos de la vida. Si no nos preguntamos quiénes somos, qué es nuestro mundo, no somos seres humanos.

XL. Muchos psicólogos utilizan ideas del estoicismo y del epicureísmo.

A.C. No se puede establecer una separación tajante entre disciplinas. Los psicólogos ocupan lo que antes hacían los filósofos, y algunos son muy buenos.

 

«Hay muchas maneras de ser pobre. También lo es el niño al que apartan sus compañeros. Se rechaza a todo el que parece que no tiene nada que aportar»

 

XL. ¿Es una prueba de que la filosofía es útil?

A.C. Es útil no solo porque puede servir para llevar una vida mejor, sino porque vale por sí misma. Es muy importante que los seres humanos reflexionemos sobre nuestras propias actuaciones. Es una de las diferencias que hay entre la inteligencia humana y la artificial. Las cuatro preguntas kantianas son perfectas. ¿Qué podemos saber? ¿Qué debemos hacer? ¿Qué nos espera? ¿Qué es la persona humana? Intentar responder a esas preguntas no sé si nos da una vida mejor, pero es nuestra manera de ser humanos.

XL. ¿La razón tiene que ir siempre unida al sentimiento?

A.C. Por supuesto. Razón y corazón tienen que ir unidos. Cuando decía Pascal aquello de «hay razones del corazón que la razón no entiende», efectivamente es que la razón humana siempre va unida al sentimiento, al corazón; no se los puede separar. Cuando se dejan de lado los sentimientos, surge una lógica implacable que es un algoritmo.

XL. ¿Cree que el amago de retirada de Pedro Sánchez ha sido un asunto emocional?

A.C. No creo que tenga la menor relación con las razones del corazón de Pascal. A mi juicio, se trata de una estrategia fríamente calculada para mostrar en las calles que cuenta con la adhesión de los suyos para llevar adelante unas reformas de profundo calado que prácticamente seguro que serán inconstitucionales. Pura estrategia, no corazón.

XL. ¿La maldad pura existe? Hay gente sin corazón, sin empatía.

A.C. La falta de empatía también es tener emoción, pero una emoción negativa. Y la maldad existe. Cuando se dice que Putin o Hitler son unos psicópatas… No, mire, déjese de cuentos. La maldad existe. No porque no se tengan sentimientos, sino porque se opta por tomar decisiones que dañan a la gente. Existe la gente que quiere dañar a otros. Y no son psicópatas, son sencillamente malvados.

XL. En sus libros habla de muchas definiciones de felicidad, ¿cuál es la suya?

A.C. Yo creo que la felicidad consiste en tratar de darle un buen sentido a la propia vida.

XL. ¿En su caso, la fe ayuda?

A.C. Por supuesto que sí. Cuando una persona es creyente, como es mi caso, por supuesto que ayuda. Estás en un mundo en el que el amor es lo que importa y te hace feliz. La fe merece la pena vivirla.

 

 

alternative textCon los grandes maestros. Cuando terminó la carrera, Adela Cortina se fue a Alemania a completar su formación. Aquí, en una foto de 1986 «con Jürgen Habermas en la Universidad de Fráncfort, cuando estuve ampliando estudios con una beca de la Alexander von Humboldt-Stiftung», cuenta.

XL. Tener fe…

A.C. Es un don. Y se cultiva: sabemos que, si las cosas no se cultivan, al final acaban.

XL. ¿Hemos aprendido algo de la pandemia?

A.C. Nada. Lo primero que teníamos que haber aprendido es que todos los países somos interdependientes y tenemos que ayudarnos unos a otros. Y ya lo ves. Resulta que lo que ha salido son unas guerras horribles y un desentendernos los unos de los otros y nacionalismos, grupalismos… no parece que hayamos aprendido mucho.

XL. ¿Y ha aumentado la gerontofobia?

A.C. Sigue habiendo un rechazo a las personas de edad, pero las vidas longevas están cambiando el panorama. Vamos a vivir muchísimos años. Tenemos que organizar el mapa de las actividades, cambiarlo todo.

XL. ¿Piensa en retirarse?

A.C. El día en que no pueda más me retiraré, pero para mí el retiro no lo marca la administración: no te retiras de la vida. Daré conferencias y charlas mientras pueda.

 

 

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