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Al Pacino: «Cuando logro entender a mis personajes, me dejo llevar por el guion»

El actor trabaja por vez primera con Martin Scorsese en «El irlandés»

Puede que «El irlandés» sea la última narración de Martin Scorsese sobre la mafia. Una despedida gloriosa cargada de ironía y melancolía, por la que está recibiendo las mejores críticas de su carrera. «Terminar esta película ha sido muy difícil –admite–. Llevo diez años intentando hacerla porque sabía que De Niro y yo teníamos que hacer otro filme juntos».

El tiempo mira a la cámara de Scorsese y uno no sabe si «El irlandés» es la historia de Frank Sheeran (el personaje que interpreta De Niro) o la del propio director cuando el protagonista asegura: uno no sabe lo rápido que pasa el tiempo hasta que llega aquí. El lugar es esa edad donde pesan los recuerdos y los remordimientos, allí donde uno cuestiona su pasado. «Ha sido un viaje maravilloso volver a trabajar con Rob, pero también con Al Pacino y Joe Pesci. No tengo palabras para expresar mi agradecimiento. Hemos puesto todo lo que teníamos en nuestro corazón en este momento de nuestras vidas».

El mejor director norteamericano vivo nos regala una obra de arte mientras cuestiona de puño y letra el cine espectáculo y mercenario de aquellos que hacen películas basadas en una formula matemática para conseguir dinero en la taquilla. «El irlandés» habla de culpa, de pecado, de expiación. «Esta película necesitaba un gran presupuesto por la inversión en tecnológica; durante años nadie respondió, no había estudio que quisiera tocar esta película, hasta que llegó Netflix y puso el dinero en la mesa. Reconozco que ha sido un experimento costoso, pero ellos se atrevieron y financiaron la película sin interferencias», admitió Scorsese. escoltado por sus actores.

Heredero de Marlon Brando

Uno de ellos es Al Pacino. Convertido en mito por su compromiso con la ficción, forma parte de esa hornada de actores que en los años setenta cambió el estilo narrativo de la cinematografía. Dicen los que entienden que es el heredero natural de Marlon Brando, y fue precisamente este actor quien le dio dos consejos al principio de su carrera: «Nunca te pelees en la corte y no te mudes a Los Ángeles». El primero lo ha cumplido a rajatabla; a su residencia en Nueva York renunció hace dos décadas, cuando buscó la custodia compartida de sus hijos. «Nueva York puede ser muy frío en invierno, ahora me he acostumbrado al clima de Los Ángeles y cuando me toca rodar en la costa Este en invierno, como ocurrió con “El Irlandés”, estoy deseando terminar y regresar a casa», dice.

A sus 79 años, el actor permanece en la memoria colectiva gracias a varios de sus personajes pasados. El drama urbano «Serpico», de Sidney Lumet, le encumbró hasta hacer de él un icono de su generación. «Suelo interpretar a hombres reales de moral ambigua. Hombres a quienes trato de conocer antes de interpretar, pero no le voy a negar que juzgo sus acciones. Luego, cuando ejerzo la flexibilidad de entenderles, me dejó llevar por el guion. Esa es siempre mi orientación como actor. El guion me presenta al personaje y, desde ese lugar, le voy dando forma. No tengo opinión en ese momento. Se trata de pintar un cuadro en blanco y no dejar que nada me influya cuando lo estoy recreando».

Como actor, Pacino no tiene miedo a llegar al límite por mantenerse en el momento. Al contrario, confía en su instinto porque actuar no es una profesión sino su destino. Sin embargo, la gran diferencia entre Brando y Pacino es que, con el tiempo, el primero se apartó del cine, mientras el segundo mantiene inalterable su pasión por trabajar. «Actuar a mi edad es algo maravilloso, porque significa adaptar mis movimientos a todo lo que sucede a mi alrededor».

Contar la historia de Jimmy Hoffa en «El irlandés» le ha servido de excusa a Martin Scorsese para trabajar por primera vez con Al Pacino. La primera colaboración de dos grandes neoyorquinos que nunca habían participado juntos en un proyecto, aunque estuvieron a punto en los años ochenta, cuando Scorsese estuvo a punto de dirigirle en un biopic de Amadeo Modigliani. «Tenía muchas ganas de trabajar con Marty. Es un director que trabaja como se hacían las películas en los setenta, con muchos ensayos, preparando cada secuencia. Eso es algo que también hacia Lumet. Marty y yo llevamos años hablando de colaborar juntos, pero nunca terminaba de cuajar».

A la oportunidad de trabajar con Scorsese, su amigo Robert De Niro y Joe Pesci, se sumaba en «El irlandés» la idea de poder comer helado cada día. «Es una de mis debilidades –admite–. Cuando me dieron el papel, lo primero que hice fue preguntar a Marty: “¿De verdad que mi personaje come todo ese helado?” Ojala pudiera comer helado cada día, este papel me sirvió de excusa para ello».

Muy emocional

Con el destino de Hoffa en sus manos, Scorsese se marca otro tango con la familia de la mafia. Ya nos habló de ella en «Mean Streets», «Godfellas», «Casino» o «The Departed», y ahora adapta el libro de Charles Brandt «I Heard You Paint Houses» para meternos en la cabeza del asesino Frank Sheeran, a quien da vida Robert De Niro. Pero es Al Pacino y su Jimmy Hoffa, quien termina atrayendo la atención del espectador con su obsesión por los helados y su irritabilidad. Hoffa desapareció en 1975, y hasta la fecha nadie sabe qué le pasó; los rumores y la especulación acusan a Sheeran de haberle matado. «El guion es muy emocional; de hecho, cuando leí la novela me quedé pensando en los sentimientos que me provocó. Creo que es uno de los mejores filmes que ha hecho Scorsese, porque utiliza la narración para contar su propia vida, su viaje artístico. Explora el mundo de la mafia a través de las películas que ha hecho y eso le libera, le ayuda a expresar sus propios miedos. Creo que este filme es la culminación de su cine».

Una de las claves de esta cinta es el uso de la tecnología para rejuvenecer a los actores. «He interpretado a Jimmy Hoffa a los 39 años gracias a la tecnología. Los animadores utilizaron la técnica de la captura de luz para rejuvenecernos en el ordenador. Tuvimos que hacer muchas pruebas para conseguir una interpretación auténtica. El equipo debía recordarme que estaba actuando como si tuviera 39 años, porque el cuerpo se aclimata a tu edad y no tienes la misma energía. Me recordaban constantemente que tenía que pensar como un hombre 40 años más joven que yo».

«Llevo trabajando en esto toda mi vida –añade Pacino–. Los personajes reales son atractivos para los actores porque hay peldaños que te llevan hasta ellos. Y hay una cierta credibilidad porque hablamos de historias que realmente sucedieron. Eso fortalece al actor». Y concluye: «Estoy contento de trabajar con Marty. Como actor inviertes mucho en cada proyecto y hay ciertas películas, como “El irlandés”, que te exigen mucho más. Sin grandes talentos a tu alrededor, no merece la pena el esfuerzo. Eso es exactamente lo que ocurrió con este filme y por eso lo hemos hecho».

 

 

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