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Albert Finney, un actor inolvidable

«The Guardian» lo resumió muy bien: Albert Finney ( 9 de mayo de1936- 7 de febrero 2019) fue considerado el nuevo «Laurence Olivier» (lo mismo se dijo de Richard Burton, o de Kenneth Branagh), pero prefirió interpretar papeles de obrero, o de clase baja, antes que papeles clásicos, aunque por un tiempo fue miembro de la «Royal Shakespeare Company» (donde fue «understudy» -suplente- del propio Olivier en una interpretación que recibió elogios considerables, «Coriolano» ).

No era una lisonja más, equivalente a decir «eres un actor muy prometedor»; sencillamente se afirmaba que podía llegar a heredar los laureles del considerado hace medio siglo quizá el más grande actor de la historia, en especial de esa cumbre del arte británico, el teatro.

Kenneth Tynan, el más conocido crítico teatral de su país en ese entonces, al verlo, todavía estudiante de RADA (Academia Real de Arte Dramático; Finney se graduó en 1956), con compañeros como Peter O’Toole y Tom Courtenay, señaló que era un «joven Spencer Tracy latente… que pronto perturbará los sueños de Richard Burton y Paul Scofield». Y en verdad lo hizo; su ascenso fue meteórico. Interpretó a Bruto, Hamlet, Enrique V y Macbeth con el Birmingham Rep, y en 1956 debutó en Londres, en la producción del Old Vic de «César y Cleopatra». 

Albert Finney como «Hamlet», bajo la dirección de Peter Hall.

Junto a, entre otros, O’Toole, Courtenay y Alan Bates, Finney revolucionó el teatro británico de la década de los 60. Si bien siguió en el cine, lo combinaba con una presencia teatral constante. Sobre ella, no hay suficiente espacio en estas líneas para cubrir toda su carrera.

Al escribir esta nota, me doy cuenta que Finney, en su biografía actoral, acompaña toda mi vida como amante ferviente del cine y del teatro, en especial de Gran Bretaña. ¡Qué de recuerdos gratos!

Tuve la inmensa e inolvidable fortuna de verlo en su última presentación teatral, en 1996, en el West End de Londres, junto a su viejo amigo y camarada Tom Courtenay, en la muy aclamada obra de Yasmina Reza «Art«; Courtenay era el dermatólogo amante del arte y comprador del cuadro sobre el cual gira la obra, mientras Finney interpretaba al jocoso y exasperado ingeniero horrorizado por la compra del cuadro de marras.

Albert Finney y Tom Courtenay en «Art»

Sus comienzos cinematográficos no pudieron ser más sensacionales: debutó en 1960, luego de varias incursiones en la TV, en «The Entertainer» (El Animador, Tony Richardson), junto a Olivier, y luego en dos películas que están señaladas entre las mejores del cine de su país –«Saturday Night and Sunday Morning» (1960, Karel Reisz) – en la cual, en uno de sus diálogos afirma lo que pudiera servir como su epitafio profesional: «What I want is a good time; the rest is propaganda» (Solo quiero pasar un buen rato; lo demás es propaganda), y «Tom Jones» (1963, Tony Richardson).

 

Como otro actor legendario, John Gielgud, un rasgo fundamental suyo era la voz. Veamos por qué (en uno de sus papeles más memorables, «The Dresser» (La Sombra del Actor, 1983), donde hace el papel de un viejo actor especializado en Shakespeare, cuya compañía está de gira en provincias durante la segunda guerra mundial):

Otro rasgo suyo fue la versatilidad: interpretó a Winston Churchill, Hercule Poirot, el papa Juan Pablo II, Fouché, y Ebenezer Scrooge. Su último papel fue en una de las más británicas tradiciones fílmicas: el más reciente filme de James Bond (Skyfall). Como casi  todo actor, cometió errores a la hora de escoger roles: decidió no interpretar, por ejemplo, el papel protagonista en «Lawrence de Arabia». (Pero en su lugar, filmó «Tom Jones».)

En «Asesinato en el Expreso de Oriente» (1974).

Cinco veces fue nominado a los Oscar (Tom Jones, 1963; Asesinato en el Expreso de Oriente, 1974; The Dresser, 1983; Bajo el Volcán, 1984; y Erin Brockovich, 2000), nunca ganó, lo cual probablemente no le importó mucho; de hecho, jamás asistió a una ceremonia del Oscar –«es un viaje muy largo, y una absoluta pérdida de tiempo, tener que sentarse seis horas sin poder fumar o tomarse un trago»-.

 

Como Winston Churchill, en «The Gathering Storm» (2002).

Los Globos de Oro le dieron 9 nominaciones, de las cuales ganó tres: Tom Jones (1963), Scrooge (1970) y «The Gathering Storm» (2002). Indiscutiblemente sí fue profeta en su tierra: La Academia Británica (BAFTA) le dio un total de 14 nominaciones; entre sus victorias, la ya mencionada «Saturday Night and Sunday Morning». También obtuvo el Oso de Oro de Berlín, El Premio Volpi en el Festival de Venecia y el Screen Actors Guild, entre otros reconocimientos.

Rechazó dos veces títulos honoríficos británicos, en 1980 (CBE, Comendador de la Orden del Imperio Británico), y en 2000 (Orden de Caballero); esta última, indicó, porque el título de «Sir» «vagamente perpetúa una de las enfermedades de Inglaterra: el esnobismo». 

Estuvo sencillamente magnífico en el papel de cónsul británico -según un crítico, «una interpretación de un borracho que culmina todas las interpretaciones de un borracho»– en «Bajo el Volcán» (1984) la adaptación de John Huston de la novela de Malcolm Lowry. Una vez más le negaron el Oscar a una actuación legendaria.

 Con Jacqueline Bisset e Ignacio López Tarso, en una escena de «Bajo el Volcán»

Si bien no fue su mejor filme, escojo recordarlo en «Two for the Road» (Un camino para dos, 1967), un delicioso estudio de la desintegración de un matrimonio, dirigido por Stanley Donen y con guion de Frederic Raphael, con un muy inteligente uso de los «flash back» y «flash forward». En el papel de su esposa, nada menos que la siempre encantadora Audrey Hepburn. (Y con una pequeña parte, una muy joven Jacqueline Bisset).

 

 

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