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Villasmil / Alemania: mejor malo conocido, sobre todo si es indispensable

 

En días recientes se han intensificado los ataques a Angela Merkel, como supuesta culpable de todos los males que aquejarían a la sociedad alemana, a su sistema político, al legado de una Canciller federal sometida a presiones dentro y fuera de su partido. Por esa vía se ha cuestionado su liderazgo, e incluso he leído opiniones que lo han comparado con lo peor de sus pares latinoamericanos.

No creo que haya una posible comparación de ese tipo con la Merkel; al menos porque los métodos de selección y consolidación del liderazgo en el parlamentarismo difieren de los existentes en sistemas presidencialistas; los líderes políticos latinoamericanos han gozado de una influencia y poder cuasi imperial que nadie cuestiona, al menos mientras ejercen el poder, e incluso hasta después. Y ocurre no solo en las tiranías, como la cubana, la nicaragüense o la venezolana, sino incluso en muchos regímenes considerados democráticos.

En la CDU, la Unión Cristiano Demócrata alemana, eso ha sido imposible; el grado de institucionalización partidista es mucho mayor y, de ser necesario, combaten los vientos personalistas que, en cambio, han aflorado históricamente, a cada momento, en nuestras débiles colectividades políticas de América Latina; ningún líder de la CDU, por mucho liderazgo que tuviera en un momento dado – desde Konrad Adenauer a Helmut Kohl -,  destruyó al partido, lo dividió, trató de imponer su voluntad sobre él violando regulaciones y estatutos, para darle rienda suelta a una perenne ambición de poder. En la CDU, al abandonar el trono, se pierden las ventajas que lo acompañan. Mucho respeto, cariño y consideración, te queremos mucho, gracias por los favores recibidos, etc. pero hasta allí. 

 En todo caso, en esos afanes de permanente y ambiciosa aspiración, un ejemplo histórico perfecto de estas tierras es el ecuatoriano José María Velasco Ibarra (1893-1979), pertinaz candidato y presidente, hasta por cinco veces (aunque solo pudo completar el periodo presidencial una sola vez). Recuérdese que América Latina ha sido tierra propicia para los golpes de Estado y para liderazgos cesaristas.

Angela Merkel está en su cuarto mandato (a punto de cumplir 13 años como Bundeskanzler). En esos 13 años que lleva en la Cancillería, ha visto pasar a siete líderes del rival fundamental, el Partido Social Demócrata alemán (SPD): Franz Müntefering (dos veces), Matthias Platzeck, Kurt Beck, Sigmar Gabriel, Martin Schulz, Olaf Scholz, Andreas Nahlen; a tres presidentes de EEUU (Bush, Obama, Trump); a cuatro franceses (Chirac, Sarkozy, Hollande, Macron); cuatro primeros ministros británicos (Blair, Brown, Cameron, May); y siete italianos (Prodi, Berlusconi, Monti, Letta, Renzi, Gentiloni, Conte). 

Un posible asunto a destacar es que buena parte de esos nombres de líderes europeos y gringos son el ejemplo fiel de la decadencia del liderazgo democrático occidental. ¿Culpa acaso de la Merkel?

Su elección como líder siempre ha sido por decisión mayoritaria y clara en las convenciones partidistas; y luego ha sido ratificada en el apoyo electoral popular.

Sobre una posible sucesión, o sobre la existencia del relevo generacional,  Merkel, hoy, luego de 13 años de gobierno (y a los 64 años), hace unos meses, en febrero 2018, en reunión nacional del partido, eligió como nueva SSGG del mismo a Annegret Kramp Karrenbauer (AKK), carismática ministra-presidente del Saarland (Sarre), entre 2011 y 2018. Es conocido por toda Alemania que Kramp-Karrenbauer es la preferida de Merkel para sucederla. Vale decir que, cuando ello ocurra, ya debería estar preparada la CDU para elegir un nuevo líder. El discurso de Kramp-Karrenbauer, como nueva SSGG, fue excelente, muy bien recibido por la prensa de su país («Espero impulsar un proceso de renovación programática que tenga en cuenta tanto las raíces liberales como las raíces conservadoras del partido»)

Como Merkel, ella pertenece al ala más centrista de la CDU. Kramp-Karrenbauer podría convertirse en una garantía de continuidad del merkelismo en Alemania, frente a las corrientes más derechistas de un partido en el que la tentación de dejarse contagiar por el discurso antiinmigración sumamente radical de la extrema derecha va en aumento.  Con ella, la CDU se mantendría en el centro-derecha de la sociedad, la posición histórica del partido, con una mezcla de pragmatismo y cero ideologismos a lo socialista, o sea el estilo de la Merkel.  A AKK la respetan incluso los del ala partidista más conservadora, por su capacidad de análisis, su seriedad y su olfato político, y porque sus posiciones sociales son más conservadoras que las de la actual Canciller.

Obviamente, en la CDU la sucesión no es una decisión a dedo. Otros posibles candidatos serían: Wolfgang Schäuble (actual presidente del parlamento federal), Ursula von der Leyen (ministra de defensa); Julia Klöchner (ministra de agricultura); Jens Spahn,  joven ministro de salud a quien la palabra conservador le queda corta; o  Daniel Günther, ministro presidente de Schleswig-Holstein, fiel a Merkel, en especial en sus continuas refriegas con los bávaros de la CSU.

Ellos son ejemplo de que el relevo existe, no ha sido destruido, y es muy variado en edad, origen regional, fuente de poder o ideología.

Ursula von der Leyen, ministra de Defensa

No creo que a Merkel se le pueda culpar, como hacen algunos, de la debacle del sistema de partidos alemán; los problemas de los socialdemócratas (SPD) son propios, similares a los de otros partidos socialdemócratas en el mundo. Por otra parte, ¿qué pensar de un partido cuyo último canciller federal -Gerhard Schröder- se dedicó luego a trabajar para empresas de energía rusas, al punto de que el año pasado fue escogido presidente de la petrolera Rosneft?

La falta de liderazgo en el SPD es de campeonato; solo superados quizá por sus hermanos del PSOE español, cada día más embrutecido e incluso siendo hoy «podemizado» por las ambiciones y estrategias de Pablo Iglesias (Vale la pena recordar un tweet de Arturo Pérez-Reverte, recién electo Pedro Sánchez: «este señor hará que Rodríguez Zapatero luzca como un Churchill» ). 

Angela Merkel, con sus muchos defectos y errores,  estos últimos tiempos ha sido el más significativo e importante líder político democrático europeo. Hace un año, antes de las últimas elecciones, el muy liberal The Economist publicó una nota titulada «Por qué Merkel merece ganar las elecciones«. Tomo de dicha nota lo siguiente:

“Su inminente victoria también refleja cómo Alemania ha prosperado desde 2005, cuando la señora Merkel asumió el cargo. El desempleo ha descendido del 11,2% al 3,8%; los salarios crecen; la confianza de los consumidores es alta. 

Y al tratar de hacer frente a la crisis del euro y a la afluencia de refugiados de Oriente Medio y el norte de África, la señora Merkel ha demostrado ser la europea indispensable”.

Las posturas de Merkel combinan el diálogo con la mano dura; aplaudí su decisión, el pasado marzo, de enfrentarse y oponerse a la propuesta de cambiar la letra del himno alemán para hacerlo «más inclusivo con las mujeres».

Un hecho importante es que, para ella, no solo con negociaciones se logra la paz, como imaginan los socialdemócratas de todas las latitudes europeas. Contrasta su postura frente a Rusia, o frente a Nicolás Maduro, con las del socialismo británico, español o francés, viéndose a las claras quién es demócrata realmente y quién no lo es. 

 Para Merkel, hay que defender los valores de la política democrática, de los derechos humanos y, como buena científica (Doctorada en Física, con una tesis sobre Química Cuántica), de la inteligencia humana.

En Europa se libra una guerra, en varios frentes, sobre la verdadera naturaleza del continente. Es incluso ideológica. En un campo están los defensores de los valores de la Ilustración europea, del orden liberal, del Estado de Derecho, las libertades y sus derechos, la sociedad abierta, el cosmopolitanismo. Del otro, las fuerzas del fervor nacionalista, del prejuicio y la superstición transformados en programa político. Los europeos estuvieron siglos separados por rivalidades religiosas o de realpolitik; ahora Europa está de nuevo dividida por la mitad, con sus principios fundacionales corriendo un grave peligro.

Las elecciones regionales en el estado federado de Hesse, este domingo 28 de octubre, podría acelerar la salida de la actual coalición de gobierno. Una pregunta válida es ¿si no es hoy la Merkel, sucedida eso sí relativamente pronto al frente del gobierno por otra democristiana -o democristiano-, quién? ¿Un socialdemócrata? El próximo cuento me lo hacen de vaqueros…¿La uuuultraderecha? ídem.

El viejo refrán mantiene vigencia: mejor malo conocido que bueno por conocer. Sobre todo si en este caso la “mala” ha demostrado ser indispensable.

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