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Ana Cristina Vélez: Fotos, pinturas y realidad

Está claro que no existe una correlación fija entre el mundo óptico y el mundo de nuestra experiencia visual. Por eso las fotos a menudo representan pobremente lo que creemos que estamos viendo. Cada medio de representación tiene sus limitaciones y restricciones (y no es nada fácil descubrirlas). La fotografía registra lo que el ojo ve, pero, quizás no siempre lo que la mente ve. El ojo humano percibe ciertos objetos de una escena como importantes, aprecia sus detalles y aspectos, toma la foto, para luego constatar que la foto no los muestra. Cuando se fotografía una escena, la foto muestra los aspectos que nos interesan con otra proporción e importancia. Se pueden dar muchos ejemplos, pero hay una experiencia que todos hemos tenido: la de ver la luna saliendo detrás del horizonte, hermosa, grandísima, y tomarle una foto, para encontrarnos con la imagen de una luna de apariencia insignificante, tan diminuta que es casi imposible de apreciar. Lo que nos interesa y vemos grande, aparece en la foto más pequeño, con menos contraste y textura, poco diferenciado del resto, con menos luz, menos imponente, menos resaltado respecto a cómo lo apreciamos en la realidad.

Algunas naturalezas muertas, como las que pintó Willem Claesz Heda (c. 1680/1682), nos parecen más reales que cualquier fotografía que pudiéramos tomar de las mismas escenas. Parecen una exageración de la realidad.

 

 

Si tomáramos fotos de una composición que contiene esos mismos elementos no obtendríamos las imágenes con la calidad y realismo que los pintores holandeses lograron. Quizás las fotos puedan mejorarse bastante, aplicando los recursos que ofrece el Photoshop, manipulando la iluminación, las tonalidades, el contraste y los detalles, pero, lo dudo. Y esto es así porque, en la pintura, el pintor no pinta lo que ve su ojo sino lo que ve su mente, ajusta poco a poco la información en el lienzo hasta que lo satisface, y esa satisfacción tiene que ver con su expectativa, no con la verdad óptica. El artista se vale de todos los trucos que conoce para transmitir el cómo ve su mente. En la relación de brillo y contraste, el pintor acentúa lo que le interesa para darle más realismo a la foto, y hace cambios en los tamaños y en la dimensión sensual de las texturas, para que nos parezca que las podríamos sentir con los dedos si las tocáramos.

Y esto me lleva a las pinturas del trompe l’oeil. En estas se llega a un realismo táctil que engaña, hasta el punto de hacer pensar que el objeto real está allí. Me pregunto si hay fotografías que hagan eso con uno: hacernos experimentar un momento de incredulidad, con un enorme deseo de tocar la superficie, para comprobar la existencia del objeto.

 

 

Con las cámaras de los teléfonos de hoy se pueden hacer muchos experimentos, y uno sensacional es el de tomar panorámicas. No fue hace mucho tiempo que para hacer una panorámica el fotógrafo tenía que poner su cámara sobre un trípode, y luego, superponer y empatar una serie de fotografías. Ahora las fotografías panorámicas que resultan con los teléfonos inteligentes son muy desafiantes para el espectador. De una fotografía panorámica no podríamos decir que es ni más ni menos correcta que una fotografía normal, pero, sin duda, sí nos pone en un dilema mayor. Sabemos que no podríamos ver de un golpe de vista lo que la fotografía nos muestra, sin mover la cabeza. Sabemos que, cuando enfocamos y nos concentramos en un objeto, los otros se vuelven borrosos, pero siguen estando presentes en nuestra memoria, para entender la imagen. Es sorprendente la gama de interpretaciones que pueden resultar de las fotografías panorámicas.

 

 

Hay pinturas panorámicas que el pintor no pintó para que fueran entendidas como panorámicas, sino porque el espacio las exigió así. La que muestro aquí de Masaccio, pintada en un muro, es muy interesante por su similitud con las fotografías panorámicas. Se llama Crucifixión de San Pedro y decapitación de San Juan Bautista.

 

 

Pintura, fotografía y nuestra visión de la realidad son todas formas distintas de representación.

 

 

 

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