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Armando Durán / Laberintos – Venezuela: Fin de fiesta

 

El lunes 6 de septiembre, al final de la tarde, en Ciudad de México, se dio por terminada la segunda ronda de negociaciones entre representantes del “gobierno” de Nicolás Maduro y de los principales partidos de su presunta oposición, sin llegar a ningún resultado concreto. A pesar de que apenas faltan dos meses para las elecciones regionales convocadas por el régimen para el próximo 21 de noviembre, pieza clave de la estrategia del régimen para normalizar la situación política y superar su aislamiento internacional.

La primera señal de que estos “diálogos” no marchan por el camino de una auténtica reinstitucionalización nos la ofreció Gerardo Blyde, jefe de la delegación opositora horas antes de reanudarse el sábado pasado las negociaciones, al declarar que “estamos trabajando para alcanzar acuerdos tempranos en materia humanitaria”, aunque ni eso se logró. Según el comunicado conjunto dado a conocer el martes 7 de septiembre, las partes solo llegaron a dos convenios. Uno sobre “la ratificación y defensa de la soberanía de Venezuela sobre la Guayana Esequiba”, tema que no es motivo de ninguna controversia y por tanto no forma parte de la acordada agenda de las negociaciones; y el otro, “un acuerdo parcial para la protección social del pueblo venezolano”, cuyo verdadero objetivo, oculto tras la ambigüedad del título, no es la urgente necesidad de asistir al muy desasistido pueblo venezolano, sino anular las sanciones internacionales aplicadas al régimen y a un grupo de sus dirigentes civiles y militares, a las que la propaganda oficialista achaca la entera responsabilidad de la crisis que acorrala a los ciudadanos.

Por prudencia, o para no verse implicado en un acto de flagrante complicidad con el régimen, después de la presentación del informe conjunto, Blyde aclaró que en esa segunda jornada de negociaciones lo que se acordó fueron simples “preacuerdos”, y que él no quería “alimentar falsas expectativas sino decirle a todos los venezolanos que las cosas van a ir poco a poco, discutiéndose a fondo, y las decisiones se tomarán bien pensadas y asesoradas.” Una aclaración que pasa por alto que los partidos presentes en las negociaciones de México ya andan en activa campaña electoral para gobernadores y alcaldes, y que Nicolás Maduro, en un mensaje publicado en las redes sociales, negó las afirmaciones de Blyde al expresar su satisfacción porque “lo volvimos a lograr en México: sentamos a la oposición para dialogar sobre los temas importantes para el país. El diálogo por la Paz y la recuperación es un éxito para las y los venezolanos.” Es decir, nada que ver con lo que constituye la continua violación del orden constitucional y la evidente ilegitimad democrática del régimen.

En el marco de estas irrefutables insuficiencias y la sistemática anemia de la oposición para defender sus derechos y los de los ciudadanos, crecen la confusión y las dudas. En primer lugar, la identificación de ambas partes, que en el primer comunicado fueron registradas como “gobierno de Nicolás Maduro”, una identidad que dejó de usarse después que la mayoría de los partidos de oposición, agrupados en torno al liderazgo de Juan Guaidó, y la comunidad internacional, desconocieron la reelección de Maduro en la fraudulenta jornada electoral de mayo de 2018. A partir de ese momento, se desconoció la legitimidad de su Presidencia y de su gobierno. Nadie se ha ocupado de explicar por qué hace tres semanas le dieron certificado de buena conducta al “llamarlo” gobierno. ¿Acaso no equivale ese reconocimiento a legitimar lo que hasta ahora era una dictadura y la razón de ser de propiciar la transición de la dictadura a la democracia por la vía de una solución negociada como la que teóricamente justifica este diálogo en México?

Desconocer estas circunstancias pone en evidencia la inutilidad de estas negociaciones, pues un requisito indispensable de cualquier acuerdo negociado es que las partes que no se entiendan actúen de buena fe. ¿Cómo asumir entonces que una de las exigencias del chavismo para participar en esas negociaciones era que la oposición, calificada de derecha extrema y bajo la tutela de Washington, reconozca la legitimidad de Maduro y de todas las instituciones del régimen? ¿Aceptar ese condicionamiento no implica reconocer como hecho indiscutible la ilegitima naturaleza del régimen y de la Presidencia que ejerce Maduro, repudiada desde enero de 2019 por toda la oposición y casi 60 gobiernos democráticos de las dos Américas, Europa y Asia? Lo cierto es que llamar gobierno a la usurpación del poder es renunciar a exigir el cese de la usurpación, el fin de la dictadura y la democratización del país, dejan a la Venezuela democrática sin rumbo a seguir y le quitan el piso político a Guaidó, quien debilitado por sus incoherencias y sus vacilaciones, a partir de lo que está a punto de ocurrir en México, quedará absolutamente solo, como un alma en pena. ¿Será por eso que los redactores de este segundo comunicado suprimieron la identificación del oficialismo venezolano como “gobierno de Maduro” y la llamada Plataforma Unitaria de Venezuela, inventada para la ocasión, pasaron a ser los participantes de una recién denominada Mesa de Diálogo y Negociaciones de Venezuela.

Para completar esta transformación de fondo en las relaciones entre el chavismo y sus teóricos adversarios, debemos recordar que hace tres semanas, al reunirse sus representantes en México por primera vez, los de Maduro rechazaron que en la delegación opositora se hubiera incluido a un “radical” como Carlos Vecchio, representante de Guaidó en Estados Unidos, y amenazaron abandonar las negociaciones si no era sustituido de inmediato. Días más tarde, sin ninguna explicación, Freddy Guevara, otro hombre de confianza de Guaidó, en prisión política del régimen acusado de terrorista e instigador de actos violentos, fue puesto en libertad sin ninguna explicación, y el pasado fin de semana se presentó en México como sustituto de Vecchio. Un evidente acuerdo entre Maduro y compañía y los partidos de la asesinada Plataforma Unitaria, eliminada al nacer, que así se quitan de encima al muy debilitado liderazgo de Guaidó.

Vale la pena comentar que ese pomposo título de Mesa de Diálogo y Negociación de Venezuela,  no sé si con esa intención o por la habitual pereza intelectual de sus dirigentes, no remite automáticamente a otro artificio similar, la Mesa de Negociación y Acuerdos servida por los expresidentes Jimmy Carter y César Gaviria hace 22 años para desactivar los peligros que amenazaban entonces a Chávez y cuyo resultado fue el fraudulento referéndum revocatorio de su mandato presidencial en agosto de 2004, primer y decisivo mecanismo de la cadena de trampas y simulaciones que le han permitido al régimen superar sus momentos de mayor riesgo y conservar el poder hasta el día de hoy.

Se trata, sin la menor duda, de la misma maniobra, que una vez más le garantiza al régimen, como bien nos advierte Maduro en su tuit del miércoles pasado, sentar a sus “opositores” a la mesa  que desde el remoto año 2003 le ha servido al régimen para sofocar la esperanza de un hondo cambio político pacífico y negociado. La única diferencia es que en esta oportunidad, con un país arrasado, una sociedad aplastada por la acción directa del régimen con la complicidad de buena parte de la oposición y más de 6 millones de desesperados venezolanos que desde 2017 han escapado del país en busca de una ilusión, por vaporosa que sea. En otras palabras, el desenlace de estas rondas que no se dirigen a ninguna parte, en lugar de ser la fiesta electoral con la que sueñan los jerarcas de régimen y de la oposición que acudirá a la farsa del 21 de noviembre, lo que tendremos entre manos puede ser el fin de los pocos anhelos que todavía estremecen el alma nacional.

 

 

3 comentarios

  1. Esos no son los campos del diálogo en México. Pará ser breve la primera intención es ver como -Gobierno y oposicion-introducen el dinero mal habido en el sistema financiero mundial. Ahora cuántico.
    Y lo segundo es el espaldarazo que la falsa oposición le está dando a los personeros del gobierno señalados en las actas de la CPI.
    Lo demás es teatro.

  2. Para el desgobierno, Maduro,los hermanos Rodríguez,diosdado y su combo,así como el pollo Carvajal,el Saab de cabo verde y el resto de sus compinches son todos unos angelitos de Dios,pobrecitos y por si fuera poco algunos opositores se prestan para legitimar esa cuerda de Ladrones con mayúsculas que poca vergüenza.

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