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Cayetana Álvarez de Toledo: «Las mujeres no nacemos víctimas»

"Reivindico mi derecho a ofender y ser ofendida. Es decir, a pensar"

(Advertencia: tengo como norma no entrevistar ni escribir nunca de mis amigas. Es malo para el lector y para la amistad. Esta es una excepción).

La política más polémica del PP habla en esta entrevista sin pelos en la lengua. Vamos, como es habitual en ella. No rehúye ningún tema espinoso: la violencia sexual, el aborto, el feminismo o el futuro de la derecha. «El nuevo feminismo es a la vez mojigato y vengativo».

 

En Verdejo, el restaurante de Marián Reguera y Carmen Moragreda en la calle Espartinas, sirven un salazón de caballa que es como un bocado de mar. También tienen escabeche de jabalí. Es solo un pelín brutal. Buenísimo. Mejor con una copita de manzanilla.

No hay mejor sitio que Verdejo para esperar a Cayetana Álvarez de Toledo(Madrid, 1974). La última luz de la tarde entra ya tenue por el lateral acristalado. «Mira, ya llega la rubia», dice Marián. Besos, abrazos y un qué delgada estás que (se nota) está harta de escuchar. Lleva vaqueros, una camisa de Equipment verde oscura y bailarinas. No podría precisar la marca pero sí que son buenas. No se equivoquen. Es casi el uniforme. El interés de Cayetana por la ropa, la moda, no va más allá de lo estrictamente práctico.

Compra poco pero nada pasa de moda. Y eso es un poco Cayetana. Su discurso, sus artículos, sus palabras son válidos hacen 10 años, ayer, hoy, mañana y siempre.

Pedimos. Cayetana baraja la menestra, un rissoto, las albóndigas, pero Marián le habla de unas migas con huevos fritos y no duda. Eso. Joé con la rubia. Le pedimos a Carmen que nos organice los vinos. Empezamos con un blanco. Los de la mesa de al lado nos observan.

De ella ya saben todo lo personal. Que tiene dos hijas y que hace unos años se divorció de Joaquín Güell. También que es marquesa de Casa Fuerte, un título que enerva a Errejón, a Rufián… pero que excita a cierta burguesía catalana; sobre todo a la independentista. Les pone bastante una marquesa (además, su título fue concedido a su familia por el opresor Felipe V).

Ella ya se definió en un magnífico artículo que publicó EL MUNDO. Se llamaba Contra la identidad. «Fui apátrida hasta los 18 años, argentina hasta los 24, franco-argentina hasta los 32 y desde entonces soy técnicamente hispano-franco-argentina. Quise nacer en la metafísica Medinaceli pero lo hice en el castizo Chamberí. Aprendí a caminar en una vieja casa parisina y a contar en un Montessori de Hampstead. Mi lengua materna es el castellano y mi primer texto fue en inglés. Crecí en el Palermo porteño, me hice adulta en Oxford y descubrí mi vocación política en este periódico. ¿Cuál es, entonces, mi identidad? ‘¡Mujer!’, me abrazan ellas. ‘Pija’, mascullan los pijos. ‘Españolista’, chillan los nacionalistas. Yo diría simplemente que soy un edge person, como se definió Tony Judt. Una persona de intersecciones que pudo y quiso ser española».

En 2015 dejó su escaño en el Congreso y renunció a presentarse por el PP en una carta abierta a Mariano Rajoy en la que le reprochaba entre otras cosas su inacción ante el desafío secesionista en Cataluña. «El Gobierno ha despreciado la política y ha desoído todas las alarmas. Ni las advertencias internas y externas, ni la grave pérdida de poder autonómico y municipal, ni la irrupción de un poderoso adversario en el espacio electoral del PP le han movido a la rectificación». El referéndum ilegal del 1 de Octubre y la irrupción de Ciudadanos en las generales le dieron la razón. Volvió entonces a EL MUNDO, en donde volvió a escribir artículos incisivos, didácticos. Factuales. Siempre razonables.

A Cayetana le ha cambiado la vida desde que Pablo Casado la designó número uno por Barcelona en las listas del Congreso. Logró un meritorio escaño considerando que el votante del PP en Cataluña parecía una especie en peligro de extinción. Sin embargo, la brillante campaña de Cayetana (un discurso en resumen que apela a la responsabilidad de los ciudadanos) logró situarla en el centro del debate político. Su sí, sí, sí, hasta el final a la ministra de Hacienda a propósito del consentimiento sexual en el debate de TVE la puso en el punto de mira de las iras feministas más atávicas.

YO DONA. Anda que…
Cayetana Álvarez de Toledo. Piénsalo. ¿De verdad vamos a tener que convertir el sexo en un interrogatorio? ¿Lo haces tú: sí, sí, sí?
Eso se lo preguntaste a María Jesús Montero.
La reforma del Código Penal que propone el PSOE es fantasiosa e injusta. Un no es un no, evidentemente. ¿Pero un silencio qué es? ¿Seguro que también es un no? ¿Siempre? Y en un juicio, ¿cómo se acredita el sentido del silencio? Ah, ¡que la palabra de la mujer va a misa! Literalmente… ¿Las mujeres siempre decimos la verdad? ¿Nunca mentimos? La reforma de Calvo destroza el principio jurídico básico de que un individuo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Invierte la carga de la prueba. Obliga a los hombres a demostrar que son inocentes, que ella dijo sí, sí, sí. Y, por cierto, un detalle sobre la reforma, que revela su misandria (perdona el palabro) y hasta su homofobia: ¿por qué la reforma solo alude al consentimiento expreso de la mujer? ¿Qué pasa con los hombres? ¿No son también víctimas de abusos sexuales?
Habrá que llamar a un notario… La desigualdad entre hombre y mujer también asoma en la Ley Integral de Violencia de Género. Lo has escrito en muchas ocasiones.
A ver. La Justicia debería ser igual para todos. ¿No? La presunción de inocencia no puede depender del sexo de una persona. Como no puede depender del color de piel, ni de la religión, ni de la lengua… En un Estado de Derecho lo que se juzgan son hechos, conductas, no rasgos identitarios. Esa es la gran conquista de la modernidad: la igualdad de los ciudadanos ante la ley al margen de cualquier consideración puramente arbitraria, de nacimiento, ideológica o cultural.
Esa misma posición que defiendes ya la sostenía un manifiesto que firmó Carmena en el 2006 pero cambió…
Yo me siento identificada con el feminismo de Camille Paglia. Las mujeres no nacemos víctimas ni merecemos que gobernantas condescendientes y coléricas nos traten como menores de edad. Como durante siglos han hecho los hombres, por cierto: con paternalismo. ¡Ahora maternalismo! Las mujeres merecemos lo mismo que los hombres: libertad y responsabilidad.
Hubo mucha polémica por un vídeo de Abascal que criticaba que se censuraran cuentos como Caperucita Roja. Él dijo que era porque Caperucita llevaba falda, iba a hacer recados y a ver a su abuelita y el héroe era un cazador. Pero la lección era otra…
¡Jaja! El cazador incorrecto… La lección de Caperucita es otra, me parece, y bastante sencilla: chicas, estad alerta; los lobos existen, tomad precauciones. Lo que no significa, lógicamente, que todos los hombres sean lobos. Ni que exista un heteropatriarcado lobuno, capitalista, opresor y machista. Esa es una abstracción absurda, que además impide afrontar correctamente el problema de la violencia que sufren muchas mujeres a manos de sus parejas.
También Paglia me dijo que el heteropatriarcado era una memez y que si para el hombre éramos el enemigo por qué nos iba a haber dejado progresar hasta el momento actual.
El nuevo feminismo es a la vez mojigato y vengativo. Busca un enfrentamiento identitario entre mujeres y hombres. Ellas: buenas, inocentes, víctimas. Ellos: malos, culpables, agresores. Es una visión simplista que falsea la fértil historia de colaboración entre los sexos y envenena la relación entre hombres y mujeres. Y ahora me gustaría añadir algo, que me parece importante: la izquierda se empeña en instrumentalizar el crimen. El dolor privado. Y la violencia de pareja no es un crimen político. No hay una ideología detrás del asesinato o la violación. Sí existen organizaciones que matan a infieles occidentales por el hecho de serlo: los islamistas. También hubo organizaciones que mataron españoles por el hecho de serlo: ETA, Terra Lliure… Sin embargo, no hay una organización de machos que se dedican a matar a mujeres por el hecho de ser mujeres. Insisto. No hay una ideología detrás del asesinato o el maltrato. Lo diré de forma clara en respuesta a las campañas callejeras: hermanas, la derecha no mata mujeres. Y por cierto: la izquierda tampoco.
Le pregunto por el aborto. Álvarez de Toledo defiende la libertad de voto de los diputados en tan espinosa cuestión. Sus opiniones sobre el aborto han variado a lo largo de su vida y ahora es partidaria de que se mantenga la actual ley pero con algunas modificaciones.
Es un asunto delicado, y no solo porque afecta a las convicciones religiosas de mucha gente. Yo soy agnóstica. Sin embargo, como cualquier persona mínimamente sensible, entiendo que existe un difícil debate moral y también científico en torno al aborto. ¿Cuándo debemos reconocer que el embrión es ya un nuevo individuo, una nueva persona, con capacidad de desarrollo y derechos propios? ¿Hasta cuándo, qué semana, es aceptable interrumpir un embarazo? ¿O en qué supuestos concretos? A esto se añade otro tema, del que nadie habla. El impacto de la tecnología. Pronto las mujeres podrán seguir la evolución de su embarazo desde el primer minuto a través de una app en sus móviles. Imagínalo. Todo el día viendo el embrión. Su evolución. Con todo detalle. Los órganos. De pronto, un ojo. Una mano. El hecho de ver, de percibir, tiene una influencia sobre las opiniones colectivas. Pasa con los muertos y las guerras; pasará también con la vida en sus primeras fases… No sé… El aborto no es un debate para dogmáticos. Y por eso creo que los grupos parlamentarios deben dejar libertad de voto en este tipo de asuntos. Que cada diputado o senador vote en conciencia.

Muchas veces, cuando hablo de Cayetana, me preguntan si es tan altiva como parece. Algunas dicen que cae mal a las mujeres. Yo lo achaco a la timidez y a cierta tendencia a la reflexión… Mientras paga (otra cosa buena: es muy generosa) le recuerdo cuándo nos conocimos. Fue durante una de esas entrevistas supuestamente ingeniosas para el verano de 2015. Le comento que me dio un titular magnífico: ‘¿por qué las meonas tienen que tener más legitimidad que las marquesas?’ (en alusión a Águeda Bañón, directora de Comunicación de Ada Colau, famosa por sus performances mingitorias). Pero yo titulé una idiotez.

«¿De verdad vamos a tener que convertir el sexo en un interrogatorio? ¿Lo haces tú: sí, sí, sí?»

Pienso que antes de esa misma entrevista, yo también tenía una imagen distinta de Cayetana. Pero bastó que intercambiáramos un par de frases para que congeniáramos y nos hiciéramos amigas. A mí me gusta estar a su lado. He aprendido de ella. Me ha hecho mejor. Más responsable. Me ha quitado veleidades y pájaros de la cabeza. Quizás esa apelación a la responsabilidad de los ciudadanos es lo que molesta. También a las mujeres. Para ella, los votantes no son niños mimados a los que los políticos están obligados a complacer. «El liberalismo de verdad consiste en entender que la libertad tiene un coste. No hay libertad sin responsabilidad».

Caminando le comento las críticas de Errejón y sus alusiones a su marquesado.
Desde que me reprochan tanto el título me están dando más ganas de usarlo… Nunca me lo había planteado. Errejón me parece un pequeño impostor. Sobre todo, pequeño. Por cierto, nadie le ha preguntado todavía por su asombrosa caída del caballo de camino, en este caso, a Madrid. Cómo, en cuanto le hicieron candidato, dejó de celebrar que «en Venezuela se come tres veces al día».
Hace poco estuviste en Venezuela.
Los venezolanos llevan dos décadas luchando contra una tiranía atroz. Lo increíble es que haya tantos europeos, tantos españoles, que aceptan para Venezuela lo que jamás aceptarían para sí mismos. Me parece una expresión de racismo.

«Las mujeres no merecemos que gobernantas coléricas nos traten como menores de edad»

La verdad es que hace dos años Cayetana nunca hubiera podido imaginar que estaría en esta situación. El 1 de octubre estuvimos juntas en San Julián de Ramis, en Gerona, en el colegio en el que debía votar Puigdemont. Vimos en directo la intervención policial. Nos quedamos anonadadas cuando uno de los agentes cogió delicadamente a un niño que estaba siendo utilizado por su padre como escudo humano mientras le gritaban «sucio», «corrupto». Después una pareja reconoció a Cayetana.

-Tú eres de Madrid, evidentemente. No entiendes nada de lo que pasa aquí. Vete. Ya. Y no vuelvas.

-Que no es de Madrid. Es peor. Es argentina. Y todo argentino es hijo de una puta y un español.

Le pregunto por aquello. Por el acoso por parte de los radicales que sufrió en la campaña. ¿Qué se puede hacer?
Fortalecer el constitucionalismo. Elaborar un gran Libro Blanco con medidas concretas para la recuperación del Estado de Derecho (la ley, la libertad, la democracia, el concepto de ciudadanía) en Cataluña, el País Vasco, Navarra, Baleares, Valencia, Galicia… En todos los territorios donde en estos 40 años hayan avanzado las políticas segregacionistas o identitarias. El nacionalismo es involución. Y España ha de avanzar.
El PP ha salido muy debilitado de las elecciones generales.
La reagrupación del centro-derecha es crucial. Bueno, ni siquiera lo llamaría ya centro-derecha. Es el espacio de la razón: la unión de todos los que compartimos un suelo democrático frente al nacionalismo y la irracionalidad. Ciudadanos y PP tienen que unir fuerzas, sí o sí. Yo lo llevo pidiendo desde hace un par de años ya. ¡Sin ningún éxito! Pero todo se andará. Después de la fragmentación, llegará la reagrupación. Si no es por la cúpula, será por la base. Por el voto.
Para muchos, el gran aliciente de votar a Vox es la batalla cultural. Ya hemos hablado antes de feminismo.
Vox ha querido desafiar la hegemonía cultural de la izquierda. Sin embargo, Vox es un partido nacionalista y todo nacionalismo tiende a la xenofobia. «Franchute, fuera», le dicen a Valls. Y, sobre todo, Vox es un partido de ficciones. Vende fantasías: un Estado unitario, un muro infranqueable… Y a mí no me gusta que me cuenten milongas ni contarlas. Creo que el gran problema de la política es su alejamiento de la verdad. Los políticos tienen miedo a decir la verdad y los ciudadanos compran mentiras bonitas. El resultado es una democracia peor.
Tú escribiste una vez que el populismo es la venganza de la realidad contra lo políticamente correcto.
Creo que lo es, sí. La corrección política es, a la vez, un narcótico, una mordaza y el preludio de una reacción. Yo no acepto sus dogmas y censuras. Reivindico mi libertad: mi derecho a ofender y a ser ofendido. Es decir, a pensar.
¿Franco debe de seguir en el Valle de los Caídos? Por otro lado está la cuestión de cambiar los nombres del callejero.
Un buen amigo, el historiador Felipe Fernández Armesto, escribió una vez que las estatuas son para los pájaros. Creo que tiene razón. El debate sobre el Valle de los Caídos, como el de las estatuas o el callejero, tiene una motivación política, claro: la victoria retroactiva y la estigmatización de la derecha democrática. Pero, además, parte de una premisa errónea, infantil. Los monumentos históricos no reflejan lo que somos, sino lo que fuimos. El Valle de los Caídos es un panteón nacionalcatólico. Fascismo español, sí. Un recordatorio de cómo era España hace pocas décadas y, por tanto, también de su profunda y emocionante transformación. Sobre las calles: como si Manuela Carmena se hubiera dedicado una plaza a sí misma. Yo no la quitaría. Futuras generaciones tendrían ahí un testimonio de lo que llegó a ser Madrid en la segunda década del siglo XXI… Y luego hay otra cosa, para mí la más importante: ninguna tumba se profana; el enfrentamiento no se agita; la Transición no se impugna. El sistema constitucional del 78 es lo mejor que hemos hecho los españoles en 500 años de difícil historia en común. Es la verdadera tercera vía, nuestro monumento a la reconciliación. Defendámoslo.
Lo dijiste en el discurso fundacional de Libres e Iguales: «España es la voluntad empecinada de vivir juntos los distintos». Y pensar que te llaman facha…
Bueno, y a quién no.

Ella es así.

 

 

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