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Chitty La Roche: El mejor de los mejores

Jesucristo, Dios todopoderoso (@JesucristoDi0sTodopoderoso) • Facebook  

 

Cristo es «el mismo perfecto en divinidad y perfecto en humanidad, el mismo verdaderamente Dios y verdaderamente hombre». Concilio de Caledonia (451 d.C.)

 

Nosotros los que nos reclamamos de la fe cristiana, no dudamos en considerar que hay un único Dios y que responde al nombre de Jesús de Nazareth. A diferencia de las distintas religiones, respetamos a los que se presentan como seguidores de otra u otras deidades. El cristianismo comienza asumiendo que la dignidad del ser humano comienza con la libertad de éste y continúa con el principio de alteridad o de otredad.

No es mi intención hacer comparaciones siempre odiosas y capaces de soliviantar al más ecuánime. Las guerras religiosas han sido de las más drásticas, violentas y crueles que ha conocido la historia y siguen siendo un factor beligerante de proporciones absurdas e inhumanas, y el Medio Oriente y numerosos estados africanos están para confirmarlo.

El sencillo propósito de estas letras que aparecen en el contexto de la llamada Semana Santa y precisamente, en uno de sus momentos más cruciales, el viernes día de la muerte del Cristo redentor, es resaltar, aunque no pareciera necesario, la significación de Yeshúa,  para el devenir del ser humano, signado ése,  luego de más de dos mil años, por la huella de sus ilustraciones y de su iglesia que, formada por personas, conoció aciertos y faltas, bondades y malicia, pero en la balanza evidencia su positividad.

La incidencia de las enseñanzas de “nuestro señor,” como le llamamos sus seguidores, ha modelado una civilización, una antropología, una filosofía, una normativa, un cosmos, una manera de ser, pensar, vivir, compartir y aún morir. Ha sido con victorias y derrotas, un referente moral del ser humano, cuyas tendencias, tentaciones y aviesas compulsiones, a ratos comprometen su propia existencia.

Ha constituido además culturalmente, un parámetro que a nuestro juicio ha sido definitivo al impregnar y trascender el concepto, la entidad, el valor del ser humano, de su vida, su dignidad, sus derechos, su alcance como criatura dotada del libre albedrío que no se conoce, por cierto, en otras perspectivas del espíritu y de religión que, a diferencia, coaptan completamente la visión, en detrimento de la pluralidad y así; de lo que debe protegerse. Ya decía y, vuelvo a recordar a ese brillante catedrático español, Agapito Maestre, “Lo común nace de lo diferente.”

Hoy, la digitalización es precedida o mejor, acompañada por la matematización predictiva que avanza ocupando los espacios y ya se habla de algocracia para definir el rol que la IA y el trance tecnológico postula, creando un nuevo mundo institucional que ya más que anunciarse se concreta.

La desespiritualización es uno de los resultados, entre varios más que, forjan una nueva época que ha sido sin embargo hasta ahora ensombrecida, como una contumaz morbosidad, por el uso de una violencia en línea y de todo un aparataje novedoso y maligno que simulan retiran al ser humano del frente de batalla para asesinarse en una increíble y a ratos fantasmagórica guerra electrónica.

Surge una pregunta más, aunque relacionada con una afirmación que hicimos “ex ante.” ¿En esa especie de enorme metaverso y en el que viviremos, despiritualizados, cabe Dios?

Más grave aún, ¿Puede Occidente existir en el frío pragmatismo de las individualidades que el apuro de la diversidad le está imponiendo? Otras civilizaciones tales como el islamismo, las llamo así por cuanto son sociedades teocéntricas que reúnen miles de millones de seres humanos, y/o sistemas políticos que no democráticos ni pluralistas, me refiero claro a Rusia, China o Corea del Norte, tienen en común su naturaleza irrefragablemente totalitaria, además conductas existenciales que fagocitan al homo actualis, sin pudicia alguna.

Con ese entorno agresivo y pleno de potencias depredadoras, debe la construcción asiria, judeo, greco, romano, cristiana mantenerse sin dejar de ser. La centrífuga de los tiempos la ha cambiado y quizás, deformado. Hace un siglo Spengler ya hablaba de la decadencia de ese modelo de vida y pensamiento que desde Europa se irradia a America y es todavía, un referente cultural y antropológico. La apuesta es riesgosa.

No obstante, aún contamos con un avío que nos permite creer que, como diría Toynbee, será Occidente en sus multiplicidades, capaz de superar el “tour de force” que se le presenta. Se trata de Jesús y su energía afectiva y espiritual, basada en los más hermosos sentimientos de que dispone el ser humano para encarar la borrasca; el amor y la caridad, la libertad y la otredad, la fe y la esperanza.

Occidente es cristianismo y a pesar de los hombres que lo dirigen, tiene un fondo empapado de su esencia y un resorte moral está también allí. Jesús en su humildad, su sencillez y su bondad es el mejor piloto para el vuelo de la sinrazón en curso. ¡Bendito sea Dios!

 

Nelson Chitty La Roche, nchittylaroche@gmail.com, @nchittylaroche

 

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