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Cómo Uruguay, incrustado entre Brasil y Argentina, ha evitado lo peor del coronavirus

La fecha no pasó desapercibida para los uruguayos.

Tras ver al nuevo coronavirus emerger en China y propagarse por Europa, el país confirmó sus primeros cuatro casos un viernes 13, una fecha aparentemente de mal agüero para una enfermedad que en poco tiempo azotaría a toda América Latina.

Sin embargo, en las semanas y meses siguientes a ese 13 de marzo, cuando se hizo el diagnóstico a cuatro viajeros provenientes de Europa, la nación de 3.4 millones de habitantes mantendría el virus a raya. Encajado entre Brasil, país con el segundo peor brote del mundo, y Argentina, cuyas infecciones van en aumento, Uruguay ha reportado apenas 1,064 casos y 33 fallecidos, cifras inusualmente bajas para un país en América Latina con pruebas generalizadas.

En junio, se convirtió en el primer país de la región en prácticamente reabrir todas las escuelas públicas. Será el único país de América Latina del cual la Unión Europea aceptará visitas.

Autoridades y analistas le dan el crédito del relativo éxito del país a un liderazgo estable y unido, un sistema de salud nacional robusto y una cuarentena voluntaria pero generalizada.

“Se envió un mensaje al pueblo uruguayo apelando a esa libertad responsable que era el ‘quédate en casa’”, afirmó el reconocido gastroenterólogo de Montevideo Henry Cohen, quien forma parte de un comité de científicos que asesora al gobierno durante la pandemia.

El cercano Paraguay ha tenido un éxito similar contra el coronavirus, reportando 3,748 casos y 33 fallecidos. En contraste, el vecino Brasil ha registrado más de dos millones de casos y 80,000 muertes, siendo el segundo lugar en el mundo en ambas cifras, solo por detrás de Estados Unidos. Argentina, con menos densidad de población, ha confirmado tener cinco veces más casos per cápita que Paraguay, y ocho veces más que Uruguay.

Guillermo Sequera, director general de Vigilancia de la Salud del Ministerio de Salud Pública de Paraguay, afirma que el denominador común de los países que han tenido éxito contra el coronavirus es la acción temprana y enérgica, y un énfasis en obtener y mantener la confianza de la población.

El presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, quien asumió el cargo dos semanas antes de que el país confirmara sus primeros casos, cerró las fronteras, las escuelas y los espacios públicos, y le pidió a la población que entrara en cuarentena. A los uruguayos de 65 años en adelante se les exigió cumplir con la cuarentena.

Los líderes y autoridades de salud pública del país habían visto cómo se había desarrollado la pandemia en Asia y Europa y tuvieron tiempo para prepararse, afirmó Cohen. Los políticos pusieron de lado sus diferencias y le dieron el control de la respuesta del país a los científicos, lo que ayudó a generar la confianza pública.

“Desde el 13 de marzo hasta fines de abril, la clase política de Uruguay cerró filas”, dijo Daniel Chasquetti, politólogo y profesor de la Universidad de la República

El país ha comenzado a reactivarse de forma cuidadosa. Las fronteras continúan cerradas para prácticamente todos los extranjeros. Sin embargo, el gobierno ha permitido que bares, restaurantes y hoteles retomen sus operaciones, guiados por la aplicación cuidadosa de pruebas.

“Lo que veo en la gente es que hay tranquilidad, serenidad, seguridad y confianza en este momento”, afirmó Blanca Rodríguez, veterana presentadora de noticias televisivas. “Y eso la gente no lo quiere perder”.

Un grupo de casos en la ciudad de Rivera, en la frontera brasileña, y uno más reciente en la capital, Montevideo, les ha recordado a los uruguayos la necesidad de mantenerse alerta.

“Al igual que en el fútbol, el partido no terminó, todavía estamos peleando”, afirmó Cohen. “Estamos jugando bien, podemos ganarlo, pero no podemos olvidarnos de las precauciones que tenemos que tomar”.

En Paraguay, donde también han empezado a reactivarse, Sequera advierte sobre los riesgos de que la gente se canse de practicar el distanciamiento social. El país ha registrado un brote en una cárcel en Ciudad del Este, en la frontera con Brasil.

“Poco a poco las cosas se están poniendo más duras”, dijo. “Si vemos los números los últimos, sí hay un aumento progresivo, pero no explosivo».

 

 

 

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