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Contra Cervantes

¿Cómo puede ser acusado de defender la esclavitud un autor cuyo tema central y obsesivo es la libertad?

Tengo que contarles lo que me ha pasado esta mañana. Estaba yo escribiendo mi columna, mi «urraca», muy contento y ufano, la he terminado, se la he dado a leer a mi mujer y me ha dicho que si estaba loco, que no se me ocurriera enviarla. Mi columna se titulaba «Contra Cervantes» y decía que Cervantes era un racista, un defensor de la esclavitud y un machista, y que había que borrar su nombre de la literatura española, dejar de enseñarlo en colegios y universidades y retirar y destruir sus estatuas.

«Estás loco», me decía mi mujer, «lo van a tomar al pie de la letra, vas a empezar una guerra». «Pero hombre», decía yo, «¡si es totalmente de coña! ¿Quién se va a tomar eso en serio?». «Todo el mundo», me ha dicho mi mujer, «¿no ves que es precisamente lo que están haciendo con todas las figuras históricas? Les vas a dar unos argumentos que no tenían». «Pero si Cervantes es exactamente lo contrario», le he dicho yo. «¿Cómo se puede decir que es misógino el creador de Marcela, de Dorotea, de Zoraida, de Galatea, de la española inglesa, de la ilustre fregona, ejemplos de mujeres íntegras, inteligentes, valientes, independientes, admirables? ¿Cómo puede ser machista el autor del discurso de Marcela y del soneto de La Galatea donde dice «libre soy y en libertad me fundo»? ¿Cómo puede ser acusado de defender la esclavitud un autor cuyo tema central y obsesivo es la libertad, el creador de Don Quijote, que se pasa la vida liberando cautivos? ¿Cómo puede ser racista el creador del morisco Ricote?». «Sí, pero tú en tu artículo dices exactamente lo contrario». «Claro», digo yo, «he escogido dos o tres frases sueltas de toda la inmensa obra de Cervantes y que responden simplemente al espíritu de la época. De ese modo uno puede destruir cualquier cosa: a Aristóteles, a Shakespeare, a San Pablo…». «Claro», me dice mi mujer, «y es lo que quieren hacer, es lo que están haciendo. Destruirlo todo para ponerse ellos». Pensando que seguramente mi mujer tenía razón, decido archivar cuidadosamente mi artículo.

 

 

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