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Cristina Peri Rossi: «Cuando se fue el médico llegó el Cervantes»

La autora hispano-uruguaya, «una de las grandes vocaciones literarias de nuestro tiempo» es la sexta mujer en conseguir el galardón

A dos días de cumplir los 80 años, edad distinguida desde la que las carreras literarias ya se pueden contemplar en toda su inmensidad, Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941) recibió un inesperado regalo de aniversario: un premio Cervantes que, en palabras del jurado, viene a reconocer «la trayectoria de una de las grandes vocaciones literarias de nuestro tiempo y la envergadura de una escritora capaz de plasmar su talento en una pluralidad de géneros».

«Su obra, puente entre Iberoamérica y España, ha de quedar como recordatorio perpetuo del exilio y las tragedias políticas del siglo XX», destacó ayer el jurado en su fallo. A Peri Rossi la podrían haber premiado por, como señaló en una ocasión Elena Poniatowska, «ser la autora que corre más riesgos sin tener red debajo», pero el veredicto prefirió subrayar «el valor de la palabra como expresión de un compromiso con temas claves de la conversación contemporánea como la condición de la mujer y la sexualidad».

La escritora, de salud delicada y aquejada de un broncoespasmo, recibió la noticia en su piso de Barcelona, desde donde manifestó su alegría por un galardón que sigue estrechando lazos con la poesía después de haber premiado a Joan Margarit y Francisco Brines. «En el momento que se fue el médico llegó el Cervantes», bromeó tras atender la llamada del ministro de Cultura, Miquel Iceta, quien escogió un fragmento del poema ‘Mi casa es la escritura’ para anunciar el galardón.

Y es que Peri Rossi, la sexta mujer que gana el Cervantes, siempre ha hecho de la poesía el centro de gravedad de una carrera con ramificaciones y desvíos hacia el relato, la crítica y el ensayo. A la novela, recuerda con guasa, solo se acerca cuando no le queda más remedio y la propia historia se lo exige, como le ocurrió con ‘Todo lo que no te pude decir’.

La poesía, defiende Peri Rossi, tiene la virtud de hacer el dolor menos doloroso, y si de algo anda sobrada la vida de la escritora uruguaya es de penas y cicatrices: verso libre de la literatura, la autora de ‘Los museos abandonados’ llegó en 1972 a esa Barcelona que hacía ‘boom’ huyendo de las turbulencias políticas y militares de Uruguay y sólo un año después, en 1973, vio cómo la dictadura militar intentaba despojarla de su primera identidad declarándola apátrida. Su obra fue prohibida y su nombre desapareció de los medios de comunicación como por arte de ensalmo.

Con los años, recordaba en una entrevista reciente, la deriva política de esa Cataluña en la que aterrizó en los setenta la devolvió a la ‘soledad del exilio‘. «Estos años en Cataluña han sido muy, muy dolorosos, muy tristes. Han frustrado por completo mi deseo de vivir una vejez serena y amable, devolviéndome hasta cierto punto a la soledad del exilio», lamentaba durante la promoción de ‘La insumisa’, una suerte de autobiografía de infancia publicada en 2020.

Catedrática rebelde

Mucho antes de eso, y quién sabe si en un intento por comprender a fondo los misterios del ser humano, Peri Rossi ya había brincado de los estudios de Biología a los de Literatura Contemporánea, y había empezado a escribir y a dar clases en la universidad. Siendo catedrática se ganó el apodo de ‘rimbaucito’ por, dicen, su carácter transgresor y su vocación revolucionaria, algo de lo que hizo bandera desde que a los siete años anunció, solemne, que sería escritora.

En 1963 llegó ‘Viviendo’, su primer libro de relatos pero fue a finales de los sesenta cuando la Peri Rossi escritora despegó de la mano de ‘Los museos abandonados’, ‘El libro de mis primos’ y el poemario ‘Evohé’. Los setenta trajeron el exilio y los primeros (grandes) quiebros amorosos, fracturas de las que, por aquello de hacer el dolor menos doloroso, se alimentaría todo lo que estaba por venir, maniobrando siempre entre la ironía y la irreverencia; entre la ternura y la empatía. Incómoda por naturaleza, la España franquista de los setenta tampoco le sirvió de acomodo por lo que, una vez, volvió a exiliarse, esta vez a París. Fue ahí donde coincidió con Julio Cortázar con quien, tal y como ha dejado escrito, tuvo una «relación intensa, íntima, inolvidable e irrepetible».

 

Cristina Peri Rossi y Julio Cortázar

 

Una amistad fenomenal que se tradujo en los quince ‘Poemas para Cris’ del argentino y que, años después, alumbraría ‘Julio Cortázar y Cris’, crónica de una ‘amistad amorosa irrepetible’ con la que Peri Rossi se estrenó en lo que hoy llamaríamos ‘autoficción‘. «Cortázar fue el más innovador, original y rupturista de todos»,celebraba entonces. No extraña que, en un día como el de ayer, la hispano-uruguaya tuviese un especial recuerdo para el autor de ‘Historia de cronopios y famas’, alguien que, recordó, nunca recibió ningún premio.

Quebraderos de cabeza

De vuelta a la Barcelona de finales de los setenta, empezó a colaborar con la revista ‘Triunfo’ y con infinidad de medios de comunicación. Fueron, en cierto modo, sus años de vino y rosas, con poemarios como ‘Diáspora‘ y novelas como ‘La nave de los locos’. La escritora, pionera a la hora de tratar y entrelazar temas como el erotismo, la amistad, el feminismo y la identidad, siempre ha hecho bandera de la transgresión y la libertad más radical, algo que se ha traducido en incontables y variados quebraderos de cabeza.

«Me han echado de casi todos lados: de mi país por luchar contra la dictadura; de España, por luchar contra el franquismo; Carmen Balcells, porque no quise estar en el armario cuando nadie publicaba un poema no heterosexual; de la Autónoma de Barcelona por dar las clases en castellano y de TV3 y Catalunya Radio, por lo mismo», recordaba en una entrevista reciente. Su activismo político y su rechazo a la deriva nacionalista que se vivía en Cataluña la llevaron a apoyar a UPyD en 2014. En los últimos tiempos, y pese al reconocimiento de galardones como el Loewe de Poesía, el Iberoamericano de Letras José Donoso o el Vargas Llosa de Relatos, su nombre había quedado un tanto desconectado de la actualidad literaria española y sus obras había que ir a buscarlas a Menoscuarto, una pequeña editorial palentina en la que ayer cayó el Gordo.

Casi en paralelo, su nombre no ha hecho más que cotizar al alza en Latinoamérica, donde su manera de abordar el género y la identidad la han convertido en referente de una nueva generación de autoras. «Junta mis dos mundos: América Latina con España. Por fin consigo en la vida algo que he buscado siempre, que es que no haya división, que haya amor y comprensión», celebraba ayer en declaraciones a RNE tras saberse ganadora.

Dos mundos para alimentar una única obra y llevar a lo más alto del podio la honestidad brutal de quien se declara insumisa ante las injusticias, las humillaciones y las desigualdades.

 

 

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