Cuando el fin sí justifica los medios
Sánchez ha traicionado sus promesas, se ha aliado con el diablo, ha dividido a los ciudadanos y carece de mayoría parlamentaria
La cita de que el fin justifica los medios se atribuye a Maquiavelo. Pero nunca dijo literalmente esa frase. Lo que afirmó es que un gobernante tiene en ocasiones que superar los límites morales para preservar el Estado y mantener el orden. «Cuando el resultado es bueno, siempre será juzgado como honorable», escribió.
La forma de actuar de Pedro Sánchez concuerda mucho con la filosofía maquiavélica. El presidente justifica abusos, errores y corruptelas por la necesidad de seguir gobernando para cerrar el paso a la derecha. Hasta el punto de que ha traicionado muchos de los ideales de la izquierda para mantenerse en el poder.
Resulta comprensible que gobernar supone un cierto grado de pragmatismo y que hay que responder ante acontecimientos que apenas dejan margen para la ideología. La política es el arte de lo posible, ciertamente. Y los medios son siempre limitados para afrontar los retos.
La mayor crítica que se le puede hacer a Sánchez es haber llegado a tal nivel de pragmatismo que han desaparecido todos los principios que proclamó al llegar al poder. En su discurso en la moción de censura contra Rajoy, aseguró dos cosas. La primera es que su primer objetivo era la regeneración ética de la política. Y la segunda, que convocaría de inmediato elecciones. No cumplió ninguna.
Incapaz de la menor autocrítica, Sánchez ha traicionado sus promesas, se ha aliado con el diablo para gobernar, ha dividido a los ciudadanos y carece de mayoría parlamentaria. El encarcelamiento de Ábalos es el último golpe a su credibilidad. Pero insiste en que agotará la legislatura pase lo que pase. Demuestra que es un perfecto discípulo de Maquiavelo.
Siguiendo el perfil del príncipe trazado por el pensador de Florencia, el presidente se acomoda a las circunstancias, no se deja amedrentar por sus enemigos, echa la culpa de sus errores a los demás y tiene una estrategia definida. Lo que Maquiavelo llamaba la ‘virtù’, la capacidad para actuar con decisión y aprovechar el momento adecuado.
Maquiavelo subrayaba que la política está regida por la fortuna, por lo imprevisible. Ningún gobernante puede prever el futuro, pero sí reaccionar con inteligencia para utilizar las catástrofes y los contratiempos para reforzar su poder. Esto lo ha hecho Sánchez de forma magistral.
Fue nombrado presidente del Gobierno para unos meses de transición y lleva más de siete años en La Moncloa. Todo indica que no abandonará su puesto por muchos escándalos que le rodeen. Sánchez es un hombre complejo, excepcional por sus métodos y dotado de un gran instinto de supervivencia. Lo que resulta más inquietante en su forma de gobernar es la falta de principios éticos que le hace especialmente peligroso y temible para sus adversarios. El fin sí justifica los medios para él y los que le apoyan.
