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Cuba: la manipulación oficial del índice de pobreza

Según estimados indirectos, entre el 40 y el 51% de la población cubana vive en la pobreza.

Cuba es el único país de las Américas que no publica el índice de pobreza. Tampoco publica el índice de desigualdad GINI o de Palma.  No podremos encontrar en sus cifras oficiales publicadas por la ONEI, el salario mínimo, ni tampoco el costo de la canasta básica.

En febrero del 2019, el Gobierno cubano difundió en el portal de la CEPAL, un informe sobre el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible hasta el 2030  en el país. En él declaró que sólo el 6,8% de toda la población y el 4,6% de la población en las ciudades estaba en «precariedad».

La falsedad de estas cifras se debe a tres manipulaciones de los indicadores:

  1. El indicador de pobreza desaparece del informe y aparece «la pobreza extrema», sin definirse, es decir, la población que no tiene acceso a más de tres indicadores de la pobreza multifactorial. En el informe no aparece la definición de pobreza y su diferencia con la pobreza extrema para ocultar la manipulación de las cifras.
  2. El Gobierno cubano desecha el estándar internacional de medir la pobreza por los ingresos monetarios (1.90 dólares de ingreso diario), y dice que no procede en el caso cubano por los derechos a la salud y educación, la cultura y el deporte subsidiados. Una decisión que contradice los estándares internacionales: salvo Cuba, ningún gobierno desecha este indicador como medida de pobreza.
  3. El Gobierno cubano informa los ingresos per cápitas anuales del PIB en dólares y no en pesos cubanos. Con la distorsión monetaria y cambiaria en el país que obliga al consumidor a comprar un similar al dólar, el CUC, por 25 pesos cubanos (CUP), el real ingreso promedio per cápita estaría en 627 CUP al mes que al cambio actual son 25 dólares y algunos centavos. Luego entonces, el per cápita anunciado por el Gobierno de 7.524 dólares anuales promedio en el citado informe, se reduciría al per cápita real de 300 dólares anuales y 96 centavos.

Esta distorsión de cifras publicadas coloca en entredicho el Índice de Desarrollo Humano, que en el informe gubernamental se anuncia en el puesto 73 de 193 países, cuando en realidad es el último de los 193 países por ingreso promedio anual per cápita (PPA). Comparte el puesto 194 por ingreso per cápita (PPA) con la República Democrática del Congo.

Otros indicadores de pobreza multifactorial están distorsionados en el informe:

Con relación a la vivienda, el propio Estado ha publicado que el 40% de las existentes necesita reparación importante. El citado informe gubernamental solo se refiere a las viviendas con pisos de tierra y sin techo adecuado, pero no recoge el grave problema acumulado de las viviendas en Cuba.

Según cifras oficiales más de un millón de personas carecería de vivienda, cifra que varía sistemáticamente evidenciando el desconocimiento gubernamental del problema real de la vivienda en Cuba. Desde 2014 se está haciendo el levantamiento del catastro nacional, pero aún no se ha publicado sus resultados. Según información de marzo de 2020, el conocimiento de las viviendas en zonas urbanas no ha concluido y el levantamiento de las viviendas en zonas rurales se hizo en 1992.

Con relación a la salud, el informe no señala la pésima infraestructura de los hospitales, la ausencia de especialistas médicos por enviarlos a misiones en el exterior, la escasez de insumos médicos, y la ausencia de medicamentos esenciales de manera intermitente, además de la falta crónica de ambulancias, haciendo este derecho, muy precario para la mayoría de la población.

Con relación al agua potable, en 2015 la directora del Ministerio de Recursos Hidráulicos declaró que el 50% del agua bombeada por el sistema nacional hidráulico se perdía por roturas de las tuberías. Este dato no aparece en las evaluaciones recientes hechas por este ministerio.

Por otra parte, el agua no es potable en Cuba según los estándares internacionales, necesita de purificación por cocción y/o filtros químicos. Según datos oficiales, en 2018 solo el 13% de la población recibía agua las 24 horas. El resto lo recibe días alternos, algunas horas o por servicio de camiones cisternas (pipas).

En el sitio oficial del Instituto de Recursos Hidráulicos de Cuba, solo aparecen datos de 2014 sobre la infraestructura hidráulica de servicio a la población. Según esos datos, solo el 16% de la población cubana tiene acceso fácil al agua, a pesar de tener el 74,4% conexión al sistema hidráulico en sus viviendas.

Con relación a los salarios, otro indicador importante a medir bajo el análisis de la pobreza, el salario mínimo en Cuba, es de 16 dólares mensuales, el más bajo de Latinoamérica, solo inferior en Venezuela con 3 dólares mensuales.

La ONEI no publica el monto de trabajadores cubanos que reciben el salario mínimo estatal. Si una parte de los sectores presupuestados como educación, funcionarios gubernamentales, salud y dirigentes del partido, aumentaron sus salarios con la reforma salarial de julio del 2019, otros sectores de trabajadores estatales vieron descender sus salarios por el costo creciente de la canasta básica familiar: «Es el caso de las relacionadas con la pesca, agricultura, ganadería, silvicultura y otros renglones del comercio y los servicios».

Pese a los aumentos nominales de salarios en los últimos 30 años, especialistas como el profesor Carmelo Mesa Lago han reiterado que los salarios en Cuba no han logrado el poder adquisitivo que tenían en el 1989, año precrisis. Según este especialista el salario real ajustado a la inflación de 2019, solo representa el 46% del salario real de 1989.

Por otra parte, según cifras de la ONEI, el 35,6% de la población en edad laboral no tiene empleo o está desocupada. Este gran porciento de personas aptas para trabajar que no tienen empleo, refleja la ausencia de estímulos para hacerlo por los bajos salarios.

Se ha anunciado una gran reforma salarial en días recientes, sin embargo la propuesta aún no aplicada, no tiene en cuenta la dolarización de los productos alimenticios y de aseo desde finales de julio de este año en el país, mediante tarjetas magnéticas con depósitos desde el extranjero.

Las tiendas de alimentos en pesos cubanos están desabastecidas y la producción agropecuaria fuertemente deprimida por los problemas estructurales de las políticas agropecuarias y por la pandemia del coronavirus. Eso coloca a la población en una situación de mayor precariedad, pues el consumo está dividido entre los que reciben remesas y los cubanos que no la reciben.

La valoración de las remesas que llegan a Cuba, tienen muchas estimaciones diferentes y no hay cifras oficiales, sin embargo, la Encuesta Nacional de Migración efectuada en el 2016 y 2017, arroja que solo el 38% de la población cubana tiene familiares en el exterior, de manera temporal o permanente, y entre ellos no todos envían de manera permanente remesas al país de origen.

Frente a la ausencia de oferta de alimentos producidos en el país resultado de las políticas erradas en el campo cubano, la reforma anunciada de salarios podría diluirse en una espiral inflacionaria de precios que mantendría muy bajo el poder adquisitivo de los nuevos aumentos anunciados.

Tampoco la importación de alimentos parece ser posible para eliminar la escasez de alimentos pues la pandemia de Covid-19, ha disminuido de manera drástica el ingreso del turismo, las remesas y la venta de servicios médicos al exterior que son los tres renglones fundamentales de ingreso de divisas al país.

El ingreso monetario, fundamental índice para establecer el nivel de pobreza según los estándares internacionales, el Gobierno cubano lo desecha. El índice de pobreza multifactorial, con la carencia de tres indicadores, como las condiciones de vivienda, acceso a agua potable, y acceso precario a la alimentación, demuestra que los valores analizados en el Informe gubernamental de 2019 se refieren a «la pobreza extrema» y dejan ocultos los valores reales de la pobreza en Cuba.

Según estimados indirectos, porque no hay cifras oficiales, algunos economistas cubanos han establecido un rango entre el 40 y el 51% de pobreza en el país.

Por otra parte, el Índice de Desarrollo Humano, en el indicador de ingreso per cápita anual promedio, no se corresponde a la realidad de este indicador en el país pues el Gobierno cubano lo informa en dólares, y la distorsión cambiaria y monetaria en Cuba, lo reduce 25 veces para los consumidores. El ajuste de dólar a pesos cubanos haría descender el Índice de desarrollo humano para Cuba, del puesto 73 a los últimos lugares entre los países del mundo.

Es imperativo que el Gobierno cubano publique el índice de pobreza y el índice de desigualdad social. Sin estos imprescindibles indicadores no podrá elaborarse políticas públicas hoy ausentes, para disminuir y erradicar la mayoritaria pobreza en Cuba; pobreza que incluye varios derechos sociales muy precarios en el país: el derecho a una alimentación adecuada, el derecho a una vivienda digna, el derecho de acceso al agua potable, el derecho a una asistencia médica de calidad, el derecho a pensiones y asistencia social que permita una existencia digna, y el derecho a un salario decente, según los parámetros internacionales de la ONU.

 

 

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